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Al final del 9 de marzo 2014 el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ganó de milagro, pero su contrincante exigió recontar votos o anular la elección salvadoreña, que fue bastante limpia, muy bien organizada y demasiado tranquila para la protesta desatada dentro del partido Arena (Alianza Republicana Nacionalista) y entre muchos de sus correligionarios. Al final de la primera vuelta, hace un mes, nadie dijo nada. Pero durante más de quince días, Arena reclamó sin base legal, apeló al empate técnico y publicitó la inédita e increíble remontada de votos, cuando nadie le daba nada a la derecha, luego de la aplastante victoria del FMLN en primera vuelta, el 2 de febrero.
Sin duda, el FMLN dejó muchas cosas en medio del terreno de juego y, al final del segundo tiempo llegó su ansiado gol del triunfo (50% más 6300 votos) que se discutió en la calle, en el Tribunal Electoral y, a media semana pasada, finalmente dirimido por la Corte Suprema y la Sala Constitucional. La cuestión a resolver, pues, era más ajustada de lo que fue el virtual empate entre Óscar Arias y Ottón Solís en 2006, por más de 11 mil votos.
Repasemos lo que dejó de cubrir el FMLN en el terreno de juego. En primer lugar, se le fue de las manos la amplia ventaja que consiguieron el 2 de febrero. Un mes antes, el Frente goleó a Arena en primera vuelta. En fútbol es pecado de lesa flojera terminar el primer tiempo con cuatro goles de ventaja, y que al final del segundo el adversario haya empatado y casi ganado. El FMLN mete su gol en el último minuto, y Arena casi lo tapa en la línea y dentro de la propia meta. Pero la FIFA no perdona, respeta la decisión del árbitro como lo mandan, tal cual, los artículos 86 y el 208 de la Constitución Política de El Salvador.
En segundo lugar, el Frente perdió la oportunidad de ampliar el marcador y, más que eso, de darle seguridad a la defensa. El ataque no funcionó y descuidaron los cambios. En el segundo tiempo, Arena metió jugadores de refresco; algunos exmilitantes y exdirigentes del Frente transmitían la impresión de que Arena estaba más dispuesto a enfrentarse con el mero Frente, sin miedo. Perdió también la vocería en medio de una campaña muy agresiva, no solo “del miedo”, sino con cambios tácticos en el enfoque de la seguridad, que tanto dañó a Arena y que el Frente tanto criticó en el primer tiempo. Al parecer, a Arena le funcionó “usar el dolor de Venezuela” en jugada de táctica fija al espíritu de su juventud y de su gente; y la jugó efectivamente.
Como le pasa a algunos de los grandes equipos de hoy, el FMLN se acomodó en medio terreno, sin delanteros con olfato de gol; más bien jugó con los “jugadores de siempre” lo que le funcionó al inicio pero,en segunda vuelta, no logró contrarrestar el grueso apoyo de la poderosa empresa privada – financiera, mediática, comercial e industrial – que fue al “todo o nada” por Arena.
Arena estudió a su rival más inmediato (el presidente Funes), lo acosó en su propio patio y lo marcó “cuerpo a cuerpo”, de estampilla. Aprovechó el empacho con la pelota en la cancha presidencial. “No la suelta”, le gritaron desde gradería. Esto empañó el “buen toque” del Frente, que en el segundo tiempo no cuajó porque le plantaron un cerrojo preventivo. Arena dio pruebas de conocer a los suyos, los alertó y alentó a quienes en el primer tiempo no votaron por “la fórmula”, reconociendo que aunque no era lo mejor, les alertaron que es “hoy o nunca”. “Si NO votás, NO jodás” gritaron a la masa de votantes e indecisos desde la gradería del estadio electoral. Arena sumó a casi todos los votantes de UNIDAD -derecha disidente -, con lo que empató y, al final, tal vez le faltó tiempo para vencer.
En medio tiempo, nadie se retira. La contienda demostró que nadie puede retirarse antes del resultado final, ni “tirar la toalla” a mitad del partido, aunque se sienta entre el segundo o quinto lugar, que en El Salvador, es un gesto de desconfianza a sus partidarios y simpatizantes, como recién sucedió en Costa Rica con el candidato oficialista.
Al Frente le urge incrementar las reservas de humildad y de tesón entre su gente. La tenacidad y el valor son dos elementos indispensables para defender el marcador con esa defensa, tan fiel y leal al Frente, que es su gente del pueblo, cuando no funcionan otras líneas. A Arena le hace mucha falta soltar amarras y confiar en su gente. También debe recordar que ni las fuerzas armadas, ni la policía son más el “árbitro comprador”, como fue antes, ni hoy tampoco son el “cuarto árbitro”, tal como lo registran las elecciones a partir del Acuerdo de Paz que, por Dios, terminó con la guerra espantosa que deshizo a El Salvador.
Al final, recuerdo la historieta común y corriente del “dueño de la pelota” en canchas improvisadas. Quien pone el balón en los juegos furtivos -le decimos “mascon” en El Salvador, y “mejenga” en Costa Rica- tiene la patente de terminar el partido de calle, cuando no le parece la decisión del árbitro, cuando le da la gana salirse, o cuando está cansado. El “mascón o la mejenga se termina cuando quiero”, alega su gol cuando le conviene, y no hay FIFA que valga. Y eso fue lo que pasó con Arena ante la ajustada victoria del FMLN en El Salvador.
Al dueño de la pelota -y quienes se creyeron también dueños del país- les pasa lo mismo: se consideran la estrella del espectáculo y el verdadero protagonista de la cancha. Cuando no es el resultado a su favor, como alegó Arena, es cansancio, o ganas de ir a otra cancha a jugar con quienes le toleran cualquier alegato con tal que no se lleve la pelota. Con los brazos extendidos a la democracia salvadoreña, y como en el fútbol, todo comienza por la educación y en la escuela que es el “santuario del voto” y “el techo de los derechos humanos” que asegura sostener la democracia, sin que se caiga, ni se ponga en riesgo cuando hay “victoria ajustada” como bien lo hizo Costa Rica.
*Abogado salvadoreño, exdirector del Instituto Interamericano de Derechos humanos.