El panadero del barrio
Opinión
Este señor de 62 años comienza su día a las 4 a.m. y la concluye a las 8 p.m.
Renueva su optimismo porque no tiene de otra para enfrentar su angustiosa situación económica. No solo está a punto de perder su casa que tanto le costó adquirir con los ahorros de su vida, sino que también tiene en riesgo su negocio, pues la actividad no genera lo suficiente.
Sus ventas en la panadería no le alcanzan para pagar todos los servicios básicos, no solo porque sabe que los clientes también están pasando penurias con sus ingresos, sino porque instituciones como la CCSS, las municipalidades y otras siguen cobrando como si no ocurriera nada.
Todos los días se entera que los creativos que gobiernan solo tienen una medida para aumentar los ingresos, impuestos y más impuestos.
Que si gravar Sinpe, que el salario escolar, que subir el IVA, que a lo mejor respira muy seguido y no paga, pues que pague por respirar.
Busca y rebusca entre lo que lee la noticia de que van a cambiar las leyes que les permiten portillos a empresas que reportan cero utilidades y con ello evaden el pago del impuesto sobre la renta. Pero desde luego que no la encuentra porque eso a los diputados y creativos del Estado no les interesa porque al rato existen intereses que deben proteger.
Si una empresa financia campañas políticas, como es bien sabido que sucede, no debe ser porque el candidato come tamales en un mercado o porque lagrimea cuando regresa al país después de diez años de ausencia. Al rato, debe ser por algún motivo adicional, supone el panadero.
El hacedor de panes del barrio se percata desde hace mucho, de que los recursos del Estado son administrados con la típica negligencia del sabedor que nada le va a suceder si comete errores en su gestión, porque como no son sus bienes, pues qué importa…
Conoce desde hace mucho que existen corruptelas que encarecen las compras del Estado y eso implica que se requiera de mayores ingresos para sufragar la fiesta del gasto público. Y el panadero se pregunta ¿para qué sirven las auditorias de cada institución? ¿Para qué se les paga millones y millones a los que se supone deben cuidar nuestros recursos?
Como este señor del barrio sí debe administrar sus ingresos de manera eficiente para poder comer, cuida los cincos a más no poder, pone a competir a sus proveedores, no tiene personal innecesario ni de adorno, cuida celosamente de su inventario y no existe el desperdicio bajo ninguna de sus formas, sí le preocupa que El Estado le quiera seguir sacando plata de su bolsillo a cambio de muy pero muy poco.
Su familia labora con él porque su esposa, hijos y él mismo se quedó sin trabajo desde antes de la pandemia y por dicha como son de “armas tomar”, cuando se podía ahorrar lo hicieron, porque “olfateaban” que por la inutilidad de los políticos este país tendría una grave crisis y sabían que el pueblo siempre paga las tonteras que cada partidillo promueve cuando llega al poder.
Por eso cuando llegó la pandemia desarrollaron un emprendimiento con su panadería. Eso sí, no sin antes pasar un calvario para obtener su patente comercial, como si su actividad representara un gasto y no un ingreso para la municipalidad correspondiente.
El panadero del barrio también ha leído cómo algunos diputados alcahuetean a empresas que no reportan utilidades para que siga el festín. Pero al que trabaja todos los días, a ese que se jode durante extenuantes jornadas, a ese nadie lo excluye de pagar y pagar, a ese sí le ponen el ojo cada vez que pueden, que es siempre. A ese sí hay que vaciarle sus bolsillos y exprimirlo hasta el hartazgo.
A la esposa del panadero, que también es adulta mayor y que se jode igual en las labores panaderas, le acaba de llegar un aviso de la CCSS porque tiene dos cuotas atrasadas y la amenazan con cobro judicial. Pero, en contraste, esta pareja sabe que existen decenas de empresas que le adeudan millones a esta institución desde hace años y no pasa nada.
Para ser atendida por esta institución, ella debe estar al día o de lo contrario tendrá que ver qué hace, automedicarse o simplemente morirse porque no le alcanza para comprar medicamentos por su cuenta.
La municipalidad del cantón donde está la panadería, cobra la patente y los impuestos municipales como si la pandemia con sus restricciones no existiera. A ellos poco les importa las mil penurias que pueda estar pasando cada negocio. Paguen o les cerramos.
Algunos proveedores del panadero del barrio son profesionales que se tuvieron que reinventar para poder vivir. Sus títulos hoy no sirven de nada y la pulsean de la más diversa índole.
Pero este señor de 62 años ve cómo algunos se embolsan miles de millones de colones que pudieron servir para paliar los ingresos del Estado, pero no resultó así porque la típica negligencia de los que administran los recursos públicos carece de controles eficientes o simplemente son parte de la “cochinada”.
También recuerda que, como este cochinillo caso, han existido múltiples desfalcos al erario público y que tan solo pasaron a formar parte del anecdotario popular, más nada.
El señor de nuestra historia ve con mucha indignación cómo los partidos políticos se convirtieron en una maquinaria para ganar elecciones y se olvidaron de ganar buena vida para sus ciudadanos. Pero lo peor de todo no es que los mismos de siempre no quieran soltar la teta, lo peor es que quienes los elegimos seamos cómplices al elegirles como nuestros gobernantes.
Este emprendedor del pan es economista, con un postgrado en Administración de negocios y hoy, igual que los siete días de la semana, se jode desde las 4 a.m. hasta las 8 p.m. en la honrosa profesión de panadero porque ni él ni su esposa e hijos encuentran trabajo.
“El panadero del barrio” somos todos a los que el gobierno quiere seguir jodiendo con más impuestos mientras quien sabe cuántos cochinillos se enriquecen porque al Estado le vale un cuerno cuidar los recursos que todos pagamos. Más fácil imponer más impuestos.
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Sábado 10 Julio, 2021
HORA: 12:00 AM