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“No estaba muerto, andaba de parranda”. ¿Quién no ha escuchado esta canción? Pues eso es lo que se puede suponer del criterio que maneja la Academia Española de la Lengua en su diccionario de papel y última edición del 2014 para el verbo transitivo “velar”. Como de todos es sabido, nuestro idioma es una herencia que nos dejaron los conquistadores españoles y que hoy hablamos casi 500 millones de personas en todo el mundo. De manera global, eso significa que 1 de cada 15 terrícolas, hablamos la lengua de un mentado Miguel de Cervantes, tanto como idioma materno, así como una segunda o tercera lengua, etc.
Al inicio de este comentario, cité lo de “diccionario de papel”, porque los que contamos con la dicha de poseer el más reciente y última edición que se hará en ese material, podemos darnos por enterados que en España han decidido y confirmado, que las siguientes ediciones, serán electrónicas. Eso hará o hace que sea más fácil modificar, corregir, agregar al diccionario oficial lo pertinente. Pero en materia del lenguaje sobre la muerte, en español y en inglés, etc. tenemos muchas palabras que sirven para expresarnos de manera científica o de manera ordinaria, según lo necesitemos. Una de las palabras más conocidas es eutanasia. Formada del griego clásico, la entendemos como “muerte buena”; es decir, una apacible o que sirve para acortar el sufrimiento. El antónimo [opuesto, como acostumbramos decir en inglés] de eutanasia, es cacotanasia o muerte con sufrimiento [en griego clásico: mala muerte].
Para poder decir que se tiene un amplio dominio del idioma, es necesario contar con lo que de manera simplona se conocen como “Diccionarios de la rima”. En nuestro sistema educativo, ni siquiera se han dado cuenta de la enorme importancia de tales instrumentos de aprendizaje y los utilizan para que nuestros “chicas y chicos” puedan hacer versos…
Dicho con palabras groseras: En el Ministerio de Educación Pública, con esto de la rima de las palabras, ven solo un árbol, pero no ven que juntas, forman un bosque… Así, en materia de la muerte o “thánatos” en griego clásico, quien consulte un “diccionario de la rima”, podrá localizar y conocer y reconocer las palabras que terminan en “tanasia”. Como sabemos o aprendemos hoy [vaya usted a saber], tales diccionarios se manejan de modo distinto al común, porque las palabras están ordenadas por la última parte de cada una. Así entonces, con “tanasia” [condición o naturaleza de la muerte] encontraremos: “ortotanasia” que es la muerte de la persona que ha sido desahuciada y para no prolongar su agonía; “atanasia” [inmortalidad], o el antónimo de “ortotanasia” que es “distanasia” [tratamiento innecesario que lo que hace es prolongar la agonía o dolores del enfermo], la “electrotanasia” o muerte al sufrir o dar una descarga eléctrica. También. Algunas personas promueven la “proeutanasia” y tal concepto encapsula a quienes aprueban que se aplique la eutanasia en los casos que el paciente esté conscientemente de acuerdo o sus familiares.
Y dicho sea de paso, todas las personas [recalco, todas], en Costa Rica usan mal el verbo “electrocutar” [que tiene relación con electrotanasia] al creer que sirve para describir el daño que recibe una persona que sobrevive a una descarga eléctrica. Este verbo “electrocutar”, de acuerdo con el origen que tiene del inglés [del cual lo hemos tomado], es aplicable para la muerte. Pero si alguna persona sufre un daño en su cuerpo y no muere, simplemente se ha electrizado pero nunca, electrocutado. Consecuentemente, el daño recibido en sus tejidos corporales por tal descarga, es una electrocausión [quemadura por electricidad] y explicado con amplitud en mi comentario científico número 701 en Facebook.
Pero en materia de la muerte y de los muertos a los que hay que “cuidar en la vela” [según mi crítica a la Academia de España], tenemos muchas palabras que hacen referencia a esta situación de partir de este mundo. Sin más rodeos, analizo el absurdo lingüístico que podemos encontrar en el DRAE. Todos hemos estado presentes en una vela, tanto como parientes del difunto, o como partícipes en el dolor que embarga a nuestros amigos, etc. pero nunca, como personaje principal o central.
La Academia de España, define lo que internacionalmente se debe entender como velar: “3. Pasar la noche al cuidado de un difunto”. Lo de “cuidado” a la persona viva pero enferma, lo digiero con toda facilidad. Pero esto de “pasar cuidando” al muerto, como que no me entra; no lo puedo asimilar ¿Qué le podemos cuidar al muerto? ¿Que alguien pueda cambiarnos el cadáver por otro? ¿Que alguien secuestre el cuerpo y nos pida rescate? ¿Que el muerto, en una acción de anastasia o anastasis, resucite, es decir, que vuelva a la vida? Y el mal chiste con que empecé este comentario, retrata lo que podría hacer el muerto: que se vaya de parranda… y nos deje sin el sepelio ya preparado con todas las de la ley [incluida la Ley de Salud] y los enormes gastos que esto implica o conlleva.
Todos sabemos que en una vela, la gente ajena al muerto o parte de la familia, lo que hace es sentir el calor de las personas que comparten el dolor o quieren despedirse figurativamente del cuerpo presente. A esa situación se le llama duelo. No creo que las personas se preocupen por lo que le pasa al muerto, que inerte e inerme, yerto, descansa en su caja o ataúd y lo que no hizo o hizo en vida, es materia que finaliza con la muerte.
*Etimólogo y lexicógrafo