¿Cuándo nos sentiremos seguros?
Editorial
El Estado debe hacer un alto en el camino. Los costarricenses no podemos seguir acostumbrándonos a la brutal violencia que se impone a lo largo y ancho del territorio nacional. ¿Cómo puede ser posible que en el país que se ufana ante el mundo de no tener ejército muchas comunidades vivan en guerra, flageladas por pandillas que mandan más que la policía, con miles de familias hechas un puño porque quienes debieran representar a la autoridad brillan por su ausencia?
¿Cuándo permitimos que los ladrones, los asaltantes, los violadores, los secuestradores y el narcotráfico nos acorralaran? En muchas calles del país, la vida no vale nada.
Mientras, el Gobierno continúa con su obsesión por la pandemia, pues al parecer todos los ministros del Gabinete atienden temas relacionados con esa circunstancia que los ticos ya no consideran tan preocupante como otros asuntos que les complican más la vida, entre los que se incluye la inseguridad ciudadana, según una reciente encuesta del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional.
Tradicionalmente, los gobernantes abandonan a las zonas urbanas que eufemísticamente se conocen como “barrios conflictivos”, las áreas costeras o lejanas a la Gran Área Metropolitana (GAM), al punto que estas en muchos casos son tomadas por grupos delictivos que imponen su propia ley entre la población, lo cual por supuesto pone en riesgo la soberanía nacional. Sin embargo, en la actual Administración pareciera que la norma es ver para otro lado y solo hacer algo cuando la presión se desborda.
Por ejemplo, se requirió de dos denuncias de violación por parte de mujeres extranjeras en el Caribe Sur que vinieron al país en condición de turistas para que el señor ministro de Seguridad Pública, Michael Soto Rojas, se dignara a dejar su cómodo despacho para conocer la situación en dicha región.
Llena de vergüenza y frustración enterarse que allí no se cuenta siquiera con una delegación policial, porque, aun cuando se tiene un terreno, al parecer las marañas de la burocracia se ciñen en impedir que los habitantes cuenten con oficiales de policía para atender los problemas de inseguridad que puedan acontecer.
¿Qué se necesita para que las cosas caminen en este país que vendemos como un paraíso a los turistas, quienes en muchas ocasiones no son conscientes de los peligros que sí saben de sobra los habitantes locales? Mientras tanto, el prestigio que costó décadas construir se desmorona en semanas a un ritmo lento de profunda desidia. Pero es que el modo de actuar de nuestras autoridades es muy confuso, incluso contradictorio, pues nos dicen que están trabajando por el bien y la seguridad de la población, pero al mismo tiempo nunca pudieron colocar los escáneres donados por China para asegurarnos de que las drogas no se exportan en contenedores desde territorio nacional hacia los distintos sitios del mundo donde sí que los detectan y a la vez manchan la reputación de nuestro amado país al incluirlo en la lista de grandes distribuidores de estupefacientes. Entonces, ¿cómo es el asunto?
¿Cuántas personas más deben morir asesinadas como víctimas de homicidios, sicariato o incluso daños colaterales para que comprendamos que Costa Rica necesita incluir en vez de invisibilizar a las diversas poblaciones marginadas en los planes gubernamentales? ¿Cuándo se comprenderá que la criminalidad debe manejarse en todos los niveles? Mientras pasa el milagrito, a encerrarnos con llave y rezar.
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
EMAIL: [email protected]
Lunes 31 Enero, 2022
HORA: 12:00 AM