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Opinión

Crisis, manifestaciones, amenazas, democracia

Marvin Herrera Araya

CRISIS. Es evidente que todos los costarricenses estamos viviendo, de una u otra manera, la prolongada crisis sanitaria, agravada por el fuerte aumento diario de los contagiados, el incremento de hospitalizados y fallecimientos; la crisis económica, consecuencia del confinamiento, cierres y demás restricciones del gobierno; las cuales, aunque pensadas para mitigar los contagios, están generando la quiebra de miles de negocios comerciales, de micro, pequeñas y medianas empresas, del sector productivo y, por ello, causa de la crisis social: desempleo, hambre y la agudización de la pobreza y la pobreza extrema.

Unido a estas crisis, se debe agregar la crisis emocional de miles de costarricenses, originada en el miedo, el sufrimiento, la inseguridad y desesperanza de no ver claro su futuro personal y familiar. 

MANIFESTACIONES. Resulta razonable, comprensible, legítimo, que se hayan dado reiteradas y pacíficas manifestaciones públicas de agricultores, trabajadores independientes, propietarios de establecimientos comerciales, restaurantes y de ciudadanos con cacerolas, pancartas y pitos, después de cinco meses de inactividad laboral, comercial o productiva y de ver interrumpidos sus ingresos regulares y sus reservas económicas en cero o altamente disminuidas, que les impiden pagar impuestos, empleados y atender las necesidades básicas de sus familias. Razonable, comprensible y legítimo, porque este gobierno del PAC no ha logrado el necesario justo equilibrio, para que las crisis económica, social y emocional no sean más graves que la sanitaria. 

Bien se viene diciendo que todos, gobierno y población, tenemos que aprender a convivir con el virus, pues el confinamiento, los cierres de comercios y las restricciones vehiculares, no han detenido la transmisión viral, mientras que las crisis económica, social y emocional se agravan rápidamente.

Si el gobierno no atiende, integralmente, la evolución progresiva de las crisis que nos abruman -no solo la sanitaria-, será difícil que dicho comportamiento colectivo sea la pauta que nos lleve, responsable y solidariamente, a la recuperación económica y del empleo, antídotos del desempleo, la informalidad, del hambre, la desesperación e incertidumbre ciudadanas.

A falta de una esperanzadora y coherente respuestas del Gobierno, muy demandada, las personas hastiadas optan por tirarse a la calle, clamando por tener trabajo, un derecho consagrado en la Garantías Sociales. La campaña “Quédate en casa” pierde fuerza, sobre todo, en las familias vulnerables, pues si no trabajan no comen y en quienes tienen sus negocios y se ven quebrados económicamente.

AMENAZAS. La arrogante, amenazadora y retadora conducta del Presidente Alvarado, más propia de gobernantes déspotas por el abuso de autoridad, definitivamente, no contribuye a la paz, concordia y tranquilidad del pueblo ni de sus diversos sectores. Conducta percibida en sus manifestaciones públicas.

Se le olvida al Presidente de la República que fue electo en Democracia y que debe gobernar bajo valores y principios democráticos, a no ser que nuestro sistema político lo fastidie por tener otra preferencia ideológica. Habrá que recordárselo, constantemente, para que su sordo y ciego actuar no genere más manifestaciones ni tengamos que vivir disturbios, vandalismo, asaltos, asesinatos, secuestros, violencias que no han sido el pan de cada día de los costarricense.

Sus amenazas y chantajes lo alejan de ser un Presidente democrático y humanista. Pide más y más ingresos a la Asamblea Legislativa con la amenaza de no pagar salarios ni pensiones, pide la aprobación de más y más créditos bajo el escudo de que el 10 por ciento de éstos serán destinados a la CCSS.

¡Y si no lo cumple! ¿Qué destinos tuvieron los recursos del paquetazo de impuestos? Se vale dudar. 

DEMOCRACIA. Lo que viene sucediendo con el Presidente Alvarado nos recuerda lo escrito por Hans Kelsen, al referirse a formas de gobierno. Habla de gobiernos monárquicos, cuando “… el poder soberano de una comunidad pertenece a un individuo”.

Esta está muy lejos de nuestra tradición republicana y democrática. Luego, se refiere a los gobiernos republicanos: de corte aristocrático, cuando el poder lo ejercen las minorías, esta sí se parece a los gobiernos PAC; y de signo democrático, el gobierno de las mayorías, ignoradas, sin duda, por el actual gobernante, quien, además, olvida principios esenciales de la Democracia como el de libertad, igualdad, el primado de la voluntad de la mayoría, sin impedir la participación de las minorías, en una “… atmósfera política de entendimiento y acuerdos que garantizan la estabilidad de un sistema democrático”.

También, se olvida del valor de la “discusión pacífica como sustitución de la fuerza”, pues amenaza a empresarios, reprime a la prensa y limita el ejercicio de la libertad a los ciudadanos disconformes. ¡Muy lamentable!

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Jueves 13 Agosto, 2020

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