Viernes 04, Diciembre 2020

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Opinión

Soluciones ya

Marta Acosta Zúñiga

Nadie ignora que Costa Rica experimenta un momento histórico difícil cuyas implicaciones son de carácter estructural, el cual conlleva, para la ciudadanía consciente, una profunda preocupación. Las cifras hablan por sí mismas, la situación se ha tornado intrincadamente compleja y la realidad muestra un rostro de severidad que nadie puede soslayar.
Es preocupante ver la forma en que naufragan las finanzas públicas y muy doloroso percatarse, al mismo tiempo, del deterioro de las conquistas sociales que por tanto tiempo han sido orgullo de la sociedad costarricense. Y si bien es cierto la pandemia ha agravado la problemática, también lo es que el país no ha sabido tomar las decisiones requeridas para evitar llegar el actual estado de cosas. Entonces, la pregunta más importante en estas circunstancias es:

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO POR EL PAÍS?

No tiene sentido llorar sobre la leche derramada ni tampoco hacer una evocación sobre tantas advertencias realizadas. No obstante, desde la función que ostento y como ciudadana que soy, contemplo un país consumido en discusiones que lucen estériles ante una situación tan delicada; actitudes y comportamientos como el de las personas que opinan sin conocimiento técnico y proponen soluciones inmediatistas sin abordar la raíz de los problemas; y personas intransigentes con respecto a las posiciones de otros cuyos argumentos merecen análisis y consideración.
Algunas personas procuran entorpecer cualquier intento de construcción y sectores que solo velan por lo suyo sin ningún afán de atender los problemas comunes. Por eso, el doble discurso termina cayendo al llegar el momento de la verdad.
Al mismo tiempo, están quienes proponen soluciones de manera responsable y aun así no son escuchados. Finalmente están aquellas personas, que muestran una notoria pasividad ante los acontecimientos; como si nada estuviese ocurriendo, por lo que su indiferencia es igualmente pasmosa.
En fin, toda una gama de actitudes y comportamientos que en poco o nada contribuyen a la urgente atención de los temas centrales que nos afectan como sociedad. En lo que respecta en general a tomadores de decisiones estratégicas, en los poderes formales y en las dirigencias de las mismas organizaciones de la sociedad civil, no parece existir (lo cual juzgo por los resultados hasta ahora) ni la suficiente conciencia ni la premura necesaria ni tampoco coherencia ni articulación, para solventar la gravedad de la situación fiscal que experimenta el país.
Por esta vía se pierde así la oportunidad para atender los asuntos estructurales del Estado, a la que definitivamente le ha llegado su hora. Pierde además la Hacienda Pública, pierde Costa Rica, y a fin de cuentas perdemos todos por cuanto además estamos incidiendo, no para bien, en el futuro de los más jóvenes, aunque desde ya lo hacemos golpeando a los sectores más vulnerables de la población.

LO CIERTO ES QUE NO HAY TIEMPO

Mientras tanto, el descalce de la operación del Gobierno Central al mes de setiembre de 2020 llega a una diferencia de ¢2,1 billones entre los ingresos corrientes y los gastos corrientes, y el déficit financiero alcanza el 6,8% del PIB, magnitudes inéditas y alarmantes.
El déficit autorizado en la Ley de Presupuesto para 2020 supera el 11% del PIB, mientras que el Ministerio de Hacienda estima cerrar en un nivel relativamente menor con sus acciones de política.
Este reiterado desfase ha llevado el nivel de deuda a niveles insostenibles. El endeudamiento del Gobierno Central pasó de aumentar dos puntos del PIB en 2009 a más de 5 puntos del PIB por año en 2019. Ya al mes de setiembre de 2020, el saldo alcanzaba el 69,2% del Producto Interno Bruto.
Es decir, en solo 9 meses se ha incrementado en 10,7 puntos del PIB, lo anterior generado también por la caída en la producción. El espacio fiscal se agota cada vez más temprano en el año, siendo que tenemos solo tres meses de sana hacienda, lo cual es una situación completamente inadmisible.
Las proyecciones para 2021 no generan ninguna esperanza y mientras tanto no se vislumbran acciones concretas y eficaces para revertirlas.

