Agarró los bolados de su abuelo

Vida y milagros de Michael Barrantes   Sentados en un sillón de su casa en Cristo Rey, San José, don Roberto repasó parte de la infancia de Michael. Más que su abuelo fue como su papá y consejero. En su hogar recibió a su hija Maribel con el pequeño Michael y su hermano Roberto, al separarse de su padre.

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Cristo Rey, San José.- Hay un responsable de que el volante Michael Barrantes haya llegado a primera división y que hoy esté en el fútbol internacional y a las puertas de jugar su primer mundial mayor: su abuelo materno Roberto Rojas.

 

Sentados en un sillón de su casa en Cristo Rey, San José, don Roberto repasó parte de la infancia de Michael. Más que su abuelo fue como su papá y consejero. En su hogar recibió a su hija Maribel con el pequeño Michael y su hermano Roberto, al separarse de su padre.

 

“Fue un muchacho que terminé de criar. De muy pequeño el papá dejó a mi hija. Yo trabajaba con él (su padre) en la Numar, era su jefe. Un día me dice mi esposa que Maribel (mamá de Michael) se iba a venir para acá porque se dejó de Giovanni”, comentó don Roberto, orgulloso por compartir con su nieto el amor por el fútbol.

 

Esos genes Michael los sacó de él y en la calle del barrio se ponían a mejenguear. Fue ahí donde empezó a encaminar con sabios consejos a su nieto, pues en su juventud don Roberto jugó de forma amateur en reservas y segunda división.

 

“En Barrio México jugaba con \\\’Chinimba\\\’ Rojas, Juan Gutiérrez y los Hernández; era de los que llegaban de buena mañana y me quedaba todo el día, era un fiebre. Eso del fútbol lo trae por parte mía”, agregó.

 

Un día un tal “Nano” vio jugar a Michael y le notó condiciones, por eso se lo llevó para las divisiones menores de la Liga. En un torneo de Panamá el volante zurdo se destacó. Pero “Kike” Vásquez consideró que no tenía grandes condiciones para estar en el club rojinegro.

 

Ese fue un duro golpe para Michael, quien desilusionado por el fútbol se fue a trabajar con 15 años a una venta de repuestos de la familia llamada San Martín, en avenida 10.

 

Su abuelo permaneció a su lado y le hablaba al oído para que no se desanimara, entonces se pasó a la disciplina de fútbol sala, sin sospechar en ese momento que sería el impulso para llegar a la división de honor.

 

Militó con Barrio Peralta, Fuerza y Luz y la Selección Nacional en la cancha reducida.

 

“Se sentía acabado en el fútbol, le decía que tranquilo, le hablaba que no se aburriera y siguió adelante”, recordó. El exjugador Hugo Madrigal lo invitó a ir a San Ramón, donde jugaba, para que el veterano técnico Orlando De León le hiciera una prueba. Michael mostró su inteligencia en el campo de juego y se quedó.

 

“Conocía a los Madrigal porque jugué con el tata de ellos. A De León le gustó y comenzó ahí. Luego pasó a Belén y se fue para Puntarenas, donde más maduro se empezó a desempeñarse mejor, y pasó al Saprissa, donde elevó su nivel y podemos verlo ahora como ha seguido levantando”, comentó.

 

Don Roberto recuerda entre risas una anécdota. “Un día vino y me dice: \\\’Papi, me llegó a buscar un representante del equipo de Noruega\\\’, que se reunía en la tarde. Entonces se lo comentó a Badilla (Víctor), quien estaba como gerente del Saprissa, y este le respondió que cómo se le ocurría. Michael le insistía que a tal hora llegaban al club, entonces hicieron una apuesta de un almuerzo que nunca le pagó”.

 

Don Roberto dice que hoy día sigue dándole consejos, tanto futbolísticos como para ser una buena persona.

 

“Siempre lo he traído a mecate corto, no era de esos que se iban y uno no sabía dónde estaban. Jugaban aquí a la vuelta de la casa y más de una persona me decía que eran los próximos chapulines de Cristo Rey, y no fue así”, agregó Roberto.

 

Doña Maribel se empeñó en que sus hijos fueran personas de bien. Hoy Michael está casado con Andrea Apú y tiene un hijo llamado Arjen.

 

Está a las puertas de jugar la copa del mundo, sueño que ha tenido de siempre.