Abogado Todólogo

Lic. Larry Hans Arroyo Vargas Abogado litigante

El 54% de los reclamos de los oficiales son por montos menores a ¢60 mil.

Usted tiene un abogado de confianza. Casó a su hermana hace un lustro. Le resolvió un problema penal a usted hace dos años. Ahora su negocio necesita un contrato laboral y lo primero que usted hace es llamarlo. Él le dice que sí, que lo estudia y se lo prepara, es un Licenciado entrador. Usted cuelga tranquilo. Al día siguiente un conocido, al enterarse, le suelta: “Ese abogado es penalista, ¿cómo le va a redactar un contrato laboral?”

La pregunta suena sensata. Y tiene nombre: al abogado que acepta de todo lo llaman todólogo. Pero esa etiqueta esconde una premisa que vale la pena que usted conozca: la idea de que un abogado solo puede —o solo debe— saber de una cosa.

La carrera de Derecho en Costa Rica dura varios años. Después vienen la tesis, la graduación y el Examen de Excelencia del Colegio de Abogados, que no es jugando. En ese tiempo su abogado cursó penal, civil, laboral, comercial, constitucional, administrativo, procesal, familia, agrario y varias más.

La universidad no diseñó ese plan de estudios para decorar el currículum. Lo diseñó porque el ejercicio profesional exige criterio amplio: la capacidad de leer un expediente, identificar las normas aplicables y construir un argumento sólido, sin importar la materia. 

Con el Examen de Excelencia pasa lo mismo: se evalúan varias materias, no es que el abogado reciba su incorporación solo para “administrativo” o para “constitucional”. Hasta ahí, todo parece congruente. Pero en algún momento el gremio aceptó que lo correcto es especializarse, y al que no lo hace le pusieron nombre: “todólogo”.

Dígame usted si lo que sigue no es cierto: todos los días, en los tribunales de este país, abogados sin maestría ni doctorado les ganan procesos a especialistas que tienen ambos. El Derecho no premia diplomas: premia argumentos. Y un argumento bien construido, con norma vigente y jurisprudencia al día, no le pide permiso a ningún posgrado para ganar un proceso.

Hay una sola frontera que merece un capítulo aparte y en la que los abogados parecen estar todos de acuerdo: el Derecho Notarial y Registral. Ahí el ordenamiento exige requisitos adicionales para habilitarse como notario, y nadie lo discute. Pero piénselo usted: si la ley solo demanda habilitación formal en una rama, el resto del pastel está abierto.

El cliente que llama a un abogado no busca un rótulo en la pared. Busca al profesional que ya le demostró criterio, estudio y resultados.

El abogado todólogo no existe —es inverosímil— y utópico a la vez si lo piensa, pero el rechazo que esa idea genera entre algunos especialistas es casi prueba de hecho de que algo no ha sido bien planteado en la discusión.

Así que la próxima vez que alguien le diga que su abogado de confianza “no puede” porque eso no es “lo de él”, usted ya sabe. El título que cuelga en su pared no lo limita: lo reta. Lo reta a mantenerse actualizado, porque a la velocidad que todo avanza, una especialización de hace un año ya está desactualizada. Imagínese una de hace cinco, diez o veinte años. El deber profesional no es salir corriendo al primer cambio de materia: es seguir estudiando. Y eso, aunque a algunos les incomode, significa que su abogado estudió para defenderlo a usted en lo que haga falta.