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Opinion

Llamado a candidatas y candidatos

Miguel Ángel Rodriguez

La candidata o el candidato que asuma la Presidencia de la República deberá enfrentar grandes y difíciles retos. También serán muy serios los retos para los demás candidatos y candidatas que resulten electos y no se podrán atender con meras buenas intenciones, ni solo con eslóganes de campaña. Los desequilibrios y problemas que ya arrastrábamos se incrementaron con la pandemia.

OCDE, CEPAL, CAF y la Unión Europea presentaron a finales del año que recién termina su publicación Perspectivas Económicas de América Latina 2021 en la que recomiendan para nuestra área del mundo tres objetivos básicos: 1) “políticas fiscales holísticas, secuenciales y consensuadas”; 2) “reforzar los sistemas de protección social y mejorar la calidad y accesibilidad de los servicios públicos” y 3) “diseñar una estrategia productiva regional, buscando impulsar la integración regional, incrementar la productividad y promover la creación de empleo formal para lograr una recuperación fuerte e inclusiva”. 

Esas tres áreas de acción son también prioritarias y urgentes en Costa Rica. Es preciso que las nuevas autoridades apliquen innovadoras políticas públicas para 1) financiar adecuada y justamente el fisco (promover igualdad de oportunidades requiere aumentar la recaudación pero sin poner en peligro la recuperación económica) y administrar el gasto público respetando la regla fiscal, pero priorizándolo de manera eficiente y equitativa; 2) atender las necesidades de la seguridad social, universalizar su cobertura y reformar su financiamiento para favorecer el empleo formal, mejorar fundamentalmente la educación, la salud y demás servicios públicos y regulaciones, y ponernos al día con la infraestructura material y digital; y 3) enmarcar un sector productivo competitivo, innovador que nos permita generar un rápido crecimiento sostenido, sostenible y compartido.

No son tareas fáciles en nuestro país. A pesar de las ventajas frente a América Latina que en el pasado construimos, en algunos campos nuestros retrocesos son mayores al promedio regional.  Así es en desigualdad, en cuanto a nuestra fragilidad fiscal y alto endeudamiento y ante la pandemia en la afectación a nuestra educación pública. 

Para promover esas profundas transformaciones, quien asuma la Presidencia de la República adquiere el púlpito desde el cual debe convencer a los ciudadanos y a sus diversos grupos de interés de darles apoyo. La narrativa presidencial debe permitir construir un sólido nuevo contrato social que sea justo, legítimo y estable, y que ponga el bienestar de los ciudadanos en el centro de las políticas públicas.

Crear consenso es siempre muy difícil y lo es más ahora que la fragmentación política hace que los partidos representen restringidos sectores de interés focalizado regional o sectorial, sin campo para una coalición de intereses en procura del bien común. Muchas personas y organizaciones tratarán de impedir la ejecución de medidas que los afecten con costos presentes, aunque tengan grandes beneficios a mediano plazo. Evitar o posponer enfrentar esas dificultades será un perenne canto de sirenas que tentará a los gobernantes. Pero no es hora para sostener la burra. Está muy enferma y debe ser atendida.

La pandemia ha agudizado la confrontación social que ya se vivía. Los populistas logran apoyo mayoritario fomentando la envidia, el resentimiento, la frustración y el odio que generan la furia de una mayoría contra un enemigo fabricado: los ricos, los empresarios, los políticos, los extranjeros, quienes tienen otra religión, otra raza u otras preferencias sexuales. Con esa narrativa no se logra construir progreso, paz, prosperidad, justicia. Pero con ella obtiene apoyo mayoritario el líder populista que luego, con regalías que quiebran la economía, logra afianzarse en el poder.

Yo confío que en Costa Rica puede calar una narrativa muy diferente basada en la unión, la solidaridad, la previsión, en nuestra historia y realizaciones. En el amor y no en el odio. En la igualdad de oportunidades. En la capacidad del esfuerzo propio cuando hay facilidad para participar, innovar, progresar. En la moderación y el respeto a los demás. En el orgullo de nuestra nacionalidad, de nuestra historia, de nuestra capacidad para actuar unidos.

No es fácil porque impera la desconfianza que desdichadamente entre nosotros es aún mayor a la que se da en América Latina frente al gobierno y frente a las demás personas. 

No es fácil, pero lo creo indispensable. Esta es tal vez la más difícil tarea de la o el futuro Presidente de la República. Con valores compartidos ampliamente, con la verdad, con amplio y creíble rendimiento de cuentas, admitiendo limitaciones y equivocaciones, se puede lograr.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Lunes 03 Enero, 2022

HORA: 12:00 AM

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