Costa Rica no está para experimentos
Opinión
Rodrigo Chaves tiene un serio problema que él mismo demostró que puede tener un gobierno y que le puede jugar en su contra: no tener un equipo homogéneo de gobierno. Decir que tomaría gente de los distintos partidos para armar “equipo” y compararlo con una selección nacional de fútbol es toda una falacia y, además, es pecar de inocencia. Un equipo de fútbol es un equipo de un juego, un equipo de gobierno no se hace para jugar (¡ni es jugando la cosa!). No es un torneo coyuntural hacia lo que va el país. Nos “jugamos” no solo el gobierno del próximo cuatrienio, sino, en el contexto en que nos encontramos, la base de nuestro desarrollo en la próxima década.
Esto requiere no únicamente tener claridad en los objetivos que se buscan sino también que la gente que lo conforme haya asimilado por años los ideales, filosofía y pilares políticos del partido que integra y que quiere gobernar. Esto no sale de la noche a la mañana ni es un ejercicio netamente académico ya que es preciso confrontar todos esos elementos en la práctica, o sea, ejerciendo gobierno. Bien lo decía Jacques Roumain: “La experiencia es el bastón de los ciegos”.
En Liberación Nacional esto es claro, su historia y la construcción de sus bases así lo demuestran. En el caso del partido de Chávez es obvio que no.
De hecho, él mismo demostró lo que le puede pasar en un eventual gobierno suyo: a las primeras inconsistencias o diferencias con sus propios acompañantes la gente se le empezará a ir. Su partido no tiene historia aún, ni siquiera ha rodado en el nivel municipal y carece de los elementos unificadores que necesita cualquier organización para, entre otras cosas, tener una identidad que la garantice. El mismo Chávez comprobó el peligro que representa esto cuando fue elegido ministro de Hacienda por el presidente Carlos Alvarado en donde, a la primera diferencia encontrada, renunció a su cargo. Y de esto ya tenemos algunas referencias internacionales que nos pueden servir de aviso.
La primera de ellas la encontramos en el mandato de Donald Trump en cuya figura, curiosamente, podemos encontrar algunas similitudes. La candidatura de Trump, al igual que la de Chávez, estuvo salpicada de denuncias relacionadas con conductas abusivas hacia mujeres, problemas de confrontación con la prensa y una imagen de soberbia unilateral. Trump terminó tan mal su periplo por la Casa Blanca que su propio partido se fue apartando de él y fue el “pirómano” que encendió la mecha del asalto al capitolio por las hordas radicalizadas de su discurso. Como bien señala Javier Solana, ex secretario general de la OTAN “Trump no se ha adaptado a la presidencia, sino que ha adaptado la presidencia a él. Los llamados ‘adultos en la sala’ han ido abandonando su círculo cercano, viéndose reemplazados por ‘yes-men’ que se dedican a cantarle las alabanzas, en lugar de atemperar sus instintos”.
En el otro extremo vemos al recién elegido presidente de Perú Pedro Castillo quien, por cierto grado de conveniencia, decidió conformar un gabinete con miembros de diferentes partidos (idea expresada por Chávez durante los últimos debates por cierto). La repartija de puestos del presidente peruano mediante pequeñas alianzas con partidos de oposición ha sido un desastre no más empezando su gobierno. Una clara alusión del peligro que representa la aventura de una gobernabilidad precaria.
Elegir una presidencia en condiciones similares sería el equivalente a tirarse con paracaídas y no tener certeza que todo el mecanismo funcione para que se abra y nos suavice el aterrizaje.
Costa Rica no está en estos momentos para hacer semejante experimento.
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
EMAIL: [email protected]
Sábado 12 Febrero, 2022
HORA: 12:00 AM