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Opinion

¿Dónde se nos extravió la solidaridad?

Opinión

Nuestro país siempre se identificó por su gente, caracterizada por su inherente amabilidad, su respetuosa cortesía y su desprendida solidaridad. Eran los tiempos cuando los ticos tenían más consciencia de las necesidades de sus conciudadanos, y hasta el empresario, el millonario o el político eran capaces de desprenderse de una pequeña parte de su abultadísimo patrimonio personal para colaborar, al menos, con el mínimo equilibrio y equidad en beneficio de nuestra sociedad, a sabiendas de que con esto estarían contribuyendo no solo a su propia seguridad y bienestar sino también, a nuestra invaluable PAZ Y EQUILIBRIO SOCIAL. Por eso es que hoy me pregunto: ¿dónde extraviamos los ticos aquella simple solidaridad? Y en especial los “políticos” de turno, que en la actualidad están empujando a nuestro país a una inevitable y peligrosísima confrontación social; donde se olvidó aquella básica consciencia de que al privarme de una pequeña parte de mis pertenencias no me iba a hacer ni más pobre, ni más vulnerable, todo lo contrario, estaba contribuyendo a crear un ambiente social más digno, más justo y más satisfactorio para todo el entramado social en general, y que propiciaría ciudadanos más conformes (ojo; ¡no resignados!) y satisfechos con su condición social si al menos tuviesen cubiertas sus necesidades más elementales (salud, vivienda, manutención).

Al fin y al cabo, el tico promedio nunca ha necesitado de mucho para satisfacer sus necesidades cotidianas, y lo digo porque provengo de una familia netamente campesina, totalmente “pata en el suelo”. Criado al calor de una cocina de leña, conocí la libertad correteando cafetales y potreros y aprendí a nadar en las cristalinas pozas de los ríos de ese entonces, así que tengo el criterio suficiente para captar la abismal diferencia entre esta Costa Rica actual, inmersa en un peligroso proceso de desestabilización social, acumulación de riqueza por unos cuantos, pérdida de valores y de su identidad, un exacerbado egoísmo,  el extravío de aquellos valores de humanizada convivencia y el desmantelamiento sistemático del Estado Social de derecho, que tanto costó conquistar a lo largo de muchas décadas y aquella otra Costa Rica de antaño; fraterna y solidaria;  es por eso que me pregunto: ¿QUE PASÓ CON MI PAÍS? Dónde quedó aquel pueblo solidario, desprendido, presto a compartir con todos sus hermanos; y es que no podemos plantearnos esta pregunta, sin antes analizar los orígenes de esta irrefrenable hecatombe, partiendo de la abismal diferencia entre PODER Y AUTORIDAD. 

Porque según lo veo desde mi óptica, una cosa es La Autoridad, y otra muy distinta es el Poder; La Autoridad es igualitaria, pero el poder es prepotente, narcisista, mezquino, arrogante y ambicioso; es por eso que la auténtica solidaridad jamás podrá provenir desde el poder; el poder solo impulsa dictaduras, pero es la autoridad ¡la que desata cadenas!; el poder divide; ¡la autoridad convoca!; el poder levanta muros; ¡la autoridad tiende puentes!; el poder impone; ¡la autoridad dialoga!; el poder solo se ocupa de sus mezquinos intereses; ¡la autoridad vela por el bienestar de todos!; el poder se arraiga en las mentes “embrutecidas”; pero la autoridad; ¡Oh Maravilla!; la autoridad es una investidura –casi divina-, que se adquiere por méritos propios, y se confiere con el respeto, la aprobación, la admiración y el consenso de los demás.

Y es que el verdadero liderazgo tiene que ver directamente con La Autoridad, y no con el poder; por eso Jesucristo, Mahoma, Buda, Gandhi; y todos los grandes sabios en la historia de la humanidad ¡RENUNCIARON VOLUNTARIAMENTE AL PODER!; precisamente por eso también fueron capaces de ejercer una ¡SOBERANA, SUPREMA, JUSTA E INVENSIBLE AUTORIDAD! que incluso ha trascendido hasta nuestros días.

La Autoridad no se compra ni se aprende en ninguna Universidad, y no se obtiene ni con diez mil títulos universitarios, La Autoridad es espontánea y nace con quien la posee; La Autoridad es ¡DIÁFANA!; es ¡HUMILDE!; es ¡NOBLE!; y no defiende sus egoístas intereses sino el bienestar común; en cambio el poder por sí mismo, termina por desnudar las desvergüenzas y las inhumanas escorias de todo aquel que ha pretendido imponerlo.

La Autoridad en su sabiduría; ¡GUÍA!

El poder con su castración; ¡REPRIME!

El poder ¡CUALQUIER PAPANATAS LO OSTENTA!; pero la Autoridad nace Inmarcesible, Diáfana e Igualitaria, con quien tiene el privilegio … ¡DE MERECERLA!; y es el único camino, y solamente será a partir de ella que renacerá -libertaria y luminosa- una nueva y auténtica… ¡SOLIDARIDAD!

 

*Poeta y músico

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Miércoles 18 Agosto, 2021

HORA: 12:00 AM

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