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Opinión

Misericordia, luz y paz

Opinión

Dios se ha acercado a los seres humanos, especialmente por medio de Jesús, su Hijo. Un comentarista bíblico señala: “Tres son los aspectos de Dios que han aparecido para nosotros en Jesús y que deben librarnos de nuestra angustia: la misericordia de Dios; su luz, que nos ilumina, y la paz que se nos regala cuando permitimos que su amor penetre en nosotros”.

La misericordia de Dios, ante todo para con nosotros mismos, que nos angustiamos por no ser lo suficientemente buenos. Leí por ahí que “la misericordia es un camino para hacer las paces con uno mismo”. Desaparecidos entonces los reproches, desaparece o, al menos, mengua la angustia.

Por otra parte, la luz que brilla en Jesucristo no es una luz fría e insensible, sino misericordiosa que querría adentrarse en lo más íntimo del espíritu y disipar las tinieblas del mal, especialmente la angustia, y convertirla en paz. En ese sentido, Jesús nos enseña a hacer las paces con los enemigos de nuestra alma, entre ellos la misma angustia que habría de convertirse en amiga. Es lo que Viktor Frankl llama reacción paradójica: aliarse con el mal y convertirlo en bien. Jesús lo dice en la parábola del rey con diez mil soldados que usted puede leer en Lucas 14,31-32. En ella se nos invita a hacer las paces con nuestra angustia o cualquier otro mal, y así convertirla en aliada y que no nos haga daño. Al revés, nos beneficie, unida a nuestros planes de positivismo, alegría y paz.

A propósito, me acuerdo de aquella historia que se cuenta de un turista que se hallaba cómodamente acostado contra el tronco de un cocotero. Desde arriba, un mono quiso herirlo con un coco. Nuestro hombre, en vez de molestarse por el comportamiento del animal y empezar a increparlo de mala manera, tranquilamente agarró el coco, abrió un hueco con una pequeña cuchilla y se tomó el líquido. Después y con el mismo medio, aprovechó la pulpa interior, y aún se hizo una pequeña escudilla. El amigo, en vez de enojarse, se volvió hacia arriba, y, con agradecido humor, preguntó al mono: ¿No hay otro coco?

Tomar la vida así, y en ella aprovecharnos del mal, la angustia en nuestro caso, para bien. ¿Cómo? Creciendo en humildad, soportando su peso, esforzándonos por superarlos, cambiándolos en bien. En ello la oración personal y constante, unidos al Señor, puede ayudarnos mucho.

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Sábado 18 Mayo, 2024

HORA: 12:00 AM

CRÉDITOS: Juan Luis Mendoza

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