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José Figueres, el Padre Fundador de la II República y del Partido Liberación Nacional (PLN), escribió que la Social Democracia:
“Tiene objetivos inalterables como la defensa de la libertad y el ejercicio pleno de la democracia”.
“Además, lucha por la superación del ser humano, su salud, su educación, su cultura, su casa y su comida. Predica una lucha sin descanso contra la pobreza y por una justa distribución de la riqueza”.
“Los instrumentos para lograr estos objetivos básicos varían según la época y las características económicas y políticas de cada nación”.
El Partido Liberación Nacional se fundó hace 75 años, sobre la base de esos principios doctrinarios y como hijo legítimo del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, el Partido Social Demócrata, la Revolución de 1948 y los 700 Decretos de la Junta Fundadora de la II República, para responder integralmente y resolver ideológica, política y éticamente las necesidades institucionales, económicas y sociales de Costa Rica. No por otras razones, ni otros intereses.
Desde aquellos revolucionarios 700 Decretos y los fundacionales aportes de los Diputados del Partido Social Demócrata en la Asamblea Constituyente de 1949, liderados por el intelectual Rodrigo Facio Brenes y el joven dirigente sindical Luis Alberto Monge, el PLN ha sido 10 veces gobierno y, cuando no lo ha sido, ha representado la mayoría de Diputados en la Asamblea Legislativa.
Por ello, con sus aciertos y trascendentales reformas y obras, así como sus errores y equivocaciones, el PLN ha sido la fuerza política más importante y representativa que dio continuidad a la I República fundada en 1848 por don José Máría Castro Madriz y las ideas y el espíritu del liberalismo democrático y republicano costarricense. Nuestra II República, también y hay que decirlo, es hija legítima de la gran reforma social de los años cuarenta, llevada a cabo por el Doctor Calderón Guardia, Manuel Mora y el progresismo costarricense, monseñor Sanabria, la Iglesia Católica y el pensamiento social cristiano.
La crisis que atraviesa el PLN, no es solo de egos políticos o nuevos liderazgos, cambios generacionales, estructuras y organización o reformas estatutarias.
Es una crisis de “identidad partidaria” y congruencia con su propio hilo conductor ideológico, político, ético y hasta con su historia y realizaciones nacionales. El verdadero tema del PLN, es recuperar la “lucha sin fin”, el compromiso fundacional y la coherencia que nunca se debieron alterar y que explica la desconfianza del pueblo y los resultados negativos de cuatro elecciones. Es recuperar la congruencia de ese histórico y visionario hilo conductor y representar, con legitimidad, ética, liderazgo y nuevas propuestas y soluciones propias del siglo XXI, el pensamiento y la enorme herencia y obra de la social democracia costarricense. La pregunta… ¿Lograrán o no hacerlo?
¿Y usted qué opina?