¿Cuál es el mejor candidato?
León González
Estamos en época de convenciones y luego pasaremos a las elecciones nacionales. Por lo general, las convenciones dejan heridas de diferentes profundidades entre los candidatos y seguidores. Algunas heridas, supuestamente sanan y cicatrizan rápido.
Las convenciones y las elecciones nacionales se defienden como el mejor instrumento democrático de consulta al pueblo para escoger a sus gobernantes, aunque también algunos creen que cuando un Partido está en “decadencia”, en “cuidados intensivos”, está “desgastado”, ha “perdido credibilidad”, etc., lo mejor es presentarse con un “candidato único” para evitar las sangrientas luchas internas y la polarización de fuerzas.
En estos procesos, se “espera” que se elija al mejor candidato, pero ¿se elige siempre al mejor? Los candidatos y sus equipos se mercadean a partir de una serie de características aceptadas por unos y rechazadas por otros. Y, precisamente en este juego de aceptaciones y rechazos, aparecen los ataques, ofensas que por lo general no son nada agradables. Comportamientos indeseables que se dan, muchas veces entre candidatos pero que sus seguidores copian y replican al dedillo, pues es lógico que están siguiendo a sus “maestros, guías, líderes” y por lo tanto se supone que se les debe ser fieles.
Pero ¿cuál es el mejor candidato?
La respuesta encierra en primera instancia dos verdades relativas que, según las circunstancias, dejan de ser verdades y se confunden entre el “bosque de otras verdades relativas”. La primera verdad es “YO, CANDIDATO, SOY EL MEJOR” y la segunda es “PARA MÍ, SEGUIDOR, EL MEJOR CANDIDATO ES EL MÍO”. Verdades que parecen estar escritas en piedra.
YO, CANDIDATO, SOY EL MEJOR: Yo sí tengo la experiencia, yo represento una nueva generación, yo tengo las ideas necesarias para gobernar, yo llevaré al mejor equipo de hombres y mujeres, yo llamaré a las personas más capaces para sacar a este país adelante. Yo soy el mejor y por eso presento mi nombre, quiero ser Presidente, porque yo sí amo a este país, lucharé por los más pobres, abriré oportunidades para los jóvenes, hombres y mujeres…
MI CANDIDATO ES EL MEJOR: En esta época de redes sociales, podemos apreciar las “voladeras de garrote” entre seguidores de un mismo partido, pero de candidatos diferentes. Otrora, esas garroteadas se daban en las calles y hasta en las cantinas, pero no han dejado de ser igualmente furibundas. Se hacen ataques personales, casi nunca o nunca se defienden ideas y cuando se hace es repitiendo discursos añejos que no sirven para sostener conversaciones serias. Mi candidato es el mejor y por eso lo apoyo. Nadie me hará cambiar, esa es mi posición y al mejor estilo de un programa de televisión, ¡esa es mi posición definitiva!
Pero ocurre lo inesperado.
Ya yo no soy el mejor y ya mi candidato no es el mejor. yo, quien decía ser el mejor candidato, le comunico a usted que dice que yo soy el mejor, que he tomado la decisión de unirme al mejor, al que si tiene las ideas y la experiencia para gobernar. Parece que en las redes sociales penetra un silencio sepulcral. Se da una ligera tregua entre bandos, se reacomodan las líneas y ahora el mejor es otro, olvídense de todo lo que dije, me di cuenta de que había otro mejor y por el beneficio del país y del partido he dejado mis aspiraciones presidenciales. Mis neuronas tienen que reprogramarse porque ya mi candidato, que era el mejor, ha dejado de serlo y por lo tanto ahora mi candidato es otro, ese sí que es el mejor. Ahora el que era mi candidato deja de serlo y él dice: yo soy el que era y por lo tanto solicito que ya no se diga que soy, sino que, el que antes no era, ahora sí lo es. Esto podría implicar un chispero neuronal, pero con suficiente vitamina B1, B6 y B12, todo queda como nuevo.
Se da un nuevo respiro, algunos tragan grueso pues tienen que “chuparse el dedo y engullirse” todos los ataques y ofensas que hacían a quienes eran en ese momento “sus enemigos” y se cumple aquí dos odiosas verdades políticas: “los enemigos de ayer, hoy son mis amigos y viceversa”, pero mientras estemos en bandos diferentes “al enemigo hay que despedazarlo”.
Pasadas las tormentas, después de los desastres, los ríos regresan a sus cauces. Después del primer tiempo, los técnicos ajustan líneas y se regresa al campo en donde se deja todo el sudor y se lucha por la camiseta. Vuelven los ataques y las ofensas, pero ahora es bandera contra bandera, partido contra partido. Quienes eran enemigos dentro de los mismos partidos, ahora son como uña y carne, aunque algunos digan “uña y mugre”. Ahora el enemigo está al otro lado de la cancha y hay que herirlo y taparle el “resuello”.
Al final de las nacionales, también todo vuelve a la normalidad, se guardan las banderas, se olvidan los odios y las ofensas. Entonces, si ya conocemos eso, ¿cuál es la razón de tener comportamientos tan despiadados y volverlos a revivir cada cuatro años? Bueno, quizás se deba al cumplimiento de la expresión de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, pero ¿por qué los líderes no hacen llamados constantes a sus seguidores para evitar esas conductas perversas, crueles, sanguinarias?
Al final, quien se presentó como el mejor dejó de serlo porque había otro mejor. Parece que siempre habrá otro mejor. Entonces ¿quién será el mejor? Esto me recuerda al “Hotel infinito” de David Hilbert.
A veces se escucha decir a algún candidato “yo me presento, me propongo, pero que al final se elija al que Dios quiera” y resulta que Dios no quiso que él fuera electo.
En una convención o en una nacional, ¿se elige al mejor?
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Martes 01 Junio, 2021
HORA: 12:00 AM