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Espectáculos

Flores locales reducen la huella de carbono

La tendencia de las “slow flowers”

  • Se pretende usar flores locales para reducir la huella de carbono

  • Muchas personas se dedican a la jardinería en países europeos porque genera dinero

  • En Holanda son especialistas en distribución y venta de flores, al punto que sin importar dónde se produzca un cultivo siempre llegará a este país

París, Francia. (AFP)- Holanda, baluarte mundial del negocio de las flores, comercializa a diario las flores de Francia en Francia. Para contrarrestar esta hegemonía y vender ramos con una huella de carbono más baja, se está desarrollando en Europa el fenómeno “slow flowers”.
En los suburbios de Ámsterdam, el incesante trajín de las carretillas elevadoras se ha reanudado en las últimas semanas, a medida que el comercio mundial se iba desconfinando tras el parón provocado por la epidemia de coronavirus.
“En este mercado, comercializamos 30 mil variedades diferentes”, explica con orgullo Michel Van Schie, portavoz de la cooperativa Royal Flora Holland, un gigante hortícola holandés por el que transitan cada día flores del mundo entero.
Las cifras varían según las fuentes, pero Thierry Louveau, jefe de la filial francesa de otro gigante holandés, FleuraMetz, asegura que “el 70% de la producción mundial de flores transita por Holanda, aunque no se produzca necesariamente en Holanda”.
La historia de amor de Holanda con la horticultura es ancestral. En el siglo XVII llegó incluso a provocar el primer crac bursátil de la historia, cuando la especulación basada en el comercio de bulbos de tulipanes disparó sus precios antes de derrumbarse.
“La aceleración”, según Louveau, se remonta a los años 1950 con la creación de mercados de venta mediante un sistema de subastas electrónicas invertidas en las que el precio baja progresivamente hasta encontrar comprador. Los gestionan grandes cooperativas.
“Holanda supo organizarse para comercializar la flor, concentrando la producción, la logística, creando cooperativas que facilitaban la comercialización”, estima.
Una supremacía fomentada por el Estado holandés, que todavía subvenciona el consumo de energía de los invernaderos.
Holanda también puede apoyarse en una producción deslocalizada todo el año, hacia países del hemisferio sur con mano de obra barata. En ocasiones llega a ser tan crucial para la economía de estos países como para la de Holanda.
Como en Kenia, donde las flores se cultivan antes de ser enviadas a Holanda y distribuidas por todas partes.
“El sector emplea directamente a 200 mil personas en granjas y representa más de un millón de empleos inducidos, que son el sustento de 4 millones de personas”, explica a la AFP Clement Tulezi, presidente del Consejo de Flores de Kenia, una organización que supervisa el sector hortícola del país.

LA LOGÍSTICA HOLANDESA

Sobre todo dispone de una logística muy eficaz, con múltiples camiones que recorren el continente europeo. Resulta difícil competir con ella.
Para ser comercializadas, “hay flores producidas en Francia que se van a Amsterdam y que vuelven a Francia”, explica Benjamin Perot, uno de los cofundadores en 2016 de Monsieur Marguerite, un florista ecorresponsable, que cita por ejemplo una parte de la producción francesa de peonias.
Otro ejemplo: “El tulipán de Niza se produce en la región de Niza (sureste de Francia), lo compra un mayorista, va físicamente a Holanda donde es evaluado en el mercado de subasta que fija su valor y luego se redistribuye” en Francia, a veces incluso en Niza, explica Hortense Harang, cofundadora de la plataforma Fleurs d'Ici.
Ante esta competencia, muchos cultivadores de flores franceses han tenido que cerrar o cambiar de método.
“Están el precio del terreno que te empuja a irte, la dureza del oficio, las jubilaciones tan bajas que la tentación de vender es grande y la competencia. ¡Nunca subes los precios!”, resume Marie-Line Lanari, exproductora de claveles reconvertida en los lirios, en su explotación en la Costa Azul.
Val'Hor, la organización interprofesional francesa de horticultura, calcula en un 85% la proporción de flores importadas. “En 1972, había 30 mil explotaciones hortícolas en Francia, hoy hay 3.500”, lamenta Hortense Harang.

“SLOW FLOWERS”

Al igual que otros, Harang quiere frenar y si fuera posible revertir esta tendencia y reducir la huella de carbono de las flores, alentada por la creciente demanda de los consumidores desde la epidemia de Covid-19.
“Lo que emerge de la crisis es una voluntad de comprar productos franceses, de comprar localmente, un fenómeno que es como un calco del de la alimentación, se llama ‘slow flowers’, llega de Estados Unidos”, confirmó a la AFP el presidente de Val'Hor Mikaël Mercier.
Todo un reto, según Perot: “Hay mayoristas que intentan hacer que aumente la proporción de flores francesas, pero hoy en día es muy complicado garantizar el 100% francés”.

