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Opinion

¿Cómo se conjuga restricción vehicular con alzas en los combustibles?

Marvin Obregón A.

Como algunos recordarán, la restricción vehicular en pro del control del Covid-19 empezó en nuestro país por ahí del 25 de marzo de 2020. A partir de esa fecha se hicieron muchas modificaciones en los días permitidos de circulación de los vehículos, pasando por placas pares e impares y luego que lunes no circulaban las placas 1 y 2, y que martes 3 y 4, y así por el estilo.
Esas constantes modificaciones hicieron que algunos conductores se confundieran y muchos no sabían si ese día podían circular o no. Todo eso produjo malestar en la ciudadanía.
La mayoría de las personas no han estado de acuerdo con la restricción y es de la opinión popular que tal enredijo solo ha venido a favorecer un negocio: el de los partes de tránsito, lo cual en apariencia a setiembre del año pasado recaudó alrededor de ¢681 millones producto de la infracción.
De mi parte siempre intento en todo ver el lado positivo y el lado negativo, y entiendo que dicha restricción apuntó a mitigar la propagación del virus y a disminuir el daño a la salud pública originado a raíz de los efectos del Covid-19 (según Oficio emitido por la Defensora de los Habitantes # DH-0927-2020) a las diferentes dependencias del gobierno, que justifica dicha medida).
La restricción vehicular permitió ganar tiempo en la lucha contra el SARS-coV-2 al disminuir la movilidad de las personas, ya que de esa forma se reduciría en teoría el contacto-contagio. Es indiscutible que pudo haber una cierta ganancia al disminuir los accidentes de tránsito derivados de la reducción de la circulación de carros.
Así mismo, favoreció el tiempo en los hospitales, ya que se podía controlar la saturación por pacientes en emergencias y así emplear más y mejor tiempo en los casos críticos.
Lo anterior es entendible, sin embargo uno se pone a pensar que al restringir la circulación de vehículos (de 4 pasajeros) la gente que necesita desplazarse a trabajar o a hacer mandados tendrá que viajar en buses y en estos hay más posibilidades de contagio, pues más usuarios se aglomerarán en las paradas y en esos automotores viajan no menos de 40 personas cada hora ida y regreso.
He aquí en dónde se cae la tesis de la posible reducción del contagio derivada de la restricción vehicular.
Ahora pasemos a hablar del alza en los combustibles.
A la fecha de este escrito, hacía apenas unos tres días, ya la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) había autorizado el octavo aumento en los combustibles, de tal manera que ahora la gasolina súper cuesta ¢749, la regular ¢725 y el diésel ¢597, respectivamente.
Así como la restricción vehicular, esto también debe tener su justificación, o sea que en algo se debieron basar los señores de la Aresep para autorizar dicha alza. La pregunta sería: ¿En qué?
Pues bien, ahora pasemos a conjugar ambos temas: restricción vehicular y alza en los combustibles. Esto, señores, es lo que “no me cabe en la jupa”.
Ya dijimos que aceptábamos las razones de la restricción y que también (bueno, esto no tanto) el alza en los combustibles, y estoy seguro de que tampoco a la mayoría de la gente le queda claro “cómo se conjuga restricción vehicular con las alzas en los combustibles”, ya que se supone que con dicha restricción -¡valga la casualidad!- los carros circulan menos y al circular menos, entonces se ha trabajado menos, y como se ha trabajado menos hay menos plata para pagar las susodichas alzas en los combustibles.
Entonces siguiendo esa lógica no entiendo cómo a unos señores se les ocurre pedir más por el precio de los combustibles y cómo también los otros señores encargados de toda alza se las aprueban. ¡Qué bonito, verdad!
O sea, estarían bien dichas alzas (ocho para que no se les olvide) si no hubiese restricción vehicular porque aquellos carros estarían que arden de tanto circular y gastar gasolina, ya que estarían produciendo bastante, sus dueños tendrían el dinero suficiente para pagar el combustible, que cada día es más caro.
Haciendo una analogía (me gusta mucho hacerlas para que me entiendan), ¿saben ustedes con qué comparo la presente situación? Esto es como si a alguno de nosotros nos tocara fajarnos en una pelea con Mike Tyson (en su tiempo) sin aviso, sin entrenamiento y con las manos amarradas hacia atrás.
¿Les parece bien este ejemplo o prefieren el de burro amarrado contra tigre suelto?

*Bachiller en Psicología

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Sábado 07 Agosto, 2021

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