2 empresarios se suicidan por lío con Japdeva

Las altas deudas provocadas por una inversión que nunca dio frutos llevó a dos empresarios a terminar con su vida, a otros ocho a perderlo todo y a presentar una demanda por ¢1.000 millones contra la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva), por la que deberá responder hoy […]

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Las altas deudas provocadas por una inversión que nunca dio frutos llevó a dos empresarios a terminar con su vida, a otros ocho a perderlo todo y a presentar una demanda por ¢1.000 millones contra la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva), por la que deberá responder hoy en el Tribunal Contencioso Administrativo.

En el 2009 a 10 empresarios se les habría ofrecido la posibilidad de invertir en un proyecto que les permitiría no solo obtener ingresos sino dar a conocer la provincia de Limón y promocionar el turismo en la zona.

Ilusionados y comprometidos con sus raíces y la intención de dar a conocer lo mejor del Caribe, estas familias decidieron invertirlo todo con el fin de crear destinos turísticos para los extranjeros que visitaban nuestro país en los cruceros que atracaban en los muelles de Limón.

Pedir prestado o invertir los ahorros, ese era parte del sacrificio, pero para ellos valía la pena, sin embargo han pasado seis años y lo que les prometieron no se ha cumplido. Es más, ni un solo turista ha visitado sus locaciones y ahora están en la quiebra. Dos de ellos, que no pudieron afrontar la presión de las deudas, decidieron quitarse la vida.

Emos Divas, uno de los empresarios, comentó que la situación de los 10 que decidieron apostar por un proyecto que pensaban seguro es muy difícil. “Dos se suicidaron, uno de ellos con un disparo, y cuando uno ve esas cosas entiende que estos años han sido una pesadilla. Es ver cómo toda su inversión y anhelos se esfuman en el viento y de un día a otro no le queda nada”.

Róger Jiménez apostó por la aventura y dentro de su propiedad desarrolló actividades que permitían a los visitadores tener una relación directa con la adrenalina y la naturaleza por medio de caminatas por diferentes senderos, cabalgatas o si era un poco más atrevido practicar rappel en una cascada de 36 metros, o descender por la pared de una montaña de 57 metros de alto, para lo que se usan un arnés y una soga.

“Creímos en el proyecto e invertimos cerca de $60 mil (¢30 millones) para habilitar la zona y contar con las condiciones que permitieran ofrecer las diversas actividades, para lo que contamos con un especialista, a quien trajimos desde el extranjero para que nos enseñara cómo debíamos realizar el trabajo, desde ensillar los caballos hasta los nudos del rappel”.

Pero Jiménez y su familia no fueron los únicos que llevaron a cabo una inversión millonaria. Emos Davis decidió construir dentro de una cueva natural un museo de historia y cultura, donde el tema principal era la llegada de Cristóbal Colón.

Lo llamó “La Gruta del Encanto” y para lograr que el proyecto funcionara invirtió $50 mil (¢25 millones). Hasta contrató un elenco artístico que se encargaba de realizar las representaciones en medio de luces y vidrios de colores que permitían darle vida a una oscura y húmeda cueva.

“Viajamos a Estados Unidos y Honduras para conocer algunos proyectos similares y así aprender de las personas que tenían más experiencia que nosotros, pero estábamos tan identificados con este proyecto”, comentó Davis.

Este lugar fue certificado por el Museo Nacional como el único sitio de este tipo con representaciones indígenas dentro de una cueva natural en Centroamérica.

 

¿PROMESAS EN EL AIRE?

 

Pero el trabajo incansable, las noches en vela, las madrugadas para aprovechar el día, la entrega de toda una familia y el dinero no fueron suficientes. Según ellos, el tiempo pasó, lo que les prometieron nunca se cumplió y hoy estas 10 familias están en quiebra y con deudas que deben pagar.

“Tengo mi terreno y tengo que darle mantenimiento, pero en realidad del proyecto de cruceros aquí no llegó ni un solo turista, a pesar de que ganamos los concursos y contamos con todos los requisitos que nos exigieron para poder trabajar en el muelle de Limón. Tenemos los permisos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), las pólizas de seguros y las capacitaciones del personal”, dijo Jiménez.

Los empresarios aseguran haber cumplido hasta con el último de los requisitos. “Si nos pedían la información en francés, alemán e inglés, nosotros corríamos para buscarla; si los carros para transportar a los turistas debían ser de cierto tipo, los buscábamos.

Es decir, para nosotros no había obstáculos, pero la contraparte, en este caso quienes nos ofrecieron el proyecto, nunca cumplieron y hasta nos sacaron del muelle. Ya no podemos ni entrar a ofrecer nuestros servicios, a pesar de tener los permisos para hacerlo”, dijo Davis.

Japdeva no se encargaba de enviar los turistas a los destinos designados, pero según los empresarios debía asegurar el espacio de trabajo dentro del muelle, que es de ellos, y requieren un permiso especial para entrar y un lugar para colocar un tipo de quiosco con información para los turistas que se bajaban del crucero.

 

SIN CONDICIONES

 

El problema que se les presentó a estos empresarios es que a la hora de instalarse en el muelle encontraron que no solo estaban quienes ganaron el concurso para brindar sus servicios a los turistas sino también muchas otras personas que ni siquiera compitieron pero ofrecían tours.

Según el empresario Jiménez, “con un permiso de ingreso al muelle entraban hasta cinco personas que no tenían requisitos cumplidos”.

Esto ocasionó que cada vez que llegaba un crucero quienes ofrecían transporte, destinos turísticos o artesanías no dejaban a los extranjeros poner un pie en suelo costarricense y los abrumaban con lo que tenían para ofrecer.

Por las diversas quejas y denuncias se le pidió a la Dirección de Apoyo a la Pequeña y Mediana Empresa (Digepym) que investigara los hechos y así lo hizo desde el 8 de octubre hasta el 17 de noviembre del 2009.

Como parte de las situaciones que pudieron determinar está que “hay demasiados vendedores tratando de ofrecer sus servicios a un mismo turista”. Además que “entre vendedores de diferentes empresas y delante del turista se ponen a regatear precios ofreciendo al turista mejorar cualquier oferta que le haya hecho el otro empresario”.

Como otro de los puntos destacados dentro del informe se dice que “hay personas que venden otros destinos para los cuales no solicitaron permisos”. 

En el documento se hace esta referencia a la relación con aquellas personas o empresas que no pasaron por el proceso de permisos.

 

JUICIO CONTRA JAPDEVA

 

Hoy se inicia uno de los dos juicios, cada uno por más de ¢1.000 millones, en contra de Japdeva en el Tribunal Contencioso Administrativo, en este caso la denuncia la interponen los transportistas, quienes esperan que se les paguen los daños y perjuicios de un proyecto que no generó ganancias.

Una semana más tarde los empresarios irán a juicio por el mismo tema.

 

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