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Opinión

En temas de vivienda hay que estar ojo al Cristo

Editorial

El sueño de casi todas las personas es tener una casita propia para formar una familia y darle un lugar digno para vivir, sin embargo, muchas veces el tema económico impide alcanzar este objetivo.

Ante dicho escenario, muchos literalmente deciden meterse en el primer lugar que se encuentran libre para montar su ranchito, pero, aunque no quieran dar el brazo a torcer, estos terrenos le pertenecen a alguien y no es tierra de nadie para que puedan tomarla porque sí. 

El problema en este caso es que luego, cuando la Fuerza Pública llega a desalojar, estas personas provocan un enfrentamiento con las autoridades a sabiendas de que están ahí de manera ilegal. Muchos retan a los policías hasta a los golpes y dicen que, para que los saquen del lugar, deben llevárselos muertos.

Aquí cabe aclarar varias cuestiones. 

En primer lugar, los oficiales no tienen la culpa de nada, ellos solo ejecutan la orden de un juez, así que se torna innecesario retarlos a los golpes o agredirlos, porque ninguno de ellos mandó a estas familias a meterse en terrenos de manera ilegal ni tienen potestad para frenar el desalojo.

Tampoco es responsabilidad de funcionarios de otras instituciones que llegan a dar soporte a las autoridades para poblaciones como la niñez y los adultos mayores, la presencia de estos se da para verificar si existe la presencia de alguna de esas personas, con el fin de brindarles resguardo y que en medio del burumbún no les suceda nada malo.

Cuando se dan estas situaciones, las entidades gubernamentales ligadas a temas de vivienda deben agarrar el toro por los cuernos y verificar cuántas de estas familias ya tienen casas entregadas por el Gobierno para mandarlas de vuelta a estas, pues no se las dieron para que siguieran de precaristas en otro terreno.

Además, les corresponde asegurarse de que otro miembro de la familia no se haya dejado una casa de este tipo, pues muchas veces se las dan a una pareja de adultos mayores y, cuando verifican, sus hijos o sus nietos los echaron para apropiarse de la infraestructura. 

Se necesita llevar un control muy estricto, pues muchas familias casi tienen por deporte ver cómo le sacan casas al Estado, por lo que buscan que cada miembro reciba una en diferentes momentos para venderlas o alquilarlas. De sobra se conocen casos en que la mamá, el papá y los hijos recibieron una casa, pero, curiosamente, cada vez que se hace un desalojo, ahí están.

Quizá la solución para esta problemática es que quienes reciban viviendas de interés social deban pagar por ellas, aunque sea un monto simbólico, para que dejen de ver este beneficio como una obligación del Gobierno.

Asimismo, cabe pensar que, si hay plata para poner parabólica, internet y que todos anden celulares último modelo, también se puede hacer un sacrificio para pagar por un techo digno.

Estas personas que están desalojando deberían entrar a un listado para obtener una vivienda, de esa manera dejarían de vivir en condiciones insalubres, pues muchos se desenvuelven entre latas, sin piso y con entrada libre a todos los animales e insectos que rondan las edificaciones.

Ojalá estas familias que sacan de esos lugares no vayan a meterse de nuevo a otro sitio de manera ilegal, pues si no esto se convierte en la historia de nunca acabar, lo mejor es que busquen un lugar digno donde vivir. 

No podemos ocultar que lastimosamente este tema se perpetúa porque los hijos de quienes subsisten como precaristas se aferran a este modo de vida y lo repiten en la próxima generación, pues para ellos es lo más normal. 

Deberían inculcarse entre todos estos jóvenes y niños las ganas de luchar por tener un hogar digno, del cual nadie los esté sacando porque se metieron de manera ilegal a un terreno.

Pero además es justo y necesario poner en regla a las instituciones, organizaciones y asociaciones que prometen vivienda a quienes habitan en estos lugares, porque en ocasiones les ofrecen un techo a estas personas y luego les salen con las cuentas del tirador, dejándolos sin lugar adónde ir y en algunos casos hasta enjaranados porque les piden plata para los papeleos.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Miércoles 14 Marzo, 2018

HORA: 12:00 AM

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