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Sucesos

Roba ¢21 mills. a remesero sin hacer un solo tiro

Cuenta a DIARIO EXTRA cómo se dieron los hechos

  • Vizcaíno recibió a DIARIO EXTRA para recordar lo viviendo en el asalto al camión remesero

  • Durante el juicio los sospechosos no lograron hablar sobre lo sucedido, por lo que fueron sentenciados

  • DIARIO EXTRA informó en su momento del atraco al camión remesero donde no hubo ni un solo disparo

  • Las cicatrices y el tatuaje en su brazo izquierdo son evidencias de su pasado carcelario

Sin hacer un solo disparo ni herir a nadie, Moisés Vizcaíno logró apoderarse de ¢21 millones cuando el camión blindado donde trabajaba se quedó varado en Los Chespiritos en el Cerro de la Muerte. Estando fuera de prisión consiguió un trabajo en una empresa de transporte de valores con toda la intención, según él, de robar y nada de trabajar.

“Estuve pensando dormir a los custodios y en ese entonces conseguí mucha gente que quería participar, luego consideré envenenarlos con un café, pero nada fue efectivo, aunque quería simular un asalto. Para mi suerte apareció ir a reparar ese carro fue el momento oportuno de dar el golpe que siempre soñé hacer, esa plata tenía que llevármela de alguna manera”, recordó.

En el vehículo viajaban dos custodios y es ahí, en 1989, donde empieza a gestarse el primer robo a un remesero a nivel centroamericano justo al comunicarle a Vizcaíno, quien en ese entonces era el custodio y mecánico de la empresa que tenía que ir a repararlo.

Minutos antes de que le dieran la orden, el funcionario recogía un menudo en un banco de Moravia. Para realizar el golpe no actuó solo, participó otro custodio, que según Moisés tuvo que obligarlo a llevarse la plata. Una vez que coronó le dio casi todo el botín a una sobrina para que lo trabajara, pero ella se lo dejó. 

“Habíamos quedado en el 4% de interés para que le diera vuelta a la plata, pero nunca recibí ni un cinco, quedó en darme algo cada fin de mes, pero fue cuento. En una oficina en Zapote me detuvo el Organismo de Investigación Judicial, 14 unidades me rodearon y volví otra vez a la cárcel porque me acusó de extorsión”, recordó.

 

ENOJO DE COMPAÑEROS

 

Acudió a reparar el camión blindado, allí mismo empezó a discutir con sus compañeros para que nadie se viniera con él pues debía traerse el vehículo de regreso. Aun así, había una orden específica de que no le pasaran el dinero a Vizcaíno.

Por lo tanto y para salirse con la suya le vociferó al chofer diciéndole que había sacado la licencia de una caja de cereal. Al otro compañero que tenía el vicio de fumar (éste le pidió un cigarro), Vizcaíno lo provocó diciéndole que gastara los viáticos que les dieron y que no fuera tan muerto de hambre. El objetivo era que nadie lo acompañara.

“Al final siempre mandaron al que me pidió el cigarro y de camino trataba de convencerlo con la idea de que al llevarse el botín todos viviríamos bien”, comentó.

La astucia de lavarles el coco a sus compañeros funcionó, ya que cuando le dieron el efectivo solo un custodio se quiso venir con él.

Según el mecánico, en el momento que tocó la decisión final, su acompañante no quiso ayudar, por lo que tuvo que encañonarlo con el revólver de reglamento, portaban armas calibre 38, y desarmarlo.

“Se arrepintió y me dijo que le diera la oportunidad que iba a cooperar, pero no era lo mismo ya que no me daba la confianza así que por las circunstancias me vi obligado a lanzarlo del auto por Sabanilla de Montes de Oca.

Me fui a buscar a otro delincuente para que me siguiera con otro carro y realizara el intercambio del dinero que iba en una maleta. Frente a su vivienda en San José, Vizcaíno aseguró que cuando les dieron la plata en aquel entonces se usaban maletas de cuero que tenían un pequeño candado.

“Llevé dos sacos de gangoche para echar ¢5 millones en billetes de ¢500, los fajos eran grandes, de mil habían ¢15 millones y el millón que sobraba era de billetes de baja denominación, ¢20 y ¢50 que casi no tomaban importancia.

Lo primero que saqué de ahí fue cierta cantidad para mandar a la cárcel La Reforma para la fuga de César González, menos no podía hacer por él ya que sus familiares eran quienes me escondieron”, explicó.

Continuando con el relato agregó: “nos fuimos a una guarida a San Cayetano, allí le di ¢2 millones por prestar el auto, a la persona de la casa la ayudé con plata por el hospedaje mientras permanecimos ahí. Tenía que llevarnos los periódicos y mantenernos informados de lo que se decía en la calle”, recordó.

Vizcaíno añadió que estuvieron 4 días guardados donde una señora. Obtuvo una cédula falsa para comprar un carro, volver a emprender la fuga y así esconder el botín donde se había coordinado con una licenciada para que lo recogiera.

 

MUJERES LO DESESTRESARON

 

Para bajar el nivel de estrés, el hombre decidió ir a Playa Hermosa con ¢1 millón en ese lugar cambiaba de mujeres todas las noches hasta que una de ellas lo entregó tras descubrir que era uno de los hombres más buscados por la Policía.

“Nos habíamos cambiado el look, me hice pasar como marinero y me puse varios apellidos, entre ellos Vargas, Ruiz, Meza, Durán y Meneses. La pasábamos bien, rodeado de mujeres guapas, había mucho sexo y licor, yo invitaba. Fue una locura”, recordó.

PLANCHA DE DIENTES LE SALVÓ 

 

En Máxima Seguridad de La Reforma, enemigos de Vizcaíno intentaron envenenarlo. Un asistente de la familia, quien llegó a visitarlo supuestamente enviado por el allegado con el botín le llevaba un cacho de crema roja que contenía veneno.

“La plancha de dientes me salvó de morir ya que la crema se me pegó en la prótesis, traté de cogerlo con la lengua y de inmediato se me durmió, supe en ese momento que habían atentado. 

Me saqué la plancha y la tiré al suelo. En mi celda siempre tenía limón agrio que sirve para contrarrestar cualquier intoxicación, por lo que me hice medio vaso y lo ingerí, luego pedí auxilio”, continuó. 

Para su fortuna ese día estaban de visita, entonces abrió la puerta de su celda y le comunicó al policía lo que sucedía para que lo llevaran al Hospital San Rafael de Alajuela, allí le hicieron un lavado.

“Con el tiempo me topé en la calle al que intentó asesinarme y lo agarré a puñaladas, quedó herido y afortunadamente no tuve ningún problema judicial porque no me señaló. Estuvo varios días en cuidados intensivos del Hospital San Juan de Dios, nunca supe más de él”, aseguró.

 

LLENO DE TATUAJES Y CICATRICES

 

Vizcaíno fue marinero por seis años y en su cuerpo tiene 14 tatuajes algunos hechos durante su vida en el mar (cuatro de ellos), y carcelaria (10). Tiene el nombre de sus hijos, esposa, un dragón, también una decena de cicatrices en sus brazos.

“Anduve en barco petrolero y de transporte de trigo, todo como mecánico. En tanto que mi vida en prisión tuvo lugar en Pérez Zeledón, Puntarenas, Heredia, San Carlos, Cartago y La Reforma, donde me conocieron como El Abogado del Diablo, razón por la que me dediqué a investigar libros de la Sala Constitucional y de Derechos Humanos. 

Estaba en las tumbas de Máxima Seguridad, ahí no se podía leer y cuando me sacaban a la hora de sol aprovechaba para estudiar y así empezó la lucha contra el sistema penitenciario, me volví el enemigo número uno de ellos”, recalcó. 

A Vizcaíno le tocó cumplir una condena de 21 años salió en el 2011 de prisión, donde pasó la mayor parte de su vida y ahora vive solo en Tibás. Tiene una lesión en su pierna izquierda, por la que se ha sometido a varias cirugías.

PERIODISTA: Manuel Estrada

CRÉDITOS: Fotos y reproducción: Jorge Castillo

EMAIL: [email protected]

Jueves 21 Septiembre, 2023

HORA: 12:00 AM

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