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Los costarricenses tenemos mil y una cosas en la mente, y cada día nos exponemos a información de todo tipo, como económica, religiosa, social, laboral, política, familiar, etc. que nos lleva a tomar decisiones trascendentales.
Hay momentos que enfrenta el país que preocupan a los ciudadanos, surgen eventos que resienten, unos que conmueven y otros que alteran. Son cosas del diario vivir.
En la última encuesta de Borge y Asociados se dio a conocer un dato que nos toma por sorpresa, más cuando se acerca la Semana Santa, y es que la cantidad de ticos creyentes ha disminuido con el paso del tiempo.
Según el estudio de opinión anterior, la gente que había afirmado profesar la religión católica estaba en 58,7%, mientras que para esta oportunidad había disminuido a 55,8%. Eso quiere decir que hay 2,9% menos fieles.
En otros datos relevantes, el 23,9% se catalogó como cristiano evangélico y curiosamente la cantidad de personas que se catalogan como ateos va en aumento, reportándose en un 15,6%. Lo más curioso es que este se pondría como el tercer grupo de creencias en importancia. Y el punto es que van creciendo bastante rápido, porque de un estudio a otro subieron 3,5%.
Quizá lo más curioso de este caso es que dichos cambios en los porcentajes se dan en un momento cuando precisamente se ha venido discutiendo el pasar de ser un Estado confesional a ser uno laico.
En los últimos años se han realizado varias marchas donde los asistentes han pedido que se saque a la Iglesia del papel preponderante que tiene en la actualidad y que no forme parte de las decisiones del país.
El objetivo con esta reforma, de acuerdo con la exposición de motivos en la Asamblea, consiste en procurar seguridad jurídica para la pluralidad de religiones, así como el reconocimiento del derecho humano de la libertad de pensamiento y conciencia, ya que actualmente existe un trato diferenciado en favor del catolicismo.
Y es que existe un temor intrínseco en que el tema del Estado laico envuelva nuevamente al país en un caos social como sucedió durante las elecciones, tras anteriores cuando el tema de las uniones de personas del mismo sexo desató una casi que una guerra frontal entre los costarricenses.
Este tópico no es nuevo, ronda el Congreso desde el siglo anterior, con varias propuestas que no consiguen votos.
Costa Rica destaca como el único en Latinoamérica que mantiene tal modalidad confesional.
No obstante, para el momento en que esta normativa se creó la realidad nacional era muy distinta; la mayoría de los ticos profesaba esta religión y gran parte de las decisiones de los gobiernos se tomaban con base en los preceptos cristianos.
Pero: ¿qué implica ser un Estado laico y no confesional, como históricamente hemos sido? Primero, un Estado laico es neutral en materia de religión, no ejerce apoyo ni oposición explícita o implícita a ninguna organización ni confesión religiosa. Una reforma de este tipo no significa bajo ninguna circunstancia que será un Estado ateo, como se ha querido tergiversar.
Esto implica que el Estado deberá ser neutral respecto a la religión que legalmente apoyará, dándoles el mismo peso a todas. No podrá otorgar privilegios a ninguna en particular ni tampoco permitir que influyan sobre la política nacional.
En un Estado laico, la libertad religiosa y de culto mantienen su máxima expresión y, aunque en el país no está prohibido profesar ningún credo, las distorsiones a nivel jurídico obligan a este o futuros gobiernos a dar dicho paso en la búsqueda de la igualdad religiosa, sin que se presente ningún tipo de discriminación.
Un claro ejemplo de lo que la gente piensa es que muchos a pesar de profesar la fe católica han decidido que sus hijos no reciban clases de educación religiosa, por el contrario, son del criterio que estas lecciones podrían aprovecharse aún mejor si en lugar de enseñar temas ligados a la religión se utilizara para clases donde se inculquen valores.
Si la Iglesia desea que la cantidad de fieles aumente, no tendrán más que salir a pescarlos, lastimosamente esto se ha perdido y los ha llevado a que muchas personas se vuelvan apáticas.