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Opinión

Vivir la vida

Juan Luis Mendoza

La realidad es esta y este es el misterio: no nací por mi voluntad, me echaron a la vida. Mi vida es un pasar y mi fin: la muerte, aunque ya el mismo pasar es morir cada día un poco. Ahora bien, la vida, ese pasar es un misterio, es un problema. No es algo ya hecho sino por hacer: ¡hay que vivir la vida! Es decir, hay que enfrentarse consciente y responsablemente a la existencia y ver qué se hace con ella, tarea exclusivamente personal; si yo no lo hago, nadie lo hará por mí.

A diferencia de los animales, el ser humano se siente solo, separado de los demás seres de la creación, insatisfecho, sumido en múltiples problemas. Y, consciente de sí, de su absoluta singularidad, tiende a angustiarse, incapaz de relacionarse con facilidad y agrado con sus semejantes y lo creado. ¿Qué hacer?

El hombre o la mujer es un ser limitado e indigente. Es un ser, por lo mismo, que necesita relacionarse con los demás para vivir. No cabe en nuestra cabeza un ser humano en total aislamiento. En la esencia misma del hombre está el ser él mismo y ser para el otro. “Si ser soledad (interioridad, mismidad) es constitutivo de la persona, también lo es, y en la misma medida, ser relación”, observa el Padre Larrañaga. El ser humano está esencialmente y referido a los otros: es un “yo” en función de un “tú” o un “nosotros”.

Lo primero es sentirse persona, verse como persona, y no como objeto o cosa. Un alguien que merece respeto sumo. Y lo mismo he de hacer con todos y cada uno de los demás que, al igual que yo, son también personas y merecen infinita consideración.

No echar en olvido, en segundo lugar, que el “tú” o el “nosotros”, no es absorción y dominio del uno por el otro, anulada la propia individualidad.

A propósito, cierro el escrito con esta explicación de nuestro autor: “En la verdadera relación tiene que haber integración de dos integridades, y no absorción. Tiene que haber unión y no identificación, porque en toda identificación cada uno pierde su identidad. En la absorción se da un desdichado juego de pertenencia y posesión. Ambos sujetos son dependientes. Ninguno de los dos puede vivir sin el otro”. Y recuerda a continuación que “persona madura es aquella que no domina ni se deja dominar”. Sigo otro día, Dios mediante. 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Sábado 13 Agosto, 2022

HORA: 12:00 AM

CRÉDITOS: Juan Luis Mendoza

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