
Fernando Berrocal
Exministro de Seguridad Pública
La muerte del jefe criminal del Cartel Jalisco Nueva Generación, ha desatado una impresionante reacción y una ola de violencia narcoterrorista en México, a niveles que obligan, necesariamente, a puntualizar sobre el poder y la capacidad desestabilizadora y destructiva de estas mafias de la narcoactividad, como gravísimo y poderoso delito transnacional, al que no escapa estructuralmente Costa Rica, en el medio de la ruta de la droga que viene del sur de América Latina y va hacia México, los Estados Unidos y Europa.
Tenemos que entender y asimilar la magnitud y violencia de una situación como la generada y ver también a Costa Rica en el espejo actual de México y en el contexto, realista y objetivo, de un círculo interrelacionado y transnacional de países atrapados y parte de esa violenta dinámica criminal.
En nuestro caso, por la ubicación geográfica del territorio nacional y las enormes y críticas debilidades estructurales y presupuestarias de nuestra seguridad que está comprometida, contaminada e intervenida por esas mismas mafias y lo que es, hoy por hoy, el primer tema de la Agenda Nacional: la droga que se queda en nuestro país y los efectos críticos, criminales, desestabilizadores y destructivos de estas mafias y la narcoactividad.
Por más dura que parezca esta afirmación: en Costa Rica, en materia de criminalidad organizada, sicariato, violencia y control de territorios por las mafias de la narcoactividad, se han sobrepasado todos los límites y violaciones imaginables a nuestra soberanía nacional, a niveles impresionantes de una creciente subcultura narco y criminal, envolvente y destructiva del tejido social e institucional costarricense, hasta de atentados contra altos funcionarios en materia de seguridad.
De los datos que presento el ministro Mario Zamora en la Asamblea Legislativa y de las brutales noticias de todos los días, se concluye objetivamente que, en Crucitas no hay forma de que los políticos lleguen a soluciones y se pongan de acuerdo en una propuesta nacionalmente beneficiosa y, a nivel del resto del territorio , la violencia criminal, el sicariato, el pago de peajes y el gota a gota… están desbordados, sin que exista una activa y efectiva unidad de propósitos nacional, para implementar con una férrea y valiente determinación estratégica un “plan integral” del Estado Costarricense, de mano dura y mano inteligente, desde el punto de vista policial y carcelario, políticas públicas paralelas y complementarias, reforma urgente de los procesos judiciales penales, contundentes operativos coordinados entre los Cuerpos de Policía, necesarias alianzas internacionales de seguridad y, sobre todo, reforma de la obsoleta Ley General de Policía de 1994.
¡Tenemos que decir basta! … unirnos en un propósito común de seguridad y sacar la casta costarricense, frente a la narcoactividad y las mafias criminales.
¿Y usted, qué opina?
