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Opinión

Pobreza y fraternidad

Juan Luis Mendoza

Dentro de esta serie sobre san Francisco de Asís y su Obra, lo que va escrito a continuación sería para vivirlo como lo viviera él y sus compañeros. En caso contrario, es difícil siquiera entenderlo. Del mismo Francisco es esta sentencia: “Se sabe lo que se vive”. Y más en un mundo como el que nos toca vivir, materialista y consumista. Para nuestros protagonistas la lógica es esta, que vamos a tratar de explicar: de la pobreza a la fraternidad y la alegría. Sobre los hechos en la vida de los hermanos, las afirmaciones del Hermano, algunas en boca del Padre Larrañaga, franciscano-capuchino tan conocedor de la espiritualidad franciscana y tan allegado en la práctica a ella. Veamos.

En Rivotorto no cuentan literalmente con nada, pobreza absoluta. Y de ahí la alegría: “Somos los hombres más alegres del mundo, porque nada tenemos”. Viven de la limosna y, a la vuelta el hermano mendigante se le ve feliz con lo que ha recogido. Francisco exclama: “Bendito sea nuestro hermano que ha ido a mendigar sin hacerse rogar, y ahora vuelve a casa de tan buen humor”.

Una noche alguien se queja de que se muere de hambre. Arriba todos y a comer lo que haya, algunas nueces y aceitunas… Así lo hacen y, después de la fiesta, todos felices a seguir durmiendo en paz. Todos menos Francisco, que piensa si no exageran lo concerniente a la pobreza, porque sí tiene claro que el hermano está por encima de todo y todos, y todos en función de él. El Padre Larrañaga, haciéndose eco de ello escribe: “Para esos momentos no había ninguna prioridad, ni siquiera la de la pobreza. Lo único importante era el hermano mismo. No importaba que fuese día de ayuno riguroso. Nada importaba el silencio y otras formalidades”.

Primero fue vivirlo y después codificarlo. Y aún antes el pensarlo, el razonarlo, el justificarlo, como lo hace el mismo Padre Larrañaga: “Y aquí empezaba el gran salto: de la pobreza a la fraternidad. Allí donde los miembros de una comunidad se bastan para todo y no tienen necesidades, ahí es difícil la fraternidad, casi imposible. Más que los principios, más que las ideas, es la misma vida la que va abriendo cauces fraternos. Donde se da una necesidad, viene la ayuda del otro. La pobreza crea necesidades, y las necesidades abren a los hermanos unos a otros”. Francisco lo dice así en su legislación: “Dondequiera que estén o se encuentren unos con otros, manifiéstense mutuamente domésticos entre sí”. Domésticos, o sea, familiares, acogedores, protegidos, seguros. De la pobreza a la fraternidad.

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Sábado 01 Agosto, 2020

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