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Opinion

“Esperen, parece que hay otro”…

Opinión

Así empezó la historia, un enero veintidós a finales de los ochentas, en una sala de maternidad en el Hospital Max Peralta Jiménez en Cartago.

Tremenda sorpresa para una mamá primeriza de 21 años, en un matrimonio humilde de campo en la Zona de Los Santos, él jornalero, ella ama de casa. Fue sorpresa doble y no lo sabía.

Transcurría un embarazo normal, con los cambios físicos y emocionales que eso conlleva, pero todo iba perfecto. Las citas médicas de control eran las que correspondían, todo iba bien. Llegó la hora de descubrir si era niño o niña y por supuesto mi papá la acompañó, pero para eso se deberían trasladar hasta el Hospital de Cartago, el más cercano, lo cual era logísticamente complicado (actualmente funciona igual).

“La máquina de ultrasonidos está dañada, vengan en una semana”, ese fue el recibimiento en el Hospital.

A la semana siguiente no tenían el dinero para trasladarse a Cartago y como todo marchaba normal, nada importaba conocer si era niño o niña, el amor era el mismo y no hubo ningún ultrasonido.

En la siguiente cita de control el doctor la envió a internarse para que le fuera provocado el parto, dejándose llevar únicamente por el gran tamaño del vientre, (pues eran dos las que se formaban allí), sin embargo, mi mamá insistía en que no eran los nueve meses, que ella sabía y las cuentas eran otras, pero, una muchacha sencilla e inexperta no tenía mucho que objetarle a un médico.

Fue internada y con un parto provocado, mucho tiempo en sala de labor (algunas décadas atrás, todo era distinto). Finalmente nació mi hermana, mi madre solo recuerda que escuchó la frase “Esperen, parece que hay otra” y justo a los cinco minutos vine yo. No solamente tuvo que parir provocada a los siete, sino que éramos dos. 

Fuimos tan pequeñas que nos faltó la formación vital de la última etapa del embarazo, pasamos algún tiempo en incubadoras, la piel era aún medio transparente y mi papá nos tomaba en la palma de su mano, realmente no muchos apostaron a que lograríamos sobrevivir.

Había muy poca preparación con ropa para una, entonces menos tenían para dos, no tenían ni siquiera nombre porque no sabía si era niño o niña, entonces no tenían que correr a buscar un nombre, sino dos y una persona externa les dijo que él conocido a unas gemelas con estos nombres y pues así nos llamaron, es decir que en algún lugar de Costa Rica existen un par de gemelas llamadas igual. El tiempo que permanecimos en incubadoras fue para que la “abuelita Pancha” tejiera unos jueguitos para cuando saliéramos del hospital.

Y pues contra cualquier pronóstico de la gente que siempre opina sin saber, aquí estamos con mami, ambas somos madres, tenemos hermanas y hermano, abuelita Pancha y papi ahora nos cuidan desde el cielo, pero fue increíble el tiempo que nos acompañaron y estoy segura de que les habría llenado de orgullo ver a la familia que hoy somos.

Hoy podemos disfrutar a mami, realmente un Día de la Madre es una cuestión simbólica para representar lo extraordinarias que son. Cuando ya somos madres es cuando entendemos miles de cosas y valoramos cada detalle y esfuerzo que fueron hechos por ellas y pasaban desapercibidos.

Cuando somos madres descubrimos un amor que trasciende más allá de lo que podamos imaginar, ese amor que es capaz de dar la vida… Feliz día, mami… TE AMO.

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Miércoles 18 Agosto, 2021

HORA: 12:00 AM

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