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Opinion

La salud humana debe ser un quehacer cotidiano integral

Arnobio Maya Betancourt*

El positivismo (ve las cosas y los fenómenos de la naturaleza, el ser humano, la sociedad aisladamente) y el mecanicismo que surgen desde aproximadamente el siglo XVII, con los aportes filosóficos y epistemológicos de Renato Descartes (1596-1650), Isaac Newton (1642-1727) y otros, son las tendencias que han marcado las concepciones científicas, humanas y sociales y que caracterizan los procesos y quehaceres sociales y organizacionales actuales cada vez más enfática y definidamente y, ello es lo que explica, en buena parte, las respuestas que dan los médicos, los odontólogos, las enfermeras y otros profesionales que se desenvuelven en el amplio y complejo campo de la salud humana, así como también todos los demás profesionales de las diversas disciplinas del conocimiento humano.

En los remotos tiempos de las clásicas culturas griega y romana se encuentra que el cuerpo y el alma o más modernamente psique del ser humano son dos compuestos simbióticamente integrados que hay que cultivar o desarrollar al mismo tiempo, “mens sana in corpore sano” afirmaban los latinos y también el reconocido Galeno (130-200 d.c.), quien percibía el cuerpo en el ser humano como una integración, o una totalidad.

Pero es precisamente Descartes y otros quienes hacen una ruptura de tal principio paradigmático al considerar al ser humano a partir de su filosofía como una entidad compuesta de dos partes: un cuerpo y un alma que existen y funcionan aislada o independientemente.

Esta equivocada filosofía y epistemología que abdica o lleva al traste, como se dice coloquialmente, o hace una ruptura epistemológica en términos de Bachelard (1864-1962), es la pobre concepción que tienen muchos médicos, odontólogos y otros especialistas de la salud humana, es lo que probablemente, entre otros aspectos, hace que los servicios de la medicina sustentados por los Estados privilegien lo orgánico, el cuerpo y, por ejemplo, los servicios psicológicos o de la salud mental sean tan limitados y de poca atención en cuanto a presupuestos financieros, programas e investigación.

Sin embargo, con ocasión de la malhadada pero natural pandemia Covid-19 que aún nos tiene invadidos (¿hasta cuándo?), dos servicios de la salud del cuerpo que casi se ignoraron o se anularon y duraron inexplicablemente más de un año así en la Caja Costarricense de Seguro Social son la Odontología y la Oftalmología, las que igualmente en sus centros hospitalarios y en los Ebais entregan unos incipientes o básicos servicios que condenan a los usuarios, a los que económicamente tienen con qué pagar los servicios especializados de la Odontología a costos difíciles como doscientos dólares por un tratamiento de nervio en una pieza dental; los que no tienen recursos, que dolorosamente son las mayorías, tendrán que ver que su dentadura se atrofie porque no les queda otra solución, circunstancia esta que también lo que hace es favorecer la odontología empresarial privada, a la que de ninguna manera tienen acceso los más pobres que ni siquiera tienen el también privilegio de un salario mínimo.

En todo esto decidido en la CCSS que privilegia prioritariamente, por razones obvias, la atención a las consecuencias de la pandemia y subsiguientemente las demás enfermedades y muy poco y a veces casi nada las intervenciones quirúrgicas, colocó demasiado al margen la Oftalmología y también la Odontología, enfermedades o problemas del cuerpo, con graves consecuencias para los usuarios, poniendo en cierta forma de manifiesto la preeminencia de la concepción aludida atrás sobre el ser humano como un ser escindido en dos partes, una de las cuales el cuerpo u organismo, es el que más se favorece, dejado al margen la atención a la salud de la otra parte constitutiva y referida del ser humano como es el alma, la mente o la psique o en pocas palabras la salud psicológica o mental.

Las importantes y trascendentes investigaciones y resultados logrados por las Ciencias Cognitivas y las Neurociencias, en los recientes tiempos, han demostrado con pertinente evidencia que ninguna disciplina de la salud que aborde al ser humano puede ser inferiorizada o excluida. Como señala la científica española Nazareth Castellanos, el cuerpo en su funcionamiento e interacción, regula la mente, el cerebro y este a la vez depende y regula el cuerpo. Pero para comprender esto los médicos, enfermeras y demás profesionales de la salud y los currículos de las universidades deben tener la visión de la filosofía y la epistemología, no siendo filósofos como lo proponía tempranamente Galeno, sino apropiándose de los conceptos básicos que permitan una nueva Antropología y una nueva cosmovisión, que supere la newtocartesiana y con las cuales parecen estar en deuda, para que una nueva visión de una salud integral se extienda siempre, sin exclusiones, a todo el ser humano.

 

*Licenciado en Ciencias Sociales y Económicas, Psicólogo Organizacional y exasesor de Unesco

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Viernes 08 Octubre, 2021

HORA: 12:00 AM

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