Por sus frutos los conoceréis
Editorial
“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Qué dura es esta frase de Joseph de Maistre, tan determinista e incómoda en los tiempos actuales, más a las puertas de una nueva elección en territorio nacional, y en medio de crisis por doquier: sanitaria, económica, social, política, judicial, moral, etc.
Y, para mayor zozobra entre los ticos, la solución de todo cuanto ocurre no está en sus propias manos, sino de los políticos, que no gozan de buena fama en los últimos tiempos. A este ambiente de desconfianza, malestar y frustración, han contribuido todos los que se desenvuelven en la política, pero algunos más que otros, debido a prácticas y posturas reprochables.
Hablemos hoy sobre el Partido Acción Ciudadana (PAC), que ilusionó al pueblo con una imagen de transparencia y probidad en la función pública porque sus representantes no hacían otra cosa que señalar con el dedo a los partidos tradicionales, de modo que, sin importar qué propusieran estos, insinuaban o decían expresamente que se trataba de un acto de corrupción.
Un día sí y otro también, le vendieron al país una quimera: el PAC era distinto y buscaba un cambio. Sin embargo, bastó con que pasaran a ser gobierno para que toda la corrupción desapareciera (?) o se le achacara a los que detentaron el poder durante décadas, y alternándose: los Partidos Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC).
Pero se atribuyen a Abraham Lincoln estas palabras que nos ilustran la actualidad nacional como si se tratara de un cuadro hiperrealista: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.
Apenas hubo cambio, todo siguió igual y quienes tanto criticaban comportamientos inapropiados, como nombrar familiares en la función pública, crear plazas y repartirlas por motivaciones políticas y/o electoreras, saltar de puesto en puesto para hacer currículum priorizando a los compadres, abusar de la deuda política y muchas otras más, se volvieron (o se mantuvieron como) prácticas comunes.
Más tarde, y sin sonrojo, tras verse evidenciados por la acuciosa labor de la prensa, entre la que destaca DIARIO EXTRA, salieron al paso con excusas que fueron un plato de babas, pues para pantallas de humo sí que sirven el aparato mediático estatal y sus repetidoras privadas desde hace casi ocho años.
No obstante, tras desaparecer por un rato, los políticos señalados “resucitan” para seguir en las mismas, ya sea en el mismo puesto u otro, pero siempre con salario equivalente o superior. ¿Y el pueblo? Mal, gracias, sintiendo que cada vez desmejoran más los servicios que por ley debe brindar el Estado y que las autoridades solo piensan en cómo pueden sacarle plata de sus bolsillos por medio de impuestos casi que hasta al aire que se respira.
Hace dos gobiernos, los encabezados por representantes del partido de la ética, las cosas son muy opacas en Casa Presidencial. Los jerarcas no dan cuentas, se sienten incuestionables, cual si fueran monarcas cuyos mandatos deben cumplirse porque sí, se portan esquivos, desconfiados, viendo por detrás del hombro todo el tiempo, por lo que no generan tranquilidad entre los costarricenses.
Por más que quieran eclipsarlo, los persiguen estigmas como el “hueco fiscal”, “El Cementazo”, el espionaje de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD) y ahora perdieron la poca credibilidad que les quedaba cuando saltó “La Cochinilla”.
Tampoco se detiene la cantaleta de la pandemia y se le usa, pese a tratarse de sinónimo de dolor y sufrimiento para todos los de a pie, como válvula de escape cada vez que se sienten acorralados por los cuestionamientos.
Aparte de eso, se da prioridad a proyectos que no parecen ir en favor de las mayorías, como el famoso tren eléctrico, cuando las verdaderas necesidades de los ciudadanos honrados y trabajadores, o que quisieran laborar, pero no pueden porque se mantiene cuasi secuestrada la economía, se ignoran o se buscan excusas carentes de contenido, pero abundantes en verborrea tecnocrática para defender lo indefendible.
Aunque no todos la pasan mal. Hay un señor, fundador del Partido Acción Ciudadana, que se ponía un sombrerito campesino únicamente para la campaña política, quien le decía a la gente todo lo que quería oír y se comportaba como una persona intachable, sin embargo, luego de los dos últimos nombramientos que consiguió, la verdad que aún quedan muchas cosas por pensar.
Durante la Administración de Laura Chinchilla, la fracción de dicha agrupación política bloqueó “heroicamente” un plan fiscal mucho mejor elaborado y menos regresivo que el que sufrimos ahora los costarricenses, porque el PAC no podía aprobar más impuestos (cómo cambian los tiempos…).
Entonces ese señor, quien fue aspirante presidencial del partido, dijo que no estaba de acuerdo con la decisión de su fracción legislativa, pero, como muchas otras veces, del discurso de desaprobación no pasó.
En la Administración de Luis Guillermo Solís, se comportó casi como si la cosa no fuera con él, dentro de la Asamblea Legislativa no hizo mucho que digamos, o tal vez fue que la gente mantenía muy altas expectativas por todo lo que criticaba estando desde afuera, qué inocentes nosotros.
Sin embargo, desde que empezó este Gobierno, y debido a los justos y aún no aclarados cuestionamientos hacia la actual Administración, este señor al parecer renunció a sus eternas aspiraciones presidenciales y se consiguió un puestico en el Banco Centroamericano de Integración Nacional (BCIE), desde donde todo se veía tan lejano que se dio el tupé de decir que su altísimo cargo lo hacía no poder opinar sobre lo que hacía el gobierno de Carlos Alvarado.
Y, aún en contra de las recomendaciones técnicas del Ministerio de Comercio Exterior (Comex), a este mismo señor se le dio la representación de Costa Rica en la Organización para Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), con sede en París, Francia, de modo que ahora se irá a disfrutar los goces de Europa y deja claro que nadie tiene derecho a cuestionarlo, en tono chichoso, mientras alista la maleta, quizá para nunca volver. ¿Primero mis dientes, después mis compatriotas?
O quién sabe, quizá para volver más pronto de lo que muchos esperamos, pues ya dijeron bastantes precandidatos que, de ser electos, casi que la primera orden que darían será destituir al señor en cuestión.
Ese señor, Ottón Solís Fallas, encarna una advertencia, sobre la clase de políticos a los que no se les debe creer… Ya lo dice la Biblia, “por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16-21).
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Lunes 12 Julio, 2021
HORA: 12:00 AM