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No podemos negar que el fútbol es el deporte rey y Costa Rica no escapa a esa realidad. Vivimos en un país futbolero que palpita al ritmo de la Selección Nacional, se trata del deporte que mueve fibras y desata pasiones.
Los ticos viven con pasión este deporte y el pueblo desayuna, almuerza y cena fútbol, pero cuando juega la Sele esa pasión aumenta, el país se detiene por completo, al punto que ha ocurrido que tras un buen resultado el Gobierno aprovecha para aumentar precios de productos como la gasolina o bienes de la canasta básica, lo cual le pasa desapercibido a la gente, que dura días celebrando el buen desempeño de la Tricolor.
Estos días serán de comerse las uñas, porque nuestra representación patria se juega el chance de pasar o no al Mundial. Así las cosas, muchas personas se levantan pensando en el partido, alistan su camiseta de la Sele y salen con el pecho inflado a sus lugares de trabajo, esperando que las horas pasen rápido para sentarse frente al televisor o para ir al estadio los días que juguemos en casa.
Desde Tiquicia, más de 5 millones de habitantes le mandan buena vibra al equipo patrio que dirige el técnico Luis Fernando Suárez, para que saquen esa casta que siempre nos ha caracterizado, que en los momentos más álgidos sacamos lo mejor que tenemos los ticos, esas ganas de trabajar en equipo y lucirnos.
En la cancha saldrán 11 guerreros como los que una vez defendieron el territorio nacional en la batalla de Rivas. Pero detrás estarán 5 millones de aficionados esperanzados en derrotar a nuestros próximos tres rivales.
La gente tiene en mente que un resultado positivo ya no es imposible, como se pensó antes, debido al crecimiento futbolístico que ha tenido la Selección Nacional, donde nos hemos medido a potencias del balompié y no solo hemos sacado la tarea, sino que demostramos que nos podemos dar de tú a tú con cualquiera.
También es cierto que nos toca salir de casa y jugarnos el todo por el todo en El Salvador, pero qué mejor que celebrar en casa ajena e ir al tercer partido un poco más tranquilos, con un yugo más ligero sobre nuestra espalda.
En las últimas décadas, hemos logrado derribar esos mitos de que aquí y allá es imposible para la Tricolor ganar y precisamente ese sentimiento de seguridad contagia a los jugadores costarricenses, que mañana defenderán con uñas y dientes la casaca patria.
Dentro de la cancha sucederán muchas situaciones, no solo mañana, también el próximo domingo, para finalizar el miércoles de la próxima semana, que terminará de definirse este asunto, por lo cual la presión es entendible.
Precisamente es eso lo que queremos ver, una lucha de poder a poder, de tú a tú, si se quiere una batalla campal por salir victoriosos, pero es ahí donde está el meollo del asunto. No importa ver un juego de dientes apretados, de entrega absoluta y disputa en cada balón, siempre y cuando prevalezcan tanto el respecto como el juego limpio.
Antes de que el balón empiece a rodar, los actores deben hacer un examen de conciencia, recordar que son los protagonistas de un espectáculo por el cual cada aficionado está pagando bastante, de modo que es justo mostrar su mejor versión.
Al mismo tiempo los futbolistas deben entender que mucho de lo que hagan dentro del rectángulo de juego se trasladará a las gradas. Una buena actitud en la cancha puede repercutir en el público.
Mañana la gran mayoría de los costarricenses vamos a estar pendientes de lo que suceda en el Estadio Nacional, por eso la petición a los futbolistas es que hagan lo que saben, que muestren su talento y condiciones, mientras que a la afición se le pide que lo disfrute como le plazca, pero sin maltratar a nadie. El fútbol no hay que mancharlo.