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Vivir solo implica nuevos retos financieros, especialmente al pensar en la jubilación, las inversiones o la compra de bienes como una vivienda o un carro.
Expertos financieros ofrecen recomendaciones para este tipo de hogares, los cuales, según cifras oficiales se han quintuplicado en los últimos 25 años, representando actualmente un 16,2%.
La primera recomendación es definir un presupuesto claro y realista, alineado con los ingresos y gastos de cada persona. Para lograrlo, es fundamental llevar un registro detallado de los pagos, incluidos los llamados “gastos hormiga”, que muchas veces pasan desapercibidos, así como establecer el rubro de ahorro como un costo fijo y contemplar también actividades recreativas dentro de la planificación financiera.
Además, el presupuesto debe priorizar gastos esenciales como vivienda, alimentación y servicios públicos, y ayudar a limitar compras impulsivas o gastos innecesarios.
Al tener claridad sobre el panorama financiero, las personas pueden tomar decisiones más estratégicas, como crear un fondo de emergencia, planificar metas de largo plazo, invertir o prepararse para el retiro y apoyarse en herramientas de ahorro automático que faciliten este hábito. Esto no solo contribuye a una mayor estabilidad económica, sino que también permite enfrentar imprevistos sin recurrir a créditos y avanzar hacia objetivos personales con más seguridad.
“Para las personas que viven solas y dependen exclusivamente de un ingreso, contar con un fondo de ahorro o inversión para emergencias no es solo recomendable, es indispensable. Este fondo representa una red de seguridad financiera que le permitirá a la persona enfrentar algunos imprevistos, entre ellos, la pérdida de empleo, enfermedades, reparaciones urgentes en el hogar o cualquier evento inesperado sin que tenga que comprometer la liquidez mensual”, explicó Laura Céspedes, gerente senior de Productos de Inversión y Depósito de DAVIbank.
Los hogares unipersonales presentan patrones de consumo distintos de los hogares familiares. Por ejemplo, suelen realizar compras más pequeñas y específicas, con una marcada preferencia por medios digitales y electrónicos.
Además, al no compartir gastos, destinan una mayor proporción de sus ingresos a cubrir necesidades básicas, lo que reduce su capacidad de ahorro en comparación con los hogares familiares.
Las personas más jóvenes, además, priorizan conveniencia y tecnología, mientras que los adultos mayores tienden a mantener hábitos más conservadores. “Los hogares unipersonales demandan una visión moderna y estratégica de la protección mediante seguros. Tanto los seguros de vida, por su rol en la estabilidad financiera y el resguardo de dependientes o compromisos, como los seguros de bienes, por su capacidad de blindar el patrimonio, se convierten en pilares fundamentales de tranquilidad y resiliencia”, agregó Chaverri.