¿Impedir la libertad de conciencia?
María Cecilia Dobles Yzaguirre
La Sala Constitucional declaró inconstitucionales alrededor de 35 artículos de la propuesta de Ley de Empleo Público, la cual se encuentra en discusión y reforma en la corriente legislativa. La Sala también se pronunció sobre la constitucionalidad que garantiza el derecho, para los empleados públicos, sobre la objeción de conciencia, es decir que es válido ese derecho porque está de acuerdo con la Constitución Política. Muy atinado que en dicho derecho se incluye a los educadores, pues ellos son, después de la familia, quienes propician conciencias plurales y lúcidas. Cuesta creer que anteriormente el Consejo Superior de Educación (CSE) manifestara, sobre ese mismo artículo, su oposición a la libertad de conciencia para los docentes y solicitara a la Asamblea Legislativa que los excluyera de ella.
Ahora, después del pronunciamiento de la Sala, dos diputados del PAC condicionan su voto al proyecto, por las mismas razones que el CSE para que sustraiga a los empleados públicos de la libertad de conciencia que pretende otorgarles el artículo mencionado. Alegan que esta les permitiría rechazar ciertas capacitaciones, si ellos consideraran que violentarían sus convicciones éticas o morales. La conciencia individual es imposible de sustraer en un Estado de Derecho, es lo más profundo que tiene el ser humano y ese cambio sería muy grave porque afectaría directamente la libertad de pensar y actuar de las personas. ¿Qué pretenden? ¿Un “lavado de cerebro” colectivo para que todos pensemos igual?
Recordé una frase de don Omar Dengo, insigne formador costarricense del siglo pasado: “El problema social es problema de la educación por excelencia”. ¿Habremos descendido tanto en el ámbito educativo que estaríamos proponiendo afectar el ámbito social? ¿Tendríamos entonces capacitaciones de los empleados públicos por parte de un “Estado autoritario” que quisiera uniformar voluntades? No podemos perder de vista que la educación sigue siendo el pivote fundamental de un país y la libertad individual en una democracia como la de Costa Rica debe ser incuestionable. ¿Dejaremos de ser libres? Si tratamos a los empleados públicos y específicamente a los maestros, como “robots” que no pueden pensar con opinión y discernimiento, ellos tratarán a sus subalternos o aprendices de la misma forma. Se educa con el ejemplo.
Don Omar también decía: “Estamos en el plano de la imitación y hay que ascender al plano de la creación”. Me pregunto: ¿con las propuestas referidas estamos ascendiendo? ¿O más bien nos estamos acomodado a lo que dictan las normas en otras latitudes? ¿Podemos ser creativos si nos dictan lo que tenemos que pensar? ¿Cómo van a ser preparados los jóvenes hacia una formación libre por personas cansadas de normas obligatorias y pisoteando su pensamiento y sus libertades? Con semejante posición podríamos estar perdiendo el derecho de crianza de nuestros hijos, bastión de la democracia, para dar cabida a imposiciones extrañas.
Jamás nos podríamos oponer al derecho individual y colectivo de las personas para optar por una condición particular. Esto también es libertad, pero su respeto no implica que limiten el pensamiento y la libertad respetuosa de los demás. La objeción de conciencia se podrá entonces asumir responsablemente, sin que limite, violente o impida el goce de los derechos de otras personas. Lo que falta, entonces, no es limitar la libertad sino contar con una mayor educación en valores para el trato respetuoso entre todos, sus condiciones y sus formas de ser y de pensar. Es mucho más complejo educar que normar y Costa Rica apuesta por lo primero. Concluyo con una frase de Paulo Freire: “Desconfiaré de quienes me digan, en voz baja y precavidos: Es peligroso hacer. Es peligroso hablar. Es peligroso andar…”. Ahora en nuestro país se propone, en voz alta y sin precauciones, limitar libertades fundamentales. Impedir la libertad de conciencia es impedir libertad.
*Educadora