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Opinion

¿Por qué querríamos un tren?

Óscar Fernández Venegas

En medio de la pandemia, que ha elevado los índices de desempleo, miseria extrema e inseguridad ciudadana; de por sí ya insoportables antes de esta. Cuando se pretende cambiar deuda cara por barata, lo cual no significa aumentarla, aunque sea a un ínfimo costo. En momentos en que la educación es un caos incrementado en los tres años más recientes, con ostensibles interrupciones de los cursos lectivos obligándonos a forzar promociones a los subsiguientes niveles y, con un vergonzoso déficit en infraestructura y en el espectro tecnológico que deja en total indefensión a poblaciones sensibles, como son los barrios urbano marginales y comunidades fuera de la GAM. Desde siempre se tiene a la educación como el mayor factor de movilidad social y si es que un día podamos iniciar la reactivación económica y venga inversión extranjera, nos sorprendería con la falta de talento al no tener gente educada. Sería más sensato invertir en esa área y de paso impedir la “explosión” de ninis que, a muy corta edad, son tentados y migran al crimen organizado, al narcomenudeo y hasta al sicariato, para obtener ingresos y poder sobrevivir en este “valle de lágrimas”.

¿Por qué querríamos un tren?, sí lo que se requiere, urgentemente, es bajar el gasto público; reduciendo en su real dimensión el aparato estatal, eliminando instituciones improductivas y desterrando duplicidad de funciones y burocracia. Al tener que pagar un estimado de $95 millones anuales de subsidio que, de pronto, no sabremos de donde obtenerlos, si no por vía de impuestos y que, indefectiblemente, se dispararía; ya que, honestamente, debería consignarse en el cartel de licitación la escasez de usuarios, dentro de 10 años, según pronosticó el Director Ejecutivo del BCIE, como duración del proyecto. Sí, porque para entonces el perfil del pasajero sería, entre otras condiciones, que sea menor de 55 años y que no esté en teletrabajo, lo uno porque estaría muy cerca de su jubilación y lo otro pues no requiere movilizarse. Tratándose de niños y jóvenes estudiantes de cualquier nivel, no obstante que tienen destinos cercanos y sus propias formas de traslado, sin duda la tecnología se impondrá y mínimo habrá un sistema dual, virtual y presencial. ¡Menos usuarios! Otra condición sería que el pasajero viva en Paraíso y trabaje en El Coyol o viceversa pero, con el inconveniente de cuán cerca estén las paradas del tren desde la casa o el lugar de trabajo, además de los trasbordos necesarios.

¿Por qué querríamos un tren que se desplace cada cinco minutos en horas pico y cada quince en otras, provocando muchas más presas en los cruces de tránsito vial? Si la apuesta de esta Administración fue, precisamente, enfatizar los proyectos de obras viales para despejar el flujo vehicular y, adicionalmente se tiene el plan de sectorización del transporte público, hasta el cobro electrónico a los pasajeros. Todo lo cual supone una agilización suficiente del proceso, resolviendo buena parte de la problemática. Pero me temo que la misma Administración se contradice, o quizá por disimular implicaciones en el caso Cochinilla que impidan culminar esas obras. Sí resulta extraño que la Ministra de Planificación sueña y hace planes de otro ilusorio proyecto que llaman Ciudad Gobierno, que se construiría exactamente entre el costado oeste de Plaza González Víquez y las oficinas del Incofer, antes la Estación del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico (sí, ya tuvimos un tren eléctrico), un espacio necesario para el paso del malhadado trencito. 

Lo anterior, asumo, se resolvería haciendo el tramo de ese punto hasta la Estación del Atlántico, a modo subterráneo y sumado a la eventualidad de que la vía por todo el recorrido, así como pasos a desnivel, puentes, etc., estructura con unos setenta años de antigüedad, esto no se ajuste a las especificaciones de la modernidad del nuevo  tren, es muy probable y dudo que se haya contemplado en los costos, de manera que se incrementaría su valor.

Entonces,  ¿por qué querríamos un tren? Solo puedo especular: ¿será por autocomplacencia, prepotencia, soberbia, tozudez o… por unos dólares más? Lástima la salida de la fiscala, tan abrupta y misteriosa; ese hecho, creo, retardará más la apertura de dispositivos incautados a Carlos Alvarado, en aquel histórico, por vergonzoso, allanamiento en Casa Presidencial. Tengo para mí que el contenido de estos nos responderá tantos cuestionamientos, algo del negociado con la renovación de Puerto Caldera, la misma operación del proyecto del tren de pasajeros incluida la reunión en Punta Islita con personajes, supuestos involucrados, mensajes e instrucciones a sus asesores y asesora en lo de la UPAD… y algunas cuantas “cochinadillas” más.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Sábado 31 Julio, 2021

HORA: 12:00 AM

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