A sacar el bullying de las aulas

Este jueves inicia el curso lectivo 2018, nuevamente los pasillos se llenarán de gritos, alegrías, carreras, juegos, ganas de estudiar y aprender; quienes ingresan por primera vez no dejan de sentir incertidumbre por una experiencia nueva.  Quienes llevan varios años en esto no pueden decir que no sienten esas cosquillas de saber qué maestra les […]

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Este jueves inicia el curso lectivo 2018, nuevamente los pasillos se llenarán de gritos, alegrías, carreras, juegos, ganas de estudiar y aprender; quienes ingresan por primera vez no dejan de sentir incertidumbre por una experiencia nueva. 

Quienes llevan varios años en esto no pueden decir que no sienten esas cosquillas de saber qué maestra les tocará, si van a tener los mismos compañeritos del año pasado, pero lo más importante es cómo les va a ir pues nadie puede negar que hay grados más duros que otros. 

A todos estos nervios, incertidumbre, esperanza y emoción también hay que sumarle el temor de muchos niños y adolescentes de que los episodios de bullying que vivieron el año anterior se repitan. 

A este invitado no deseado que es el bullying hay que sacarlo de las aulas porque provoca que muchos menores consideren que ir a clases es una tortura. 

Precisamente desde la primera semana de clases los padres de familia, maestros y profesores deben procurar que las relaciones entre los alumnos sean lo más cordiales posible; si ven que algo se pasa de tono lo detengan en el primer momento. 

Esperamos que la iniciativa del Ministerio de Educación Pública “No más Bullying”, lanzada en 2016 para evitar la agresión y la violencia en las aulas, haya servido para bajar los casos de agresiones entre compañeros. 

Lastimosamente lo que parece una simple broma puede terminar marcando a una persona toda la vida, a veces los niños y adolescentes son muy crueles.

Las palabras que recibimos de otras personas pueden hacernos más daño que un golpe. 

Cuando nos dicen groserías, apodos o se burlan de nosotros, en muchas ocasiones terminamos creyendo que eso es cierto y que nadie puede cambiarlo. 

No debe negarse que aquel apodo de “gordo” marcó a muchos, que más bien tomaban la comida como una vía de escape. Para algunos al llegar al colegio eso empeora porque al entrar en la adolescencia no se podían poner la ropa de moda o no veían posibilidades de tener pareja. 

Para ellos esa broma “inocente” se convirtió en una marca de toda la vida y aún adultos eso no los deja en paz.

Muchas veces un defecto físico, una diferencia de características o de pensamiento pueden hacer que los alumnos escuchen los temidos sobrenombres como “gorda”, “orejona”, “paisa”, “maricón”, “zorra”, “fea”…

A algunos esto no les hará ni cosquillas, pero otros se sentirán mal por recibir este tipo de etiquetas, que en muchas ocasiones van a hacer que esos estudiantes se aíslen, no salgan a disfrutar su recreo, que no quieran volver a clases.

Más grave aún: se conoce de niños y adolescentes que han tratado de quitarse la vida. 

Esto porque sienten que no encajan en ningún grupo, creen que todos sus compañeros los ven feo o los descolan de las actividades y reuniones. 

El bullying puede ocurrir en cualquier estrato social, centro educativo, sin importar edad o sexo, pues algunos pequeños desde el kínder son presa de aquellos que disfrutan de burlarse de los demás. 

Los padres deben enseñar a sus hijos a aceptarse como son, pero lo más importante es mostrarles que este tipo de actitudes no puede afectarlos y en caso de que sean víctimas de bullying, deben denunciarlo con cualquier adulto de confianza. 

Esté pendiente si su hijo se hace daño físico, si solo tiene malos tratos para sí mismo, si ve cambios de humor repentinos, pero sobre todo si empieza a aislarse de usted, su familia y amigos. Estos pueden ser síntomas de alarma.

 

En el caso de los profesores y maestros deben estar ojo al Cristo, debido a que la mayor parte de los casos se da durante las horas lectivas o en los recreos, por lo que ellos tienen la papa en la mano para darle asistencia tanto al agresor como a la víctima. 

Saquemos el bullying de las aulas antes de que este saque a nuestros niños y adolescentes de los centros educativos, ya sea porque deciden no volver o porque las bromas se pasan de tono y termina ocurriendo una desgracia.