¿Abrir más mercados mientras cerramos nuestras fincas?

Y aquí surge una contradicción, Canadá destaca que durante la negociación protegió intereses agrícolas sensibles.

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Hay discusiones que desde una oficina parecen sencillas, hablar de apertura comercial, competitividad y nuevos mercados suena bien sobre el papel; sin embargo, el problema comienza cuando esas palabras llegan a la finca del agricultor que se levanta antes del amanecer, paga fertilizantes, combustible, transporte y mano de obra, enfrenta consecuencias del clima y después debe competir con productos de economías con condiciones muy distintas a las nuestras.

Por eso, entiendo la preocupación de productores de todos los tamaños ante la eventual incorporación de Costa Rica al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), no se trata de cerrarle las puertas al mundo. Hemos encontrado oportunidades importantes en el comercio exterior y sería absurdo negarlo.

Este acuerdo reúne economías que representan cerca del 15% del PIB mundial y podría diversificar nuestros mercados, –eso merece valorarse–, pero una oportunidad para unos no puede convertirse silenciosamente en una condena para otros.

Como dice Roberto Carlos en su canción El progreso, “si hubiera un buen consenso”, porque no estoy contra el progreso ni contra comerciar con el mundo, estoy a favor de saber quién gana, quién pierde y qué haremos para evitar que el costo recaiga nuevamente sobre quienes producen nuestros alimentos.

Hay razones para preguntar, información oficial de la negociación señala que Costa Rica concedería a Canadá acceso preferencial a 98 nuevas líneas de productos agrícolas antes excluidas o sujetas a contingentes.

Allí aparecen carne bovina y porcina, brócoli, coliflor, zanahoria, tomate, chile dulce, cebolla, papa y leguminosas. No hablamos de productos desconocidos, sino de lo que se cultiva en nuestras comunidades.

Y aquí surge una contradicción, Canadá destaca que durante la negociación protegió intereses agrícolas sensibles. Participar del comercio mundial no le impidió defender aquello que considera estratégico.

Entonces, ¿por qué cuando nosotros hablamos de proteger al productor nacional algunos inmediatamente lo consideran miedo a competir?

La propia presidenta Fernández introdujo una necesaria dosis de prudencia al plantear la importancia de conocer los beneficios y perjuicios antes de decidir, si desde la Presidencia se considera necesario estudiar y escuchar, ¿por qué nuestros agricultores no pueden exigir exactamente lo mismo?

En Cartago esa preocupación dejó de ser abstracta, el Concejo Municipal de Alvarado aprobó por unanimidad una moción de rechazo a la incorporación al CPTPP. Allí no se habla desde un escritorio, sino desde la tierra, donde sembrar todavía significa empleo y sustento para cientos de familias.

Conozco esa realidad y he escrito sobre agricultores de la provincia, de una Zona Norte de Cartago que todavía reclama infraestructura para desarrollarse. ¿Cómo podemos exigirles competitividad mundial si aún no resolvemos problemas básicos en su propia casa?

Costa Rica no debe aislarse, pero tampoco puede exigirle al agricultor competir internacionalmente mientras soporta costos elevados, dificultades de financiamiento, infraestructura deficiente y obstáculos para comercializar sus cosechas.

Existe un discurso ideológico que pretende hacernos creer que proteger al productor nacional significa atraso y que abrir mercados equivale automáticamente a desarrollo, no comparto esa visión porque no podemos seguir viviendo en dos países: uno urbano, tecnológico, conectado y competitivo, y otro rural al que simplemente le pedimos resistir mientras lo empujamos a desaparecer.

Necesitamos inversión, zonas francas, innovación y exportaciones, sí, pero necesitamos la Costa Rica que siembra papa en Cartago, produce leche en nuestras zonas rurales, arroz en Guanacaste, frijoles en la Zona Norte y hortalizas en tantos pueblos.

Debemos fortalecer nuestra agricultura con crédito, tecnología, mejores caminos, investigación, asistencia técnica, capacitación, seguros y oportunidades para agregar valor, reconozco los avances, pero no podemos abrir primero y preocuparnos después por quienes quedaron en el camino.

Defender al agricultor significa darle condiciones razonables para competir, si queremos productores capaces de enfrentarse al mundo, primero debemos dejar de pedirles que sobrevivan solos.

No tengamos miedo de comerciar con el mundo, pero tampoco sintamos vergüenza de defender lo nuestro, el agricultor costarricense no pide que le regalemos el futuro; pide herramientas para competir por él.

Costa Rica puede abrir más mercados, pero nunca a costa de cerrar sus fincas.