SOLUCIONES

Parece haber diferentes vías. Desde la Contraloría y en materia de Hacienda Pública, sin entrar a aspectos de organización del Estado ni de política pública, hemos puesto sobre la mesa temas profundos que requieren ser revisados, priorizados y modificados gradualmente, recordando que los determinantes de cambio no son únicamente los temas fiscales, es decir, hay una combinación de factores que empujan hacia una ineludible reforma del Estado: cambio demográfico, climático, transformación digital, escasez de recursos, eficiencia de los servicios, entorno disruptivo (pandemia, tecnología) entre otros.
Por ello, a la hora de tomar decisiones es imprescindible tener visión integral de mediano y largo plazo, articulación y coherencia no solo de los actores sino también de los asuntos por resolver, algunos de los cuales son bastante especializados y demandan por tanto de personas experimentadas para su atención. Debemos tener humildad y confiar en quienes pueden realmente contribuir de buena fe a proponer soluciones.
Específicamente sobre el tema fiscal, esa brecha entre ingresos y gastos que no hemos sido capaces de cerrar con ingresos frescos por muchos años, la hemos cerrado con endeudamiento. Eso no es nuevo y es precisamente el origen de nuestro grave problema fiscal. Entonces, ¿cómo reducir el gasto y aumentar el ingreso? Debe haber muchas respuestas.
En términos generales, por el lado del ingreso, la CGR ha planteado como alternativa la revisión de la eficiencia del sistema tributario (cantidad y eficiencia de los tributos), revisión del gasto tributario (plazo, fuente alternativa de ingresos, análisis costo beneficio de las exoneraciones), evasión y elusión (planes efectivos, inteligencia tributaria, controles cruzados).
Por el lado del gasto, urge revisar destinos específicos (resultados, propósito, plazo, ajuste en las asignaciones), empleo público (ley general, enfoque integral, salario global, transparencia de normas), transferencias corrientes (propósito, calidad del gasto), diseño institucional del Estado (competencias, recursos, normas, duplicidades, propósitos).
Otros temas que ha planteado la CGR, menos estructurales pero urgentes para eficientizar el gasto, son por ejemplo las adquisiciones públicas únicamente a través de Sicop y el manejo eficiente de la liquidez pública de forma centralizada (puede generar ahorros en los costos de administración de la misma, así como transparentar el manejo de los fondos públicos), entre otros.
La eficiencia del gasto pasa necesariamente por una integración y simplificación de los procesos de recaudación y transformación de los recursos en servicios para la satisfacción del interés público. Costa Rica urge una gestión financiera pública integrada, que no opere en silos como lo hace actualmente. Un sistema donde se puedan conectar por medio de una plataforma única o interoperable, todos los presupuestos públicos, independientemente del actor que los apruebe, el sistema de planificación nacional, el sistema de empleo, de recaudación, de pagos, etc.
Esto sería evolucionar de una visión institucional fragmentada y que se enfoca en el cumplimiento de normativa hacia una gestión financiera comprensiva de toda la Hacienda Pública, con énfasis en los flujos y los procesos para que por medio de las economías de escala y procesos estandarizados, se logre un uso más eficiente de los recursos públicos.
El proyecto Hacienda Digital del Bicentenario que se discute en la Asamblea Legislativa podría sentar algunas bases para esta idea y no quedarse únicamente aislado en el Ministerio de Hacienda. El contexto fiscal actual exige además la integración de las decisiones de corto plazo con las de mediano y largo, atendiendo no solo el inmediatismo sino también la sostenibilidad de la provisión de servicios públicos, a partir de la operacionalización del principio de plurianualidad y sostenibilidad establecidos en el artículo 176 de nuestra Constitución Política.

ACUERDOS Y RESPONSABILIDAD HISTÓRICA

Tengo la esperanza de que estas ideas, junto a otras muy valiosas de diversos actores, sirvan como punto de encuentro a las profundas y técnicas discusiones que han de fructificar con prontitud en ansiadas soluciones. El diálogo social ha sido abierto en la sociedad costarricense por diversos sectores y por el Gobierno de la República en momentos realmente críticos; oportunidad que debemos aprovechar sin ambages. Ya no hay tiempo.
Los tomadores de decisiones y grupos de interés deben saber muy bien, que este es el momento preciso para lograr acuerdos en bien del país; apelando a que el interés general sea el Norte. Para ello es imprescindible dejar a un lado egos, intereses particulares, así como la desconfianza y esos miedos que causan tanto daño entre los diversos actores sociales.
Es momento de lograr, con sabiduría y valentía, que el país pueda superar esta delicada transición; al igual que lo hicieron los hombres y las mujeres valientes de este país en el pasado. Honremos su memoria con nuestros actos. Estoy segura, como muchos costarricenses conscientes, de que nadie en su corazón en este país quiere heredar retroceso, desigualdad y pobreza a Costa Rica.

*Contralora General

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Martes 27 Octubre, 2020

HORA: 12:00 AM

CRÉDITOS: Marta Acosta Zúñiga*

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