FALLA LA RED TERRITORIAL

Recurriendo al mercado holandés, un florista de Biarritz (suroeste de Francia) puede tener hoy, pulsando un botón la víspera para el día siguiente, “cualquier flor” en su tienda, una rapidez “impensable” en una Francia “no lo suficientemente estructurada”, según Perot.
Para contrarrestar esta debilidad, Harang ha creado con la start-up Fleurs d'ici (Flores de aquí) un software de gestión integrada (ERP) que conecta en Francia, Bélgica, Italia y el Reino Unido “un horticultor con un florista independiente, una unidad de distribución descarbonizada (bicicleta o vehículo eléctrico) y un cliente local”.
El fenómeno de la relocalización no se limita a Francia: en el Reino Unido, jefe de filas del movimiento en Europa, la cooperativa Flowers from the farm (Flores de la granja), que reúne a productores de todos los tamaños, contaba en 2018 entre 400 y 500 miembros. Ahora afirma tener “más de 800”.
Según Harang, Italia, donde nació el movimiento “slow food”, y Bélgica también están “de lleno en ello”.
Las start-ups y los floristas no son los únicos en posicionarse para satisfacer esta demanda de flores “locales” en Europa, que también atrae a los propios holandeses.
Para rentabilizar el transporte, “hemos pensado en añadir (en los camiones) plantas verdes francesas a las flores francesas”, explica Louveau del grupo holandés FleuraMetz. Un proyecto que estaba previsto para marzo/abril pasado, pero que tuvo que aplazarse por la crisis sanitaria.
La parálisis de la actividad económica por la epidemia ha resaltado en los últimos meses los riesgos de ruptura en la cadena de suministro en un mundo ultraglobalizado y ha puesto de moda la producción local, industrial, farmacéutica o textil, las ganas de dar prioridad a las flores producidas en Francia, destaca Sylvie Robert, directora de la asociación Excellence Végétale, que desarrolla el sello de calidad Fleurs de France creado en 2015.
“Vamos a llegar a cerca de 2 mil empresas involucradas”, dice Robert, según la cual en los primeros seis meses de 2020, “cadenas de distribución importantes” como Auchan se han sumado a la iniciativa.
Después del pico de la crisis sanitaria, “no es un pequeño auge, sino un gran auge”, con “hasta diez solicitudes al día” a partir del mes de abril contra “una o dos” normalmente, señala.

LA ROSA, ESPINA EN LOS CIRCUITOS CORTOS

Hay un obstáculo: la rosa, que representa “el 45% del mercado de las flores”, recuerda Louveau.
Él no niega la “voluntad de flores de temporada”, pero está convencido de que el consumidor “querrá regalar rosas todo el año”. Y, según Fleurs d'Ici, en Europa, la temporada de las rosas comienza en mayo-junio y termina en noviembre.
Un punto que hace que los floricultores kenianos sigan siendo optimistas. “Es posible que no veamos un crecimiento de dos dígitos como en la última década”, afirma Tulezi, pero los productores kenianos “siempre serán más eficaces”.
Sobre todo porque por ahora el florista no está obligado a indicar la procedencia de las flores, “a diferencia de los alimentos”, lamenta Masami Lavault, floricultora urbana en París.
Aunque los comienzos pueden ser difíciles, “hay una tendencia real a la instalación de productores jóvenes”, estima Perot.

“MÁS CERCA DE LA GENTE”

Masami Lavault es pionera en la relocalización de las flores en Francia. Al amanecer acude con una podadora a un campo de 1.200 m2, detrás del cementerio de Belleville en París, para tallar las arañuelas de Damasco (también conocidas como neguillas), las flores de cosmos, las caléndulas... Entre 200 y 250 especies.
“Es demasiado: en general en agricultura intentamos no complicarnos la vida. Pero para mí, es muy importante tener una gran diversidad, por la elección que permite a los clientes y también porque un lugar donde hay muchas, muchas plantas diferentes, es un lugar más resiliente”, explica.
Dos días por semana, la treintañera recoge sus flores multicolores, tratadas sin agentes químicos, para venderlas a floristas y a particulares.
“Lo más interesante es hacer ventas directas. Para la gente es genial poder venir aquí, ver cómo funciona, ver un campo de flores (...). El objetivo de la microagricultura es estar lo más cerca posible de las personas que van a consumir el producto”.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Sábado 01 Agosto, 2020

HORA: 12:00 AM

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