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Opinión

Gestión magistradocéntrica en el Poder Judicial y amenaza a la democracia

M.Sc. Jorge Cartín Elizondo*

Considerando que la justicia es pilar básico de la democracia costarricense y bajo la premisa que la concentración de poder en una sola persona viene a contrapelo de aquel, y que es deber cívico denunciar aquellos actos que atenten contra la sana administración, es que mediante este libelo expresamos nuestra profunda y fundada preocupación debido al nombramiento de la magistrada Patricia Solano como presidenta de la Sala Tercera.

Debido a la renuncia del magistrado Jesús Ramírez por razones públicamente conocidas debido a la difusión mediática, cuyo génesis fue la bochornosa dirección de la audiencia llevada a cabo en ocasión del caso UPAD, los magistrados de la Sala Penal se decantaron por elegir a la Licda. Patricia como presidenta de dicha cámara.

Con ello asumió tres funciones (sin contar las comisiones que preside), a saber, vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia, presidenta del Consejo Superior, en las sesiones semanales que preside y ahora como presidenta de la Sala Penal.

Ello confirma las recientes observaciones que el Estado de la Justicia vertió sobre excesiva verticalidad de la Corte Suprema de Justicia con una gestión “magistradocéntrica”.

Con ello no existe espacio a la consulta y escucha a voces que no sean las que emanan de la divinidad judicial y limita al restante colectivo judicial a la obediencia, que a la sazón no solo debe acatarlas, sino que las válidas protestas son siempre ignoradas.

Max Weber advirtió con meridiana claridad las secuelas de la concentración de poder, visualizándolo incluso como “amenaza”. Pese a que el grupo reducido que ostenta el poder suele valerse de medios legítimos para acceder al poder, una vez enquistados en él surge la élite que sobrepone sus intereses al colectivo.

Foucault, por su parte, clarifica que inherente al poder habrá necesariamente resistencia, pues si esta no existiera estaríamos en presencia de dominación. Y de ello dimana precisamente que, como colectivo responsable y respetuoso, funjamos como evidente contrapeso al poder cada vez más ciego y sin rumbo que supura desde Corte Plena.

Rescatamos que en el Informe Estado de la Justicia sin tapujos apuntó la posibilidad de una “toma estratégica del Poder Judicial”, que requiere solamente que la Asamblea Legislativa nombre diez, doce o trece magistrados afines a sus políticas y así en una simbiosis nefasta del Poder Ejecutivo y Judicial se engullan el resto de la institucionalidad.

Es incontestable que Corte Plena con esa inmanejable cantidad de funciones y roles que se reparten como regalos de Nochebuena entre sus integrantes atenta la independencia judicial, pues son los magistrados quienes revisan en lo jurisdiccional sentencias y actuaciones de los jueces “inferiores”, lo cual es por imperio de ley, pero a la vez los que los nombran, investigan, sancionan y premian, aplauden y vapulean muchas veces con procedimientos disciplinarios sumamente cuestionables, de tal manera que los jueces por una situación de supervivencia natural podrían tener temor a presiones internas.

Este lúgubre escenario sustenta que para veintidós personas es una tarea enorme e imposible de lograr con éxito sin desatender su función principal, sea, impartir justicia, cuanto más en el caso de la magistrada Solano, tanto por la multiplicidad de funciones como por la concentración de poder implícita.

De allí se explica que los veintidós magistrados que se presume son las mentes luminarias de sus respectivas ramas deban “asesorarse de la Dirección Jurídica”. ¡Habrase visto!

Una mofa insufrible, pues se presupone que del seno de Corte Plena deben emanar acuerdos que sean “la luz que guíe el camino de las masas judiciales”, pero de antorcha ha deformado a cerilla. Esa incapacidad de renunciar al poder nos ha llevado a los lamentables sucesos vividos y que han menoscabado, y lo hacen aún, la imagen del Poder Judicial.

Vale la frase popular, “zapatero a tus zapatos”. ¡Señores magistrados, administren justicia! El país requiere un Poder Judicial robusto y prístino.

Finalmente, para el caso que esta nota se ocupa es preocupante que el seno de la Sala Penal, y de ser consentido por el resto de Corte Plena, validen la concentración de poder sin contrapeso alguno.

Lo advertimos en su momento ante la designación del magistrado Ramírez como presidente de la Sala Penal y fuimos desoídos. Es nuestro deber cívico traer el tema al tapete, pues la falta de empatía del seno de Corte Plena ha traído las consecuencias que ahora vivimos.

Este artículo fue escrito con la colaboración de la señora Sonia Sandí Zúñiga.

 

*Secretario general Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras del Poder Judicial

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Martes 30 Junio, 2020

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