Un mundo post pandemia
Conforme pase el tiempo y nos vayamos adaptando poco a poco a contrarrestar, superar y sobre todo convivir con el Covid-19, las circunstancias apuntan a que nuestra sociedad costarricense (y en cuenta todas las sociedades de este mundo globalizado) estaremos obligados a emerger con un nivel de consciencia más nítido, más pulido, más claro y más anclado en la razón, (aunque los pronósticos barajen lo contrario), estamos comprometidos A EXIGIR al sistema financiero mundial y a nuestros gobernantes, una sana moral, y una ética más creíble y más decente; convencidos de que los conceptos (hasta ahora tan manoseados y manipulados) de solidaridad, justicia, equidad y una justa distribución de la riqueza tendrán que ser revaluados, rescatados y levantados como estandarte por todos los pueblos del mundo, para ¡exigir equidad y respeto!; ante una estructura financiera mundial que se alió en un red criminal y perversa, y una clase económica inimaginablemente “poderosa”, que ha vivido acaparando una obscena riqueza y revolcándose en el fango de una enfermiza “angurria” de capital y de una descomunal y envenenada avaricia; que solo pudo quedar absolutamente evidenciada, totalmente desnuda y “retratada de cuerpo entero” a raíz de esta pandemia.
Parece mentira que fuese necesaria una tragedia global, que en un principio parecía casi inofensiva e insignificante; para que temblaran y se estremecieran los inamovibles cimientos de las poderosas estructuras del “neoliberalismo salvaje”, que sin esperarlo y de un momento a otro se ha visto obligado a responder, a meterse la mano en su propio y obsceno bolsillo (acostumbrados como hasta ahora a meterla en los bolsillos de los demás); para colaborar -aunque sea a regañadientes- en el control de este contagio global, y que paradójicamente algunos todavía siguen reacios a aceptar que no quieren entender que en una situación tan grave como la que nos acosa; “o nos salvamos entre todos; ¡o nos hundimos todos!”; sin distingo de religión, nacionalidad o status social.
Y es que como siempre –y ya lo estamos viendo-, el mayor golpe recaerá sobre las poblaciones marginales del mundo; los pobres sin voz y sin esperanza, los relegados de toda bonanza, los exiliados de cualquier paraíso, los expuestos a toda desgracia; pero esta vez ¡NO DEBEMOS ACEPTAR EXCUSAS!; ¡ni demagogias!, ¡ni cuentos chinos! por parte de los oscuros dueños del mundo; les llegó la hora de “apadrinar”, de compartir, de distribuir; de aplicar una auténtica solidaridad, de impulsar un real y verdadero “Estado Social de Derecho”; de aportar aunque sea tan solo un mínimo de lo mucho que desvergonzadamente robaron y acapararon durante décadas y décadas de desangrar al pueblo; la “nueva realidad” requiere de la instauración de un “¡nuevo orden mundial!”, más justo y más inclusivo.
El presente escenario de esta inesperada pandemia, nos obliga a redireccionar nuestras prioridades y nuestras relaciones interpersonales, a redimensionar por completo nuestros principios y valores, pero más importante aún; nos insta a aprender la cruda lección y quitarnos de una vez por todas la venda de los ojos, y por fin darnos cuenta que; a pesar de que si bien es cierto se hace necesario impulsar una urgente reactivación económica y fortalecer el desarrollo, también es cierto que: “LA VIDA Y LA SALUD; PERO TAMBIÉN EL BIENESTAR ECONÓMICO DE LOS PUEBLOS”; ¡nunca!; ¡nunca!; ¡NUNCA!; podrán estar por debajo de los “espurios y pinches” intereses egoístas de unos pocos acaparadores; ¡por más multimillonarios que sean!, -como está sucediendo hoy en nuestro país-, y mientras esto dure; cuidarnos del virus y ser generosos y solidarios con nuestros hermanos, pero a la vez mantenernos “despabilados”, “ojo al Cristo y mano a la chuspa”, aplicando como decía Parmenio Medina la “malicia indígena”, con respecto a las decisiones que está tomando el actual gobierno y la clase política de este país con el cuento de “atender la pandemia”; ya estamos viendo cómo se están apurando y presionando por aprobar nefastos proyectos que llevaban largo tiempo esperando, acechando en la sombra, y que lesionan irremisiblemente el Estado Social de Derecho aprovechándose de la sensible situación de salud pública.
Ya sabemos que los “políticos” son infalibles expertos en desvirtuarlo todo y sacar ventaja para su propio saco de cuanta circunstancia se presenta, incluyendo aquellos acontecimientos que además involucran las más terribles tragedias y los más indescriptibles dramas humanos, como el que amenaza actualmente al mundo, y en especial, a este pequeño pedazo de tierra … ¡NUESTRO AMADO PAÍS!