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Opinion

La fiscala general no solo debe ser honesta, tiene que aparentarlo

Editorial

Se dice que Julio César repudió y abandonó a su esposa Pompeya porque durante la fiesta de Bona Dea, en que los hombres no podían participar, un patricio aparentemente intentó acercarse a ella vestido de mujer para seducirla, aprovechando la ausencia de su marido. El líder romano lo descubrió y, aunque no pudo aportar pruebas de una infidelidad, justificó su decisión con esta frase: “La esposa de César no solo debe ser honesta, sino parecerlo”.
Si bien en situaciones distintas, esta frase célebre puede parafrasearse en los contextos actuales. Supongamos que un matrimonio ejerce en la profesión del derecho, la esposa adquiere una posición de poder en el Gobierno capaz de permitir que el marido, quien se desempeña en el mismo campo, pero labora en lo propio, pueda obtener ventajas a la hora de hacer sus labores.
Podría ser que nada de eso ocurra, pero si al marido le está yendo muy bien y figura como defensor de acaudalados empresarios implicados en causas de corrupción y estafa, las dudas comenzarían a revolotear sobre la pareja, sin importar qué tan honestos y trabajadores sean ambos.
¿Qué tal si al asunto le agregamos dos bombazos mediáticos en los que el marido defiende a los implicados y los subordinados de la mujer deben encargarse de investigar los pormenores sin que ambos se enteren? Aunque ella ignore todo lo que estén haciendo para llevar a las personas que presuntamente cometieron delitos ante las autoridades, ¿cómo saber si no hay gato encerrado?
Se escucha como una trama de telenovela, ¿cierto? Pues no, sucede en un país tropical al que Isaac Felipe Azofeifa consideraba una isla con límites terrestres, en que las cosas ocurren y se justifican de maneras muy extrañas: Costa Rica, donde todos somos igualiticos, aunque unos más que otros.
El caso de “La Cochinilla” no deja de sorprender a la población, pasmada ante la posibilidad de que se confirme cómo la corrupción penetró todos los Poderes de la República. Pero quizá, en medio de tantos incendios el que urge más atender es el de la aparición de Francisco Campos como abogado defensor de dos de las compañías implicadas en el socollón que fracturó la credibilidad de las autoridades. Quizá este nombre no le diga mucho, pero se trata del esposo de Emilia Navas, fiscala general de la República.
Supongamos que los juicios son un partido de fútbol: Ambos equipos tienen sus propios patronos y tratan de ganar el partido. ¿Qué pasa si el técnico de uno de los equipos no puede saber la estrategia de sus pupilos porque implicarse en ella generaría el riesgo de que el cuadro contrario la supiera, porque está casado con el técnico del equipo contrario? ¿Para qué le seguirían pagando a ese técnico? ¿Por atender conferencias de prensa?
Se escucha absurdo, ¿cierto? Pues bueno, así podría resumirse la actual situación del tercer poder de la República, pues quien maneja a los encargados de investigar a los clientes de unos presuntos infractores y deben llevarlos a la justicia no pueden recibir instrucciones ni apoyo de su jefa directa, que comparte vida, techo y cama con quien defiende a los acusados. Aunque haya otros casos que pueda atender, se ve mal desde afuera… Si esto ocurriera en cualquier otro lugar, posiblemente uno de los dos daría un paso al costado. Pero en Costa Rica, aunque se vea mal, puede hacerse, por qué inhibirse. Aunque no parezca moral, es legal, así que esperemos que se aquieten las aguas otra vez.
La señora Navas dio argumentos que no parecen de recibo para defender su posición. Indica que hay una organización dentro del Poder Judicial cuando esto sucede, y que se actúa con “objetividad y transparencia”, al tiempo que matiza que este país es muy pequeño y por lo tanto existe la posibilidad de que se den esta clase de situaciones.
Doña Emilia, el problema es que solo tenemos sus palabras y por estar escuchando discursos bonitos el país se halla en la situación en que se encuentra actualmente. Aparte, es curioso cómo siempre los mismos que están metidos en todo son quienes afirman que este país es chiquitico, como queriendo perpetuarse, pero siempre habrá más gente capaz haciendo fila en busca de una oportunidad.
¿Quién vigila a la fiscala general? ¿Cómo se decide si puede o no continuar con sus labores esta funcionaria, cuando pareciera que todo depende de ella y no sabemos si confiar en sus palabras? Tampoco parece dispuesta a dar un paso al costado… ¿De qué manera nos aseguramos que efectivamente no hay nada malo detrás de esta chayotera?, porque se ve tan turbio el asunto…
En tiempos en que se tambalea nuestra institucionalidad, el recordatorio (pues el señor Campos también defiende a Javier Chaves, implicado en el caso Aldesa, de triste memoria y poco avance conocido) debería hacer que nos cuestionemos esta y otras situaciones.
Doña Emilia, esperamos que dé lo mejor de usted en este puesto al cual se aferra, que los casos avancen de manera correcta y los culpables, si los hay, reciban todo el peso de la ley, en vez de que la parsimoniosa rueda de la justicia nacional haga de las suyas hasta que prescriban todas las causas. Por favor recuerde: la fiscala general debe ser honesta, pero también aparentarlo.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Sábado 19 Junio, 2021

HORA: 12:00 AM

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