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El Gobierno central y el Ministerio de Salud han hecho una excelente faena para combatir el Covid-19. Pareciera que limitar los centros comerciales, centros de comida, casinos, discotecas y bares al 50% no es tan bueno, aunque procure tutelar a medias el bien jurídico del comercio para que no quiebren y los trabajadores tengan sustento para sus familias, pero no se puede quedar bien con los dos. Para tal efecto se debiera por esencial tutelar el bien jurídico de la salud y la vida de los habitantes.
En ciertos países como Canadá, que aún no tienen muchos contagios y registran pocas muertes, todos los centros de comidas, restaurantes, cafeterías, por orden gubernamental estricta, solo permiten para llevar. Los hospitales, centros de salud, cárceles, templos, iglesias y otros debieran prohibir la entrada de visitantes.
La cuarentena domiciliaria es buena, pero difícil de controlar, aparte de que si resulta positivo contagiará a sus familiares y estos a otros. Desde ya se deberían acondicionar albergues independientes para casos sospechosos, para contagiados y otro para casos serios, pero de ninguna manera atenderlos en los hospitales o clínicas de salud.
El gobierno ha prohibido la exportación de mascarillas, pero debiera limitar la cantidad de venta local por persona y sancionar la especulación. Las corrientes son buenas, pero la N-noventa es una de las mejores. En Nueva York hay negocios que venden estas mascarillas a más de $400 la caja de 20, que en la vida normal valían $40.
Decenas de miles de trabajadores quedarán sin trabajo o parcial. En gran medida sus hijos no tendrán dinero para comer y otros por un par de meses, otros por varias semanas. Entiendo que los decretos gubernamentales han dado beneficios tributarios, sin embargo no han contemplado a quienes perdieron sus trabajos o tienen salarios limitados.
El Estado está facultado por la Ley Nacional de Emergencias y Prevención del Riesgo No.8488, aparte que está previsto en el Código de Trabajo de urgencia dar subsidios. En El Salvador desde el 10 de marzo, cuando no tenía ningún contagio, se decretó emergencia nacional, a pesar de la oposición de la Asamblea Nacional.
Hombre prevenido vale por dos. Le ha dado resultados. Costa Rica debería establecer la alerta roja, en lugar de la verde. En casos excepcionales, donde están de por medio la salud y la vida, no se debería ser tan legalista.
Aparte de la gran calamidad en China, países del primer mundo como Italia, España, Estados Unidos, Francia y Alemania, pareciera que sus estrategias han fallado, además de no adelantarse al virus esperando que llegara.
Merece especial reconocimiento Corea del Sur, donde bajo el liderazgo del presidente Moon Jae-In los resultados son halagüeños. Igual con el gobierno de Costa Rica.
Hace 2.500 años Confucio dijo: “El hombre que mueve montañas empieza moviendo piedrecitas”.
*Abogado y exembajador de Costa Rica en Corea del Sur y Tailandia