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De ser el corazón de la actividad económica, cultural y social del país, a convertirse en una ciudad “de paso” y “fantasma” al caer la noche; ese es el difícil escenario que enfrenta el cantón central de San José, una capital nacional que no posee vida ciudadana en su día a día.
Según un análisis realizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), en los cuatro distritos centrales del cantón existen un total de 441 edificaciones vacías, es decir, son estructuras que no albergan algún tipo de utilidad para los costarricenses.
Sin embargo, cada vez son menos las personas que cuentan con una vivienda propia en el país, ya que el informe Balance y Tendencias del Sector Vivienda 2024 del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos de Costa Rica (CFIA) confirma un déficit habitacional superior a 150.000 espacios.
En noviembre de 2024, la Municipalidad de San José estimó que habían 199 edificios en desuso en la capital.
A raíz de esto, la firma de arquitectos Gensler presentó el estudio “Otra Vida, Otro Uso”, donde se plantea la necesidad de que estas edificaciones pasen a convertirse en centros de habitación dentro de la capital; un giro que han venido dando las grandes ciudades del mundo.
“Por ejemplo, en Canadá se ha aplicado en muchísimos edificios y lo que ha permitido es empezar a reposicionar de oficinas a residencial, básicamente volver a traer la población a los centros de ciudad; lo que nos suena muy cercano a nuestra realidad, porque las ciudades latinoamericanas también dejaron de tener población hace muchísimos años”, relató Mauricio Otárola, arquitecto de la firma.
Según el experto, la transformación de estos edificios traería beneficios para todo el país, ya que representan un gasto menor de inversión, y daría un hogar a aquellas personas de ingresos medios y medios bajos.
“Eso es una de las de las premisas y de las prioridades que tienen los planes de repoblamiento, tanto de San José como de otras ciudades, y es crear vivienda para diferentes sectores poblacionales, o sea, no debemos pensar solamente en un sector poblacional, debemos de pensar en todos”, relató.
Mauricio Otárola
Arquitecto
“Tenemos una ciudad abandonada, con índices muy altos de inseguridad, insalubridad y abandono; y al mismo tiempo hay un déficit de vivienda para la case media y baja en el país, así como una necesidad urgente de reducir el transporte privado”.
Entre los beneficios también destacó poder brindar mayor seguridad a las personas dentro de la capital ya que al volver a habitar los espacios se crea “un ecosistema, un círculo virtuoso de comercio, de consumo, de seguridad, de presencia de personas, de percepción de tranquilidad y de creación de comunidad”.
Pese a que el plan de volver a habitar la capital ha reunido a actores del sector público y privado, aún existen grandes retos para que esto se vuelva una realidad, ya que según el experto, aún no existen las condiciones necesarias para empezar los proyectos de vivienda en los edificios abandonados.
“Hay una barrera que es de gobernanza y tiene que ver con política pública, donde las autoridades tienen que facilitar incentivos, los permisos de construcción, que se cumpla con la norma vigente; ya que incluso son edificios muy viejos que no cumplen en su mayoría con los requisitos actuales de seguridad, accesibilidad, estructural y demás”, destacó Otárola.
En cuanto al tema espacial, el arquitecto señaló que las edificaciones capitalinas son pequeñas en comparación con los grandes edificios de potencias como Estados Unidos o Canadá, lo que dificulta la creación de proyectos; ya que “las condiciones de oficinas que se necesitan hoy el mercado o la cantidad de unidades residenciales que caben por nivel son muy pequeñas”.
Pese a ello, destacó que existe un gran interés por parte de los gobiernos locales, la academia y las desarrolladoras privadas para que el proyecto sea una realidad.


