El idioma español no es fácil
Rigoberto Guadamuz Monge*
Todos hemos escuchado de boca de algunos extranjeros que el idioma español es muy fácil de aprender. Pero para poder entrar a desmentir tal criterio, debo empezar señalando que todo depende del emisor y del receptor. Así, por ejemplo, para un niño de 6 años, su idioma materno le basta para poder darse a entender con cierto nivel de mutua comprensión.
Así entonces, para los extranjeros de otras latitudes, su errado criterio de que el español es fácil, está limitado por el nivel en que manejan sus ideas. Pero para quienes nos movemos en el campo más profundo en materia idiomática, nos parece -por lo menos a mí-, el más soberano ridículo que deben o deberían guardárselo para sí. Conste que no digo “para sí mismos”, porque con citar “para sí”, ya doy a entender lo que omito (sí mismo); he aquí la primera lección de lógica lingüística. Debido a mis trabajos en el campo de la lexicografía, debo echar mano -sí o sí- de otros idiomas, en especial del inglés que tiene aproximadamente un 60% de sus palabras tomadas del griego clásico, adoptadas antes por los antiguos romanos y adaptadas a nuestro alfabeto.
Pero el idioma no solo debe ser conceptuado como “total” cuando echamos de cosas cotidianas y muy generalizadas o simplonas; el asunto es más que complicado. En algunas ramas del conocimiento tales como Biología, Botánica y Medicina (la Academia de España señala que no deben llevar mayúsculas, pero ni siquiera le hago caso), tienen una inmensa cantidad de términos que, formados con partes del griego clásico y del latín, simplifican enormemente al encapsular lo que se pretende decir, con pocas palabras.
He de indicar que nuestros abuelos indígenas y otros pueblos también tenían y tienen palabras que constan de otras partes, que en Gramática denominamos sufijos, infijos, prefijos, etc. Mi campo de observación para poder determinar cómo hablamos o “dominamos” el idioma español, es lo que dicen los periodistas, los abogados y los otros con más títulos que no ser “profesionales rasos” y buscan otros títulos rimbombantes para que cobrar más. En muchos de mis comentarios he citado que en el Poder Judicial tienen un concepto totalmente errado de lo que es DECOMISAR o INCAUTAR, CUERPO MUERTO, PERDER EL VEHÍCULO EL CONTROL, etc.
Cualquier estudiante de Derecho que sea bien enseñado por sus profesores podría dar una lección idiomática sobre los distintos estadios de los conceptos jurídicos que he puesto en mayúsculas. Es tan soberanamente ridículo escuchar a los “pluseados” (que gozan de pluses) que en televisión, radio y en las esferas del tercer poder de la República se muestran como analfabetos al no entender (o haber aprendido) qué cosa es INCAUTAR y DECOMISAR y los otros; así en ese orden.
Pero la falencia (palabreja que hasta que cansa escucharla) es tal que, por el mal uso de los verbos citados, al decir que nuestro país “decomisó equis cantidad de drogas”, en correcto español ordinario y jurídico, estamos diciendo que el Estado se apropió de las drogas prohibidas para ponerlas a la venta... Que somos “por carambola” un país que negocia la venta de drogas prohibidas, es especial cocaína: un narcopaís.
He de recordarle al lector común, así como a los abogados rasos y los otros que al DECOMISAR algo, implica una sanción adicional para aquel que ha cometido un delito, sancionado con la pérdida de sus bienes o mercancías, etc., para ser compensados la República y la sociedad en general que ha sido ofendida por el infractor. ¿Entonces cómo deben y debemos decir para el asunto de las drogas prohibidas? Pues sencillamente (por su condición de prohibidas o ilegales) se DECOMISAN y nunca -pero NUNCA- se decomisan. Fácil... muy fácil de entenderlo así.
¿Y es fácil el idioma español? Basta o bastará con escuchar a “conocedores” del idioma, cometer los más inaceptables errores conceptuales en materia idiomática, como decir que “cantinflear ya está en el DRAE”, lo que direcciona mal al creerlo de uso internacional, o como aquel otro que al espetar con “hijo de puta” al general Tinoco, dijo -con total desconocimiento-, que tal expresión aparece en el DRAE y salió entonces (según él), por la puerta grande...
Es cierto que ambas se leen en el mataburros y mataburras pero... la primera es un mexicanismo y la otra, claramente, está explicado que es MALSONANTE, es decir: que ofende el pudor y el buen gusto. Dicho con palabras empleadas por aquel que las emitió: propias de la gradería de sol.
¿Que es fácil nuestro idioma español? No es para nada cierto. Dicho con un costarriqueñismo: es una pura jetonada, es decir, una exageración.
*Etimólogo y lexicógrafo
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Lunes 07 Junio, 2021
HORA: 12:00 AM