Siempre se ha hablado de que los privados de libertad puedan aportar algo a la sociedad y este momento existe un proyecto liderado por el exprofesor universitario Carlos Saborío, que promete generar un beneficio, no solo social, sino económico.
Saborío accedió a conversar del proyecto con DIARIO EXTRA, con la intención de buscar alianzas público-privadas que puedan dar continuidad a la iniciativa.
Se trata de un emprendimiento productivo que empezó en la Unidad de Atención Integral de La Reforma hace tres años, luego de que el exdirector de adaptación social, José Luis Bermúdez, se percatará de un programa similar desarrollado en el Hospital Nacional Psiquiátrico.
La idea de Saborío, quién es doctor en desarrollo rural y bioenergía, es que el proyecto no muera y que pueda ser retomado e incluso ampliado con el apoyo de las nuevas autoridades penitenciarias.
En Alemania y Suiza tuvo la oportunidad de aprender cómo se usan este tipo de prácticas como terapia ocupacional para los privados de libertad y a la vez constituye un aporte productivo para la sociedad.
Incluso este considera que el proyecto podría ir más allá del sector productivo, mediante empresas de zonas francas que se dediquen a actividades de biotecnología e industria médica.
Existe una fundación en Suiza que es famosa por trabajar con privados de libertad y alcohólicos que requiere de tratamiento y se les capacita en el montaje de microchips.
“Ese trabajo le cuesta carísimo a las empresas y bien estructurado podría ser un mecanismo de empleabilidad para los privados de libertad. Tengo claro que no es un trabajo regalado, pero también podría generar un ahorro a las empresas”, dijo.
Sin embargo, pasaron dos años desde que la Fundación firmó una carta mostrando su interés por venir a colaborar en el desarrollo de un proyecto similar y no se tuvo apoyo por parte del Gobierno.
Saborío agradeció a Marcia González, exministra de Justicia por el apoyo para que el proyecto se fuera ampliando y no quedara en un plan piloto, pero ahora, superada esa etapa, siente que tiene todo el potencial para expandirse.
DEL AUTOCONSUMO A LA COMERCIALIZACIÓN
De momento, se está trabajando con grupos de privados de libertad de unas 30 personas. La mayor dificultad para ampliarlo es contar con personal de seguridad que puedan acompañarlos como parte del proceso y para evitar cualquier incidente.
Saborío contó que el centro penitenciario La Reforma tiene espacio suficiente para desarrollar un proyecto productivo: “Cualquier avance que se tenga dentro de una cárcel es un gran avance”, dijo.
En su criterio, no es correcto como sociedad que no se dé la oportunidad a estas personas para cambiar su vida y aprender a hacer otras tareas como parte de su posible reinserción a la sociedad, ya que canalizan energía y sirve como una terapia.
“Imagine que cada privado de libertad tiene un costo de $50 por día, multiplique eso por 8.000 personas, son $17 millones por mes. Hoy se les paga un valor simbólico de ¢9.000 al mes por participar, a ellos se les capacita y aprenden también con la ayuda del departamento agropecuario. Ya siembran apio, chayote, chile dulce y ahora la papaya y el maracuyá con esta iniciativa”, explicó.
De momento, todo lo que producen se va en autoconsumo, pero la idea es poder conformar una cooperativa para que esto se comercialice y dé empleo a los privados de libertad cuando cumplan la condena.
“Puede significa un ingreso para ellos y sus familias. Los privados de libertad están deseosos de poder participar en una actividad como esta. Yo hubiera querido dos hectáreas en lugar de 5 mil metros, pero con lo que tenemos hemos ido saliendo. Yo desearía un poco más de apoyo político y la participación de la empresa privada”, añadió.
Saborío conversó con Rodolfo Navas, del Centro de Estudios y Capacitación Cooperativa (Cenecoop), quién según dijo, se mostró muy interesado en participar del proyecto.
No obstante, cree que el Instituto Nacional de Fomento Cooperativo (Infocoop) podría también involucrarse para facilitar el financiamiento. “Estamos deseosos de encontrar socios estratégicos, solo así podremos lograr dar continuidad al proyecto. Necesitamos generar producción y esto, a la vez, facilita la reinserción”, destacó.
A manera de ejemplo contó como, en el caso del maracuyá, actualmente tiene un alto potencial que no se aprovecha para la generación de materia prima interna o local.
PERIODISTA: María Siu Lanzas
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Miércoles 03 de Noviembre, 2021
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