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Opinion

Pandemia evidencia lo mal que estamos en educación

Editorial

Definitivamente, ya se superó el tiempo estimado para volver a la normalidad tras los embates de la pandemia. Sin embargo, es evidente que aún restan meses de confinamiento, de distanciamiento y, por consiguiente, la adaptación a una nueva forma de vida. Nada será igual de ahora en adelante, aunque lo pretendamos y deseemos con todas nuestras fuerzas.

En diciembre de 2020, estábamos casi seguros de que ya la habíamos vencido y a principio de año creímos que estábamos en los últimos peldaños. Sin embargo, con el paso de los meses nos dimos cuenta de que esto está aún lejos de acabar.

Muchos tenían la seguridad de que con la vacunación íbamos a dejar las mascarillas, a poder retomar los abrazos, los besos y las reuniones familiares sin necesidad de tomar distancia.

En el caso de los niños, pensaron que volverían los recreos donde todos compartían en los plays y en las canchas, aquellos momentos donde llevaban meriendas para intercambiar bocadillos y que podían prestarse los lápices o los borradores sin temor a que su vecino tuviera una enfermedad contagiosa.

Pero, como eso no sucedió, más bien la pandemia ha desnudado el gran problema que tenemos en el área educativa y más cuando se trata de temas relacionados con tecnología.

Tal como quedó al descubierto en el Estado de la Educación 2021, 426 mil estudiantes enfrentan problemas de conectividad, o sea, imaginemos todas las peripecias que han tenido que hacer estos niños y jóvenes ahora que la virtualidad se llevó en banda a quien no contaba con las herramientas necesarias. 

Pero además seamos realistas, ¿cuántos jóvenes no han tenido ni siquiera la oportunidad de recibir lecciones y, como quien dice, el año pasado lo aprobaron sancochados, y este año van ahí más o menos, porque en algunos sitios se retomó la presencialidad, aunque fuera por lo menos parcial.

La estadística es superior en comparación con julio de 2020, cuando el problema de conectividad en aquel entonces era de 375.371. En otras palabras, cuatro de cada 10 estudiantes carecen de las condiciones adecuadas para desarrollar sus lecciones a distancia conforme al desarrollo de la pandemia. 

Independientemente de cuál sea su estrato social, todos estos niños y jóvenes no deben quedar en desventaja.

Es claro que la pandemia vino a recrudecer la pobreza y otros flagelos como el desempleo, lo cual ha puesto en clara desventaja a estos estudiantes que no tienen posibilidad de conectarse porque no cuentan con una computadora, un celular o al menos dinero para una recarga, pues muchos están entre la encrucijada de comer o asistir a clases virtuales.

Lo que aún no entendemos es por qué si en 2020 dimos claros signos de no estar bien, durante todos estos meses no se hizo nada para remediar el rezago. Entendemos que el año anterior la pandemia nos agarrara de sorpresa, pero por qué más de doce meses después no se ha hecho mayor cosa para sacar la tarea a fin de darles las mismas condiciones a todos los estudiantes. 

No entendemos tampoco cómo es posible que en enero de 2021 la ministra en comparecencia diera unos datos alarmantes y hoy cinco meses más tarde no se haya hecho nada, pues para ese momento 324.000 estudiantes no contaban con conexión a internet en sus hogares.

“El 87% de los centros educativos públicos tiene alguna conexión de internet y el diagnóstico que hicimos, por la necesidad de la conectividad en hogares, arrojó que 324.616 estudiantes están sin internet en su hogar y se evidenció esa brecha digital, cuya afectación nos dedicamos a combatir a partir de diferentes estrategias”, fueron las palabras de la jerarca de Educación en el Plenario Legislativo.

Ojo a los datos, porque no podemos quedarnos de brazos cruzados. Mediante una encuesta en línea realizada a 42.074 docentes de centros educativos públicos en todo el país, aplicada por el Informe Estado de la Educación del Programa Estado de la Nación, se determinó a grandes rasgos que rotundamente “no estábamos preparados para dar y recibir la virtualización de los procesos educativos”.

Destaca el informe que la mayoría de los docentes reporta tener acceso a internet mediante una conexión estable, internet por el teléfono fijo, coaxial o fibra óptica. Sin embargo, un 25% del personal asegura que sus conexiones son inestables, eso no es su responsabilidad. Lo anterior es evidentemente una “barrera de entrada para impartir sus clases a distancia”, como dice el dicho, el tiempo perdido hasta los santos lo lloran y en este caso es la educación la más impactada. 

En cuanto a los alumnos, el tema es difícil de vaticinar, si bien muchos países del mundo ya retornaron a los salones de clases pese a las infecciones por coronavirus y las muertes, lo cierto es que Costa Rica está lejos de que las clases vuelvan a ser lo que eran antes de marzo de 2020. Lo lamentable es que estemos aún peor que hace un año, entonces pareciera que nadie ha hecho nada para mejorar la educación a distancia.

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Sábado 04 Septiembre, 2021

HORA: 12:00 AM

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