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Opinion

Estado, padre abandónico

Para considerar que un adolescente tiene buena salud biopsicosocial, debe reunir algunas condiciones básicas, entre ellas: gozar de un sentido positivo de identidad y autoestima, de unas relaciones sólidas con la familia y los compañeros, de la ausencia de violencia, discriminación y consumo de cualquier tipo de drogas, de la oportunidad de aprender y ser productivo, de la capacidad de disponer de recursos culturales para potenciar al máximo su desarrollo y de las oportunidades de tomar decisiones, cultivar valores y cimentar las aptitudes sociales y la preocupación por la justicia mediante actividades colectivas.

Debe además tener un proceso de pubertad saludable, dormir lo suficiente, disponer de agua potable, respirar aire limpio, no sufrir lesiones, y seguir una alimentación nutritiva y practicar deportes. En la adolescencia también se construye una buena salud sexual; que comprende la prevención infecciones de transmisión sexual incluido el VIH, así como de los embarazos precoces o no deseados y los abortos peligrosos y un proceso de aproximación a las relaciones sexuales desde la información, la protección, el respeto y el consentimiento mutuo.

En palabras del Secretario General de la ONU, “los adolescentes son fundamentales para todo lo que deseamos lograr y para el éxito general de la Agenda 2030”, ya que invertir en la salud de adolescentes implica un triple dividendo: para los adolescentes, para su futura vida adulta y para la generación venidera. Desgraciadamente en Costa Rica no tenemos este nivel de claridad y recientes encuestas reconfirman el abandono de esta población y en nuestro caso como país, extensiva para jóvenes hasta al menos los 25 años de edad.

Tres son las principales áreas de esta desatención estatal con esta población, a saber: educación, salud y protección particularmente a la población vulnerable de personas menores de edad. En relación a la educación, el último informe del Estado de la Educación 2021, calificó de apagón educativo la crisis del este sector, debido a los rezagos no atendidos intensificados por la pandemia e impactó negativamente a una generación de estudiantes por las continuas suspensiones de lecciones y en donde se puso en evidencia la exclusión por deficiente conectividad en el 40 % de los estudiantes de escuelas y colegios públicos.

De acuerdo con varios de estos informes, el 8% de la población que debería asistir al tercer ciclo se encuentra fuera del sistema; a esto se suma un 23% que debería estar cursando la educación diversificada y no está en las aulas. Además, solo el 28% de las personas de 25 a 34 años han tenido un logro universitario.

Una investigación de la Clínica de Adolescentes HNN y la Asociación Pro Desarrollo de la Salud de la Adolescencia del 2019 mostró preocupantes hallazgos en población adolescente escolarizada: en sexualidad se encontró que el Programa de Sexualidad y Afectividad del MEP sigue siendo indispensable pero requiere tener un mayor impacto en la adquisición de conocimientos protectores. En el mismo sentido, las edades de inicio de prácticas sexuales y la exposición a riesgos como la pornografía, abuso sexual y relaciones impropias obligan no solo replantear la implementación de la educación sexual en secundaria sino también a una mayor sistematización de este desde la escuela.

En consumo de drogas el 17% refirió consumo tabaco, un 57% consumo de alcohol y un 25% con embriaguez. Otras drogas lo reportan el 15%, siendo el 90% consumo de marihuana. En nutrición el consumo de comida chatarra es elevado, siendo que el 6 % la consume a diario, el 12% tres veces por semana y 29% una vez por semana, una de las principales causas de la pandemia de sobrepeso y obesidad y sus consecuencias.

Finalmente, un 13% de adolescentes reportan haber planeado suicidarse y un 9% lleva armas en el colegio, ambas situaciones de alto riesgo para autolesionarse o agredir a otros. Abordar estos aspectos requiere la participación de los sectores de educación y salud y en este último el debilitamiento severo del Programa de Atención Integral en Salud a Adolescentes CCSS se ha vuelto patético, empeorado por las contradictorias promesas para su urgente reactivación.

Desde el sistema de protección, el hecho de que el 34% de las personas pobres son niños y adolescentes, es una alerta que obliga no solo a dar atención a la población infantil sino que a establecer estrategias para la reinserción social integral de los adolescentes cuando cumplen 18 años, lo que es una gran debilidad de este sistema que ensombrece el papel del Patronato Nacional de la Infancia.

Estas investigaciones sin duda confirman las enormes deudas que tenemos con esta población y lo urgente de focalizar acciones para disminuir el impacto negativo de estas carencias y así que el Estado no continúe siendo un padre abandónico y asuma sus responsabilidades. ¿Esta realidad forma parte de los planes de gobierno de los partidos políticos o sigue invisibilizada?

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Martes 21 Diciembre, 2021

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