¿A las puertas de qué?
Editorial
La incertidumbre llena el corazón del pueblo costarricense. Aparte del improvisado manejo de la pandemia por parte del gobierno de turno, se arrastra una crisis de desempleo y desigualdad, la cual se volvió tan evidente con el coronavirus que por fin dejó de barrerse bajo la alfombra para ocultarla, pero en cambio los genios que nos desgobiernan se dieron a la tarea de echarle las culpas por todo, aunque ya ni calce.
Las personas tienen todo el derecho de sentirse agobiadas, frustradas, excluidas y vaciladas por los políticos, aun cuando algunos desde ya hagan beligerancia política y otros se den el tupé de decir que, sin importar si estas personas desencantadas de la política, así con minúscula, deciden no ir a votar, de todos modos, siempre quedará alguien a cargo… vaya forma de reivindicar la democracia.
Pero bueno, cómo vamos a culpar a quienes no tienen qué comer por no querer nada con los que siempre los buscan en campaña y luego se esfuman dejando en el aire promesas y un tufillo a chamuscado, curtido, viejo y avinagrado. ¿O es que nos creen mansos y mensos?
Se entiende que haya que buscar un proceso democrático y en el que participen las mayorías, pero cómo van a querer los costarricenses que los agarren de majes otra vez, cuando desde hace tiempo los candidatos pueden prometer como si no hubiera mañana y luego hacen todo lo contrario a lo que dijeron, porque “no es lo mismo verla venir que bailar con ella” o se iban a dedicar a “trabajar, trabajar, trabajar”, pero nunca supimos en qué andaban. Hay 27 candidatos, 17 que también aspiran a diputados porque “la vara es agarrar algo”, y casi todos dicen lo mismo porque creen que esto es como un concurso de simpatía donde la gente escoge al más listillo y dicharachero… así de tanto golpearon la democracia los últimos dos Presidentes de la República.
En este país debiéramos ponernos más serios. ¿Cómo es posible que yo puedo decirle a la gente en la cara que voy a hacer de todo y luego con solo excusas y pretextos me la pase cuatro años haciendo nada productivo o solo gobernando en favor de los grupos minoritarios por los cuales llegué al poder… ¡Así qué tuanis! Y quedo después con pensión vitalicia para pasear a todo lado como en tiempos antes del coronavirus, cuando los puestos públicos parecían un tiquete dorado para viajar por el mundo con la plata de todos los ticos, algo así como una agencia de viajes para unos cuantos acomodados. Y, aunque anuncie con bombos y platillos que renuncio a mi pensión, de por sí nadie puede darse cuenta de si la cobro o no.
Bien dijo alguien que hablaba muy bonito y sabe mover las cosas para lograr lo que le conviene, pero luego puro hueso sin nada de sustancia, como el accionar político de su partido: “El primer acto de corrupción, es aceptar un cargo público para el que no se está preparado” (sic). Y concordamos, es más, ovación de pie. Pero podemos agregar, también, que no será el último, pues se le han ido acumulado más en fila… porque el toro muere por el cacho y el hombre por la palabra.
La desazón de los ticos es entendible… ¿Quién les cobra a los políticos su falta de preparación, sus chambonadas, su carencia de visión, su incapacidad para gobernar por todos, su nepotismo, corrupción e ignorancia para la conciliación? Nadie. Mientras el pueblo medio vive, observamos cómo los partidos se preparan para el festín: la deuda política, ese manjar exquisito al que solo acceden unos cuantos y que se reparte espuriamente, porque no basta con ponerse un partido para que un banco preste plata y ni siquiera se reparte equitativamente entre todas las agrupaciones políticas, de modo que permite los abusos y las prácticas tan antidemocráticas como las que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) dice evitar con la existencia de esos dineros: porque, si solo me dan plata si primero la consigo, por medio de prestamistas públicos y privados, ¿cómo es más democrática la democracia cuando quien gana igual se debe a aquellos que le dieron primero los cincos?
Si la deuda política fuera democrática, se les daría un monto razonable a todos los partidos y estos verían cómo cubrir el resto de los gastos. ¿Será que si la tajada no es grande para algunos tagarotes ya no vale la pena? Varios partidos, entre ellos el que es Gobierno hoy en día, ya le pudieron hacer fraude al TSE y, sin embargo, como no todos los miembros de la agrupación fueron condenados, les damos el beneficio de la duda; muy loable, pero a la vez eso incentiva que otros “vivillos” aprendan a lucrar con la democracia tan cacareada en setiembre, pero que habrá que defender en febrero… ¿O nos van a decir que no queda más de un Big Chief entre las sombras de la política nacional? Cajita blanca para todos…
Y tampoco nadie dice esta boca es mía cuando los mismos de siempre, con nuevos o viejos colores, aprovechan el sistema para conseguirse una chambita, “colaborar con el país” (aunque nunca los vio el pueblo ni se sabe quién se los pidió), mejorar su currículum y buscar nuevos paseítos en el orbe con plata de los demás. Así que, a ese señor al que nadie supervisa, que solo se acuerda de su abultado salario cuando lo siente en peligro, que al parecer tiene puesto vitalicio y cada vez se torna una figura más turbia para la democracia que presuntamente protege, vale decirle que sí, que la gente debería ir a votar, pero las instituciones que se encargan del sufragio tendrían que preocuparse más por cumplir con sus labores, salir de esa cómoda modorra de la conformidad en lugar de berrear como hacen los desesperados cuando saben que ya nadie les da pelota… Por cierto, ¿ese personaje tendrá partido político?
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Jueves 21 Octubre, 2021
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