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Opinión

Comunicación orwelliana para la postmodernidad

Rodolfo Molina Meléndez / ANFE

Se ha “filtrado” un mensaje del presidente el domingo 19 de julio de 2020. El mensaje “bien editado” coloca al frente una de las prioridades de este gobierno y del Estado que son controlar la retórica, el significado de ciertas palabras y ubicar de un lado o de otro a los “enemigos”. En las novelas “Rebelión en la Granja” y “1984”, ambas de George Orwell, el autor dibujó muy bien los principios de la comunicación política a los que toma mano el Estado; hoy 70 años más tarde.

En su mensaje filtrado, el Presidente Alvarado hace énfasis en una pregunta para definir quiénes son amigos y quiénes son enemigos, quiénes son solidarios y quiénes son caníbales, quiénes son responsables o quiénes son calculadores. No es la primera vez que el gobierno toma mano de esta retórica; le ha probado ser efectiva para pasar cuanto proyecto ha presentado en medio de la pandemia, así como también para sostener decretos de dudosa legalidad. No podemos tener duda alguna de su efectividad pues los recursos de comunicación del gobierno central son hoy virtualmente ilimitados.

La retórica simplista pero efectiva, de polarizar la discusión, encuentra un terreno fértil, muy fértil, en los sistemas democráticos modernos. Acá los actores políticos más superficiales como lo son las cabezas de los supremos poderes, ven siempre “condicionado” su actuar sobre el cálculo de las elecciones más próximas. Así lo han demostrado jueces constitucionales ignorando por completo garantías constitucionales o bien diputados votando casi de forma unánime mayores cargas impositivas o restricciones a la libertad.

Ha quedado demostrado que las instituciones que se fundaron para controlar el actuar del Estado han pasado ahora a ser no más que zonas de validación del actuar del gobierno central. Como bien lo señaló Murray Rothbard; en las monarquías el actuar del Rey se fundamenta en el mandato divino, era ley divina. Ahora en las democracias modernas la ley tiene un respaldo cuasi divino de las instituciones democráticas; la Sala Constitucional no tendrá mayor reparo en seguir declarando lo inconstitucional como constitucional; la mayoría de los diputados no tendrán reparo en seguir legislando en función de la retórica del gobierno central. Su norte no es otro más que las elecciones más próximas.

En su audio filtrado el presidente habla de canibalismo como una característica negativa de quienes critiquen o se ubiquen en la oposición de su agenda. Esto es presente en las novelas de Orwell donde el enemigo recibe este tipo de calificativos que al mismo tiempo ejecuta el Estado que controla la retórica. ¿No es esta la actitud más bien que ha sostenido el sector público durante los últimos 30 años? ¿No se ha encargado la Corte Plena de defender sus pluses salariales y sus pensiones con cargo al presupuesto?

La realidad más allá de la retórica estatista es quien se ha arrogado la labor de contener el actuar del Estado es el mismo Estado. Son personas de carne y hueso que bajo la legitimidad del Estado tienen la potestad de extraer recursos vía impuestos y a cambio ofrecer servicios mediocres, pero legitimados siempre con la retórica de lo esencial. El eslogan es que “ante la ley todos somos iguales pero unos son más iguales que otros”.

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Miércoles 22 Julio, 2020

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