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Opinión

El mejor regalo para las madres de ayer, hoy y del mañana

Gloria Bejarano

Allá por los años sesenta, cuando daba inicio el movimiento de la liberación de la mujer, mi madre y mi abuela escuchaban con escepticismo las arengas poniendo en duda los “beneficios” que le traería a la mujer esa supuesta liberación que iniciaba con la incorporación de la mujer al mundo laboral.

Ninguna de las dos ponía en duda la capacidad de la mujer para desempeñar cualquier cargo o trabajo, pero insistían en la necesidad de prepararse para una verdadera trasformación de la sociedad a través de la educación. Pero recuerdo que su preocupación iba más allá: ¿quiénes asumirían las tareas del hogar?, ¿quiénes tendrían a su cargo el cuido y educación de los hijos? Concluían su análisis advirtiéndonos a mi hermana y a mí que las madres acabarían trabajando el doble.

Por alguna razón que no alcanzo a comprender, mi hermana y yo estábamos convencidas de que automáticamente se ajustarían los roles y que, en ese mundo ideal, hombres y mujeres gozarían de los mismos derechos, obligaciones, oportunidades y salarios. El tiempo siguió su curso y millones de mujeres alrededor del mundo se incorporaron a la vida laboral, haciendo la diferencia, abriendo el camino para nuevas generaciones de mujeres e irrumpiendo con su presencia en la historia de sus pueblos.

Unas antes que otras, ocuparon tímidamente cargos en laboratorios espaciales, quirófanos, hospitales, oficinas y despachos profesionales; otras abrieron camino en el mundo cultural, social y empresarial comenzando a escalar posiciones en los negocios y la política. El reconocimiento a la excelencia de su trabajo tardó décadas en llegar, los ascensos y el pago salarial nunca fueron ni proporcionales ni igualitarios y si bien los requisitos para asumir un puesto es el mismo para todos, para nadie es un secreto que, en igualdad de condiciones, tiene más probabilidad de ser contratado el hombre que no sufre las “inconveniencias” que tiene el estar casada, tener hijos o “correr el riesgo” de quedar embarazada. 

Han pasado más de sesenta años desde que escuché aquella advertencia que en su momento consideré pesimista y negativa, nunca imaginé que el camino de la igualdad estaría plagado de tantos prejuicios, de miedo, de egoísmo, de actitudes machistas y patrones patriarcales; de sacrificios, frustraciones, discriminación y dolor para millones de mujeres alrededor del mundo.

No sé en qué nos hemos equivocado, pero los años pasan y cuando creíamos que se había avanzado una pandemia vino a destruir en poco más de dos años mucho de lo construido por décadas. Durante este tiempo se han multiplicado las tareas de la mujer y la madre, se ha exacerbado la violencia de género y la desigualdad crece.  La pandemia, con su cuarentena, nos ha devuelto en el tiempo evidenciando cuán frágiles han sido nuestras conquistas y lo mucho que queda por hacer.

Ha sido doloroso ver que durante la pandemia las mujeres, muchas de ellas madres de familia, han sido las primeras en perder sus trabajos, las que han tenido que reinventarse para generar recursos, las que viven la pobreza con mayor severidad, las que se multiplicaron para cumplir con el trabajo y las tareas en el hogar, las que siguen a cargo de la educación de los hijos y el cuido de los ancianos y los enfermos.  

Aún no hemos salido de la pandemia, pero es urgente desde ya comenzar a construir el futuro reconociendo los errores del pasado, valorando los logros y proyectando las acciones que nos permitan crear un mundo diferente en el que las promesas que nos hicieron hace 60 años cuando niñas, sea una realidad para nuestras hijas y nietas. Lo hemos intentado de muchas formas: leyes, proclamas y normas, programas educativos, campañas de concientización, manifestaciones y declaraciones y no podemos negar que ha habido avances y triunfos, hemos creado una mayor consciencia, pero es evidente que la pandemia nos ubicó en una realidad que no esperábamos enfrentar.

Por siglos las mujeres, especialmente las madres, han hecho ver fácil el trabajo del hogar: mágicamente la comida llega a la mesa, se lavan los platos, se guarda la ropa, desaparece el lodo de la entrada y la tarea llega al bulto de los niños… entre otras tareas que no se notan hasta que nadie más las hace. Esto puede haber sido el error que hizo que el trabajo de las madres se haya subvalorado, yo prefiero pensar que su trabajo es tan valioso que no tiene precio, porque además del esfuerzo tiene el valor agregado que le da el amor, la entrega y el sacrificio con que las madres cumplen sus tareas y cuidan de sus familias. 

Este Día de la Madre, como regalo para ella, pensemos cómo desde nuestra realidad, en el seno de nuestros hogares, podemos hacer la diferencia y educar las nuevas generaciones para que rompan de una vez y por todas con los patrones del pasado y den a la mujer el lugar que le corresponde en la sociedad, en el trabajo y en la familia. Este puede ser el mejor regalo que podamos ofrecer a las madres de hoy, de ayer y del mañana. ¡Feliz Día de la Madre!

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Sábado 13 Agosto, 2022

HORA: 12:00 AM

CRÉDITOS: Gloria Bejarano

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