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Opinion

Adiós a Clara

Juan Luis Mendoza

El título completo sería “Adiós a Clara y a las Damas Pobres de San Damián”. Y ante todo el resumen que hace el Padre Larrañaga: “El Pobre de Asís pasó unos cincuenta días postrado en el lecho de la enfermedad en la choza de San Damián. Clara fue la enfermera que le prodigó innumerables delicadezas, alivió el curso de la enfermedad y aplicó recetas originales inventadas y experimentadas por ella misma. En suma, se transformó en enfermera, madre y presencia femenina para aquel período tan doloroso del Hermano de Asís. De esta manera Francisco se recuperó y se dispuso a abandonar San Damián para viajar a Rieti”.

Por su parte, sor Clara le dice: “Padre Francisco, el arcángel está recordándole. La corona está preparada, la sinfonía inmortal, ensayada. Tu garganta pronto se apagará. Antes de que se apague, queremos oírte la última canción. Ven al monasterio y dirige el postrer mensaje a las Damas Pobres”. Acompañado, desde este momento, y así será hasta su muerte, por los hermanos León, Maceo, Ángel y Rufino, entraron en el locutorio del monasterio. El Padre Larrañaga cuenta que “Francisco se sentó en una rústica silla, y junto a él, a un lado y otro, los hermanos permanecieron de pie… De pronto, el Hermano abrió la boca y entonó la primera estrofa… Los hermanos hacían coro repitiendo al unísono cada estrofa”. Por su parte, “las Damas Pobres, una por una, fueron rodando por la pendiente de la emoción hasta perderse en el mar de lágrimas. La última en contagiarse fue Clara. También los hermanos se contagiaron hasta que, al final, todos acabaron llorando, todos, menos Francisco”.

Calmados los ánimos y las lágrimas, se hizo el necesario silencio para escuchar al Hermano: “Mis señoras: La boda está preparada. Los músicos tienen las cítaras en sus manos. La fiesta va a comenzar. Tengo que partir. Mis señoras: me postro de rodillas ante sus eminencias para suplicarles que mantengan alta fidelidad a la muy Alta Señora Pobreza. Os suplico también de hinojos que vuestras vidas sean un cirio, ardiendo sin consumirse, ante el santo Amor. Sed una esmeralda prendida sobre la túnica blanca del Amado. Mis señoras: os espero de pie bajo el arco de la eternidad. Adiós”.

El Padre Larrañaga añade: “En medio de un mar de lágrimas y sollozos avanzó Clara, muy serena, hasta donde estaba el Hermano Crucificado, y depositó en sus manos un regalo dentro de un envoltorio recubierto de ramas de olivo y laurel, adornado artísticamente con violetas, rosas y claveles. Besó sus dos manos llagadas, diciendo: Padre Francisco, hasta el gran encuentro. Adiós. Solo en ese momento se vieron humedecer los ojos de Clara.

En el envoltorio había un par de zapatillas de felpa, hechas por Clara a la medida de los pies llagados y vendados de Francisco. Clara y Francisco no volverían a verse más en esta tierra”. 

Nosotros nos vamos hacia Rieti en compañía de Francisco y los cuatro veteranos y leales hermanos León, Maceo, Ángel y Rufino.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Sábado 05 Junio, 2021

HORA: 12:00 AM

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