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Opinion

Son seres humanos, no ganado

Editorial

En Costa Rica nos jactamos de ser un país verde, de atraer miles de turistas que llegan a disfrutar de nuestras bellezas naturales y muchos otros aspectos que nos hacen sentirnos superiores respecto a las naciones del área.

Sin embargo hay muchas otras razones por las cuales debemos sentir vergüenza, como por ejemplo la trata de personas, flagelo que lastimosamente nos afecta y nos deja muy mal parados.

El 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas. Este es un tema tabú para muchos y cuando logran salir bien librados, en lugar de denunciar, prefieren callar, haciendo que estas bandas sigan sumando víctimas.

Es preocupante conocer que hay más de 330 víctimas de trata, de las cuales 143 son costarricenses. Las demás lastimosamente son personas que con engaños fueron traídas a nuestro país para sufrir algún tipo de explotación.

Lamentablemente estas cifras nos ubican como el segundo país a nivel mundial que más lucra con este flagelo, que no respeta edad, color y menos procedencia. A los criminales que las explotan no les importa si son niños, mujeres u hombres. En el caso de estos últimos se registran muy pocos casos.

Muchos piensan que solo se trafican personas para que se dediquen a la prostitución, pero no es así, algunas son obligadas a mendigar, otras a cumplir extenuantes jornadas laborales y que sirvan como vientres de alquiler.

El difícil contexto económico que enfrenta Centroamérica, al que nuestro país no escapa, lleva a estas personas a caer en las redes criminales que les ofrecen estos “trabajos”, los cuales aceptan para ayudar a sus familias.

El dinero que van a ganar no es mucho, pero por lo menos les facilitará cubrir sus necesidades básicas. En otros casos las deslumbran ofreciéndoles condiciones insuperables, que les permitirían vivir en la opulencia.

También atraen jovencitas con la falsa promesa de convertirlas en modelos, haciéndolas ricas y famosas, pero cuando las llevan a otros países terminan inmersas en redes de prostitución y explotación laboral, viviendo en condiciones infrahumanas.

Hemos conocido casos de empresas que traen extranjeros para hacerlos pasar necesidades, los tienen en pésimas condiciones laborales, casi como esclavos. 

En Costa Rica las autoridades han caído a varias de estas empresas, que deben cerrar por operar al margen de la ley, y han desarticulado algunas organizaciones que se dedican al tráfico de personas, principalmente de cubanos, venezolanos y orientales.

Algunos se hacen ricos a costa del sufrimiento de las víctimas porque cuando se desmantelan estas bandas organizadas se hallan tarifarios donde cobran $400 (¢250 mil) por trasladarlas dentro del territorio nacional y $2.000 (¢1,2 millones) por sacarlas del país y llevarlas hasta México.

Costa Rica es un territorio vulnerable, un punto estratégico en el continente americano, para el crimen organizado. Las drogas, las armas, las almas y el dinero sucio circulan a diario por aquí.

Nos hemos convertido en la base de operaciones de grupos delictivos que operan impune y cómodamente por varios factores, como la estabilidad política, la ausencia de ejército, garantías procesales y penas relativamente bajas en comparación con los demás países del área, por mencionar algunas. 

El tráfico y la trata de personas no son fenómenos nuevos. Esporádicamente se reporta la desarticulación de estas bandas, pero son acciones fortuitas, basadas en denuncias, no en una labor de inteligencia continua.

De hecho, no hay unidades policiales robustas que se dediquen exclusivamente a trabajar en esta modalidad, tampoco recursos tecnológicos y menos económicos. El recurso humano también es escaso.

Es evidente que estas situaciones ocurren al amparo de funcionarios de Estado, que facilitan trámites y omiten sus responsabilidades, que reciben dádivas, por eso deben ser castigados con mano dura.

Un factor fundamental es la capacitación. Los cuerpos policiales y las organizaciones sociales que atienden a grupos vulnerables deben conocer los detalles del delito y realizar talleres o mesas redondas donde se discutan los riesgos y las consecuencias.

Denominada la esclavitud del siglo XXI, esta ilícita actividad representa ganancias para el crimen organizado de entre $32 mil millones y $36 mil millones anuales, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, y a su paso deja víctimas con secuelas terribles, así como saldos de muerte.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Sábado 31 Julio, 2021

HORA: 12:00 AM

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