Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Cambian los jugadores, el entrenador, puede faltar hasta la mascota del Monstruo, pero hay un morado que es infaltable en los partidos del Saprissa en La Cueva. Usted lo tiene que haber visto alguna vez porque William Paniagua Delgado lleva 20 años de salir a la cancha con el equipo. Dos décadas de acompañar a la S en todos sus partidos de local y algunos en calidad de visita. Este vecino de Sagrada Familia desfila con los jugadores y muchas veces aparece hasta en la foto oficial antes de los encuentros.
Su mamá, Yolanda Delgado Quesada, cuenta que todo empezó en el año 1997. “Él estaba desesperado por ver jugar a Saprissa, entonces una vecina me prestó plata y me lo llevé a Santa Bárbara que ahí jugaba Saprissa de visita, no sé ni cómo llegué, pregunté en la entrada y al ratito salió Ricardo Chacón, qué persona tan excelente, le expliqué el caso, ese día nos metieron, no nos cobraron la entrada y hasta un homenaje le hicieron como dedicado”, recordó en diálogo con DIARIO EXTRA.
Ese día los dirigentes del Saprissa la contactaron y la invitaron al siguiente juego en Tibás, desde ese momento son inamovibles en la titularidad de la S. “Yo mientras pueda hasta de noche lo llevo, no importa si llueve o truene, ahí llegamos. Al principio nos daban 2 entradas, ya con el paso de los años ahora ellos dicen que nosotros somos de la casa, nada más pasamos por la puerta principal, nos ponen una pulsera y vamos para adentro, primero a la cancha, desfila con el equipo y luego nos pasan a platea a ver el partido”, afirmó doña Yolanda.
En estos 20 años ha visto ponerse la morada a cientos de jugadores: “Él comparte con todos, Porritas fue famoso con él y Víctor Cordero, solo le dicen Willitan, ellos dos son los más viejos ahí y siempre son muy especiales con nosotros, de los que están ahora no me puedo quejar de ninguno”.
Del plantel actual William tiene una gran relación con Mariano Torres.
“El domingo llegó, lo agarró de la cabecilla y le dijo vamos para adentro, todos, el personal, los directivos, don Juan Carlos Rojas, don Carlos Watson, todos nos ven como familia”, aseguró Delgado mientras su hijo asentía con una sonrisa.
William habla poco, pero entiende mucho de fútbol y cuando pierde el Monstruo se pone como los diablos. “Los dos la pasamos mal, yo trato de consolarlo diciéndole que viene otro partido, pero en el bus viene calladito, no dice nada, llega a la casa que se lo lleva quien lo trajo”, confesó su mamá.
Cuando el Sapri juega en la noche tienen que apurarse a la salida para agarrar el último bus que sale a las 11 p.m. “A veces son las 11 de la noche y nosotros esperando los buses, a veces se viene un aguacero y él goza, sobre todo si Saprissa ganó, gracias a Dios en los casi 20 años que tenemos de estar yendo al estadio nunca nos ha pasado nada”, detalló doña Yolanda, todo sea por el amor al Monstruo.