Epílogo de una convención
Lic. Efrén Arauz C.
Es un poco pronto para hacer un análisis pormenorizado de los acontecimientos del pasado domingo, pero bueno, ganó el que obtuvo más votos. El que más caló en sus ideas y propuestas, el más práctico, el más ordenado y organizado, en síntesis el que más le llegó al votante común y corriente, sea la mayoría. Atrás quedó el voto racional como sucede en Europa Central e imperó el sentimiento, las emociones como ocurre en América Latina; con todos sus altibajos, diferencias, similitudes, fortalezas y debilidades, ganó José María Figueres.
Un proceso y votación atípica e inédita por la pandemia sanitaria, sin reuniones presenciales, sin banderas ni signos externos, sin piquetes ni manifestaciones, y la votación sin aglomeraciones, sin la mitad de los vehículos, lenta por guardar las distancias y con todos los protocolos sanitarios como lo exigieron las autoridades de salud, aun así votaron casi los mismos 400 mil electores de hace cuatro años, muchas personas sin partido que se acercaron al PLN, pero la participación cívica fue extraordinaria.
Los candidatos, todos buenos, inteligentes, preparados, capaces, respetuosos, de lo que, como ciudadano común, me siento muy orgulloso; los dirigentes que atendieron el control de la votación, el conteo, el Tribunal de Elecciones Internas y el Directorio Político mismo, muy competentes, merecedores de una felicitación, finalmente, el discurso del ganador la noche del domingo, digno de un estadista, vamos todos por el bien vivir, en unión, pensando en Costa Rica.
Para ser Presidente de este país se requiere tener el cuarenta por ciento de todo el padrón electoral o votos emitidos, al día de hoy, al ganador aun no llega a ese porcentaje, o como dice el Premio Nobel nacional, los números no le alcanzan, hay que unirse, hay que integrarse en un solo cuerpo político, en un solo ser social viviente para volver a alcanzar los niveles de bienestar y prosperidad que tuvimos en un pasado con el glorioso partido Liberación, que cuando estuvo en el poder, sin duda se vivió mejor; no somos el voto protesta contra un gobierno improvisado, corrupto e incapaz, pero el votante lo ve así, ningún otro partido emergente, nuevo o viejo, tiene la capacidad, el musculo, los equipos ni los programas con que cuenta el Partido que hizo grande a Costa Rica, solo considerando la integración de las minorías -derecho a la representación de las minorías que consagra y protege la Constitución Política en su artículo 95 inciso 6- será real y verdadera la unión e integración del partido necesaria para ganar, para obtener ese cuarenta por ciento ansiado, de lo contrario sería condenar a la organización más antigua del Continente a su exterminio final, como ocurrió en Suramérica arribando a los extremos antidemocráticos como lamentablemente ocurrió el mismo domingo en el hermano país del Perú, no había dónde escoger, y nadie quiere esto, de nuevo, aquí.
*Abogado y politólogo, Consultor Internacional Unesco