Los videojuegos transportan a lugares maravillosos, permiten vivir cientos de vidas y experimentar increíbles aventuras, pero, como todo, deben utilizarse correctamente. Ante la creciente popularidad de estos entretenimientos electrónicos entre personas cada vez más jóvenes, y aprovechando la reciente celebración del Día Mundial de la Salud, DIARIO EXTRA se dio a la tarea de buscar información tanto confiable como profesional sobre el tema.
Por ese motivo contactamos a Gabriela Salas, licenciada en Psicología y autora del blog Psicogamer.com, que educa sobre el uso correcto de los videojuegos, sus beneficios y precauciones, quien nos comentó ampliamente al respecto.
ESTIGMA Y SALUD MENTAL
Sobre la forma en que la sociedad trata a este pasatiempo, Salas indica: “Se tiene la tendencia a creer, sobre los videojuegos, que solo hay aspectos negativos, que solo lo malo, la parte violenta, la parte agresiva, que, si sucede algo, es por culpa de ellos y punto. No ven más allá. A la gente le cuesta entender que tienen algo positivo, que si les sacamos provecho, que si sabemos cómo usarlos, pueden traernos beneficios y es como cualquier tecnología”.
“Pueden darnos beneficios, tanto cognitivo, emocional, conductualmente, entonces no solo verle la parte negativa que siempre se ha adjudicado, lastimosamente ha habido personas, incluso colegas, que han alimentado ese prejuicio”, añadió, y justificó que eso ocurre “porque es más fácil para la gente culpar a un videojuego, que es un producto, que sentarse a hablar sobre salud mental, empezar a incentivar esto de que tenemos que hablar, de que tenemos un problema, de que me siento muy triste, atravieso etapas de duelo, etc. La parte emocional y psicológica, la gente prefiere no tocarlo. Es como ‘mejor evitemos hablar de eso y culpemos a los videojuegos’”.
INMERSIÓN Y RECOMPENSAS
La especialista explica que estos entretenimientos utilizan estrategias como la inmersión, con mecanismos como gráficos similares a la vida real y la posibilidad de ir obteniendo logros, para que las personas, al estar en un mundo placentero donde se puede hacer prácticamente lo que sea, lleguen a preferirlo sobre la cotidianeidad.
“Hay carencias en nuestra vida real que no se pueden cubrir, en cambio el videojuego me lo da, me lo refuerza y puedo hacer otras cosas, eso va a incentivar a que conscientemente yo diga: ‘ah, no, esto es mejor, me encanta, mejor sigo en el videojuego, y ya no tengo que pensar en las carencias que tengo en la vida real’”, advirtió.
También enfatizó que, como la sociedad ve estos entretenimientos como negativos a veces los padres no observan más allá y: “Yo tenía el caso de un chico que me decía: ‘mis papas dicen que yo estoy perdiendo el tiempo, dicen que los videojuegos son malos, no me entienden, no me escuchan, porque yo quiero seguir jugando, me gusta’. Los papás lo único que veían era que este chico jugaba, jugaba y jugaba, y para ellos era un problema, pero el chico ¿qué era lo que me decía? ‘Es que mis papás no me ponen atención, mis papás solo pleitos, yo juego solo para no tener que hablar con ellos, porque no quiero ir al colegio”.
Y continuó: “El chico tenía un problema más al fondo, un caso de bullying, y vamos a esto, que los papás tampoco sabían, él a veces tenía que hacerlo a escondidas porque no entendían que el juego también depende mucho del objetivo con el que lo usamos”. Y recalcó: “Porque yo lo puedo usar para descansar, como que ya no quiero hablar con mis papás, no quiero ver a mi esposa, no quiero tener que ver con mis hijos, tengo problemas económicos y ya no quiero saber nada de eso, tratar de huir de la vida real por medio de los videojuegos tampoco, pero también hay mucha culpa, nos meten culpa de que los videojuegos son malos, que nos van a hacer tontos, que estamos desperdiciando el tiempo”.
¿CUÁNDO ES MAL USO?
Si bien, de acuerdo con la experta, se puede comenzar a jugar después de los seis o siete años, se requiere hacer un uso adecuado de este pasatiempo. Se recomienda que jueguen en esas edades una media hora, o hasta una hora con receso, que sea más o menos a las 2 p.m. y luego el niño haga otras actividades, para luego jugar una media hora más como a las 5 p.m., por supuesto que juegos adecuados para su edad. En el caso de los menores que tengan once o más años, solo deberían jugar dos horas al día como máximo, preferiblemente durante la tarde.
Pero se debe estar pendiente de ciertas señales de alerta: “si es un niño que apenas llega a la casa de la escuela, a las 2 p.m., se pone a jugar y termina a la 1 a.m. o 2 a.m., ya es un primer signo de que algo está sucediendo. Si ya el chico no duerme, no come, no quiere ir a la escuela, no hace las tareas o las hace rápido, ya no quiere estudiar, no quiere salir, solo duerme y se levanta solo a jugar videojuegos, ya no practica ninguna actividad física, ni se baña, todos estos síntomas ya nos dan una prueba de que algo más a fondo está pasando”.
Consultada en ese punto sobre la existencia de la adicción a los videojuegos, externó: “a muchos colegas no les gusta usar el término adicción a los videojuegos porque cuando uno habla con el paciente se da cuenta de que hay algo más que el chico quiere taparlo con los videojuegos”.
Y subrayó: “Los papás llegan a terapia diciendo ‘quiero que me arregle al chiquito’, como si fuera una computadora… y piensan que son dos sesiones y ya y esto es un proceso de cambio de conductas, más si vienen los papás”.
LOS PADRES
Amplió que los progenitores en ocasiones se resisten a la consulta psicológica y buscan enfoques más drásticos, que incluyen el uso de medicamentos, porque tienen temor: “ellos creen que uno los va a culpar, les va a decir ‘y es que por culpa suya su hijo tiene esa ‘adicción’, y no. Yo al chico le puedo decir muchas cosas, le puedo enseñar, le puedo explicar, pero el chico vive con los papás, yo le puedo decir en terapia muchas cosas, pero cuando sale, quién me va a ayudar”.
“Los padres tienen miedo a ser juzgados, tienen miedo de que yo les diga ‘esto es su culpa’ o, peor, aún, de que yo me dé cuenta de los problemas que ellos tienen, de lo que ellos tampoco quieren trabajar, puede ser que eventualmente eso se trabaje porque podría ser que eso afecte la relación con su hijo o su pareja, muchos de esos chicos qué me dicen, yo me levanto y lo único que escucho son los gritos de mis papás. Yo no puedo tratar una pelea de relación con el hijo, pero es el que está saliendo perjudicado”, apuntó.
Adujo que en muchas ocasiones como los papás no tienen una buena relación con los hijos, se debe trabajar para unirlos más y que se conozcan mejor. “El chico necesita decir que se siente triste cuando ellos pelean, no me están ayudando, peor si es un chico que sufre de bullying”.
La profesional también dejó claro que: “se da desconexión entre padres e hijos, deben informarse sobre qué hacen los chicos, es un proceso de educación, la gente cree que los videojuegos son como Super Mario Bros de NES, que es saltar y avanzar y ya no”.
Y finalizó explicando que los padres se angustian y piensan que porque trabajan no pueden estar encima de sus retoños, pero les corresponde saber qué hacen y estarse educando sobre sus intereses. Se trata de un problema familiar cuando ocurren estas situaciones y no se busca culpables. “El objetivo es brindar a la familia la ayuda necesaria para que pueda afrontar el problema, ya sea del juego, tarjetas de crédito, bullying o lo que sea”. Los papás deben interesarse en los chicos, en lo que hacen en los juegos.
En las siguientes entregas, brindaremos más detalles sobre este pasatiempo tan apasionante. Si usted considera que la profesional en Psicología Gabriela Salas puede ayudarle con un caso similar a los comentados, contáctela al teléfono 6019-0481, al correo [email protected] o como Psicogamercr en redes sociales.
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Lunes 11 de Octubre, 2021
HORA: 12:00 AM