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Opinión

La paz se construye cada día

Editorial

“No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla”

Eleanor Roosevelt

 

Costa Rica atraviesa momentos muy difíciles. Hemos visto en los últimos meses episodios violentos, enfrentamientos entre ciudadanos y policías, heridos, carros quemados, bloqueos y malestar popular. 

La crisis que nos aqueja, el desempleo, el alza en el costo de la vida, la restricción vehicular y la inoperancia del gobierno a todos nos tienen indispuestos, enojados, cargados de furia, pero no hay justificación alguna para pasarnos al bando de la violencia. 

Tenemos paz, pero debemos cuidarla con recelo. La paz se construye y debe mantenerse, esa es la premisa. La paz puede perderse en un abrir y cerrar de ojos, ese es un peligro latente.

Hay varios términos de la paz. El primero y más amplio se refiere a la ausencia de guerra, a todo aquello vinculado o relacionado con los conflictos violentos entre estados o internos.

Un segundo concepto hace alusión al nivel individual y social, la paz es el estado ideal al que pueden aspirar un ser humano y una sociedad. 

El ideal es una situación de equilibrio y armonía del individuo; es la ausencia de conflictos y luchas.

Justamente hoy se conmemora el Día Mundial de La Paz y una gran mayoría de las personas le resta importancia a una fecha como esta. Muchos no entienden el sentido más profundo de esa condición de tranquilidad y otros tampoco la valoran como una forma de vida idónea. 

Vivir en paz es un privilegio. En este país tenemos una cultura muy extensa en el tema, nos distinguimos en el resto del mundo por ser “pura vida”, pero además por no poseer fuerzas armadas, eso es mucho decir.

Ciertamente estamos acostumbrados a vivir sin conflictos de tipo político y hace más de seis décadas no conocemos, gracias a Dios, el estallido de un cañón o el sonido de un proyectil al ser percutido. 

Podemos salir de nuestros hogares, no conocemos un toque de queda, ni los desfiles de hombres y mujeres al compás de marchas militares. Eso es paz de alguna forma, estabilidad. 

En un mundo convulso, donde la violencia aumenta a pasos agigantados y las guerras se cobran millones de vidas, Costa Rica da la posibilidad a sus habitantes de no tener que enlistarse obligatoriamente a un cuerpo armado, de elegir el diálogo a las armas, a la confrontación.

Ryoichi Sasakawa, conocido político y filántropo japonés nacido el 4 de mayo de 1899 en Osaka, dijo en una de sus visitas a Costa Rica: “Dichosa la madre costarricense que sabe que su hijo al nacer jamás será soldado”.

Es cierto, somos dichosos los ticos al saber que no tenemos que empuñar un rifle, que no usamos ropa de fatiga ni estamos bajo el yugo opresor. Nuestro país lleva siete décadas de paz absoluta.

Solos los costarricenses sabemos lo que es ese sentimiento genuino de libertad. Una generación completa y sus descendientes podemos decir que Costa Rica no ha requerido el disparo de los cañones ni el toque de queda para defender su soberanía, para administrar el poder y menos para dominar a su gente. 

Desde hace 72 años todos los ticos tenemos el privilegio de vivir en un país que no necesita un ejército para salir adelante. Le hemos demostrado al mundo que hay muchas maneras de luchar sin tener que sacrificar a las personas, conocemos el valor del diálogo y la diplomacia. 

Lo anterior a pesar de que prácticamente todos los países que nos rodean en Centroamérica y el resto del continente americano cuentan con grandes grupos de hombres armados dispuestos a enfrentarse y derramar sangre. No lo criticamos, pero no podemos entenderlo tampoco porque la fuerza no ha sido el mecanismo para resolver los conflictos.

Costa Rica es el ejemplo de la región de que la inversión en educación trae mejores resultados, empodera a las generaciones y resulta un escudo efectivo ante las afrentas como el crimen organizado, la delincuencia común, los gobiernos autoritaritos y la ignorancia.

Hay naciones que jamás entenderán el poder de las palabras y gobernantes que necesitan fuerzas armadas para dominar a sus pueblos, pero Tiquicia sabe exactamente lo que vale un niño o un joven en las aulas y no en bases militares.

El expresidente Julio María Sanguinetti usó una de las frases más hermosas para describir a los ticos: “Donde haya un costarricense, esté donde esté, hay libertad”. Es más que cierto porque la libertad la llevamos en nuestro ADN, la transportamos a otras latitudes como un estandarte.

Cuidando nuestra paz debemos seguir generando calidad de vida, aportando al progreso y alimentando a la sociedad, pues un Estado fallido es el caldo de cultivo para la violencia, la negligencia, el descuido y la descomposición social, que terminan promoviendo los ejércitos.

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Martes 01 Diciembre, 2020

HORA: 12:00 AM